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Suena extraño, pero la ciencia lo avala: los científicos pueden resucitar corales con altavoces que imitan el sonido de los arrecifes sanos

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Investigadores de la Universidad de Exeter y de la Institución Oceanográfica Woods Hole instalaron altavoces submarinos en zonas de coral degradado para reproducir grabaciones de arrecifes sanos, en una técnica conocida como enriquecimiento acústico.

El experimento demostró que las zonas con sonido atrajeron el doble de peces que las áreas silenciosas, y que las larvas de coral se asentaron hasta siete veces más rápido junto a los altavoces. Los investigadores también documentaron el regreso de herbívoros, carroñeros y depredadores en cuestión de semanas, un indicio de que la cadena alimentaria del arrecife empezaba a recomponerse.

Cómo se hace el enriquecimiento acústico de un arrecife de coral

Los científicos siguen cuatro pasos para aplicar esta técnica en el mar. Primero, graban con hidrófonos el paisaje sonoro completo de un arrecife sano durante varios días, capturando el crujido de los camarones, el canto de las ballenas y los ruidos de los peces al alimentarse.

Después preparan altavoces subacuáticos especializados, resistentes a la presión y a la corrosión del agua salada, conectados a baterías de larga duración dentro de cajas impermeables. En los proyectos más recientes, un cable sube hasta una boya con paneles solares que alimenta el sistema de forma continua.

Un equipo de buzos ancla los altavoces al fondo marino de la zona degradada, con cables y pesos que resisten las corrientes y las tormentas. Los colocan orientados hacia las corrientes principales, la ruta por la que flotan las larvas de coral a la deriva.

Semanas o meses después, los investigadores regresan para contar las nuevas larvas fijadas cerca del altavoz e instalar cámaras submarinas que registran cuántas especies de peces han vuelto a la zona tratada.

A qué suena un arrecife de coral sano

Un arrecife sano no suena tranquilo ni silencioso. Al oído humano se parece más a un aceite friéndose en una sartén, a un tazón de cereal crujiente con leche o a las palomitas haciéndose en el microondas.

El ruido de fondo más constante lo producen millones de camarones pistola. Estos crustáceos cierran sus pinzas a tal velocidad que generan una burbuja de plasma que estalla bajo el agua, y la suma de millones de estos chasquidos crea ese chisporroteo eléctrico permanente.

Por encima del crujido de los camarones se escuchan los peces, que emiten gruñidos, cacareos y golpes secos para comunicarse, defender su territorio o buscar pareja. Los peces sapo y los corvinones producen sonidos de motor al vibrar su vejiga natatoria, mientras los peces loro golpean el coral con los dientes al alimentarse de algas.

En ciertas temporadas, ese fondo sonoro se mezcla con los cantos lejanos de las ballenas jorobadas o los silbidos de los delfines que cruzan cerca del arrecife, completando una sinfonía que las larvas interpretan como una señal clara de vida y de refugio seguro.

El enriquecimiento acústico no repara directamente el tejido del coral ni sustituye a otras técnicas de restauración, como la siembra de fragmentos o los arrecifes artificiales. Funciona más bien como un reclamo biológico que acelera el regreso de los organismos capaces de reactivar los procesos ecológicos del arrecife una vez instalados.

El calentamiento de los océanos ha intensificado en la última década el blanqueamiento de corales en todo el mundo. El estrés térmico obliga al coral a expulsar las algas que le aportan color y nutrientes, y cuando el coral muere, los peces se marchan y el arrecife queda todavía más silencioso, reforzando un círculo de degradación difícil de romper sin intervención.

Proyectos similares se están probando ya en Jamaica y las Maldivas, donde científicos y artistas instalan esculturas cerámicas impresas en 3D con altavoces alimentados por energía solar para repoblar el lecho marino. En el Caribe colombiano, México y las Islas Vírgenes de Estados Unidos también se elaboran mapas sonoros para identificar y rescatar colonias de coral afectadas por el cambio climático.