Qué se ha hecho la madre de Lamine Yamal, según su odontóloga: «Lleva carillas de porcelana cinco tonos más claros»
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Sheila Ebana, madre de Lamine Yamal, ha acaparado titulares también por su imagen y se ha convertido en protagonista de una portada de Forbes. Para completar ese look y lucir una sonrisa a la altura de una de las figuras más mediáticas del fútbol mundial, se puso en manos de la Dra. Irene Esteve, especialista en estética dental, que ha diseñado para ella una sonrisa personalizada mediante carillas de porcelana sin tallado. Un tratamiento que, según explica la doctora, permite transformar la estética dental sin tocar el diente natural. Curiosamente, mientras Sheila ha apostado por la estéticza dental, su hijo Lamine Yamal lleva actualmente ortodoncia convencional con brackets tradicionales.
Detrás de una sonrisa que parece sencilla hay, sin embargo, un minucioso trabajo de planificación. En el caso de Sheila, la Dra. Esteve explica que no fue necesario realizar ningún tratamiento previo: «En el caso concreto de Sheila, por suerte, no tuvimos que hacer absolutamente nada; sólo eliminamos un par de restauraciones de composite que tenía en los dientes laterales para que la adhesión de las carillas fuera diente-porcelana. En el resto de dientes, absolutamente nada».
El secreto: porcelana de alta resistencia sin tallar el diente
La clave está en el material y en la técnica. Frente a las carillas de composite, las utilizadas por la Dra. Esteve son de disilicato de litio, una cerámica de alta resistencia que permite trabajar con espesores extremadamente finos. «Carillas de porcelana, concretamente de disilicato de litio, sin tallado hace muy, muy poca gente», asegura. La diferencia no es menor: mientras una carilla convencional puede implicar la preparación del diente, el concepto de la Dra. Esteve parte de preservar íntegramente la estructura dental. «Sí, en mis clínicas y en mis manos significa cero desgaste absoluto, cero pulido», afirma tajantemente.
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Una sonrisa diseñada para cada rostro
Uno de los puntos que más importancia concede la especialista es precisamente huir de las sonrisas clonadas. Para Esteve, unas carillas no deberían convertir a todos los pacientes en la misma persona. «No hay una sonrisa perfecta universal. Hay una sonrisa que encaja contigo, y esa es la que tenemos que encontrar», explica. En el caso de Sheila, el proceso comenzó mucho antes de colocar las carillas: fotografías, escaneado digital y planificación estética sirvieron para estudiar la forma de la sonrisa y decidir cada detalle.
Después llegó el mock-up, una prueba que permite al paciente visualizar cómo será el resultado antes de cementar las carillas definitivas. «No me gusta que el paciente vea por primera vez sus nuevos dientes el día que los cementamos. Quiero que participe en el diseño, que pueda verse, opinar y que estemos completamente de acuerdo con lo que vamos a hacer», señala la doctora. El color también fue una decisión estudiada. Sheila buscaba una sonrisa luminosa, pero sin caer en un blanco excesivamente artificial. Finalmente, escogieron un tono aproximadamente cinco niveles más claro que su color natural, aunque sin recurrir al blanco más extremo disponible.
El secreto está en que parezcan dientes naturales
La estética dental de alta gama no consiste necesariamente en que todo el mundo sepa que llevas carillas. De hecho, para la Dra. Esteve, ocurre justo lo contrario. «Una de las cosas que más me gusta de mi trabajo es que muchos de mis pacientes me cuentan que, cuando sus amigos o familiares los ven después del tratamiento, les preguntan si se han hecho un blanqueamiento, sin darse cuenta de que llevan carillas».

La explicación está en la anatomía, las proporciones y, especialmente, en la translucidez. Un diente natural no es completamente opaco y la luz interactúa con él de una manera determinada. Reproducir ese comportamiento en la cerámica es una de las claves para evitar el denominado efecto artificial. «No se trata de hacer todos los dientes iguales ni de seguir un patrón de sonrisa perfecta, sino de darle a cada diente la forma, el tamaño y las proporciones que le corresponden en relación con la cara, los labios y la sonrisa de cada persona», explica.
¿Cuánto duran unas carillas de porcelana?
La duración depende de múltiples factores: diagnóstico, adhesión, calidad del laboratorio, hábitos del paciente y mantenimiento. La especialista señala que unas carillas de porcelana correctamente planificadas y cuidadas pueden mantenerse durante «15, 20 e incluso 30 años». Eso no significa, sin embargo, olvidarse de ellas. El bruxismo, morder objetos duros, abrir envases con los dientes o una higiene deficiente pueden comprometer cualquier restauración.
Y hay una idea que la doctora repite especialmente: no todo el mundo necesita carillas. «Rotundamente no. Y creo que una de nuestras responsabilidades como odontólogos es saber decirle a un paciente cuándo no necesita carillas». Para algunos pacientes la solución puede ser una ortodoncia; para otros, un blanqueamiento. También existen situaciones en las que primero hay que tratar problemas de encías, caries o alteraciones de la mordida.
Por eso, detrás de la nueva sonrisa de Sheila Ebana hay algo más que una cuestión estética: hay un diagnóstico, una planificación personalizada y una filosofía basada en conservar el diente natural. «Las carillas normalmente son la guinda del pastel para conseguir la excelencia, pero no todo el mundo las necesita o las quiere», resume la Dra. Esteve.