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Miedo entre los científicos por lo que está pasando con el océano: «Nunca antes visto»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los científicos se muestran especialmente preocupados por lo que está sucediendo en el océano que baña las costas de Japón. Durante décadas, tanto los niveles como las corrientes han mostrado patrones relativamente predecibles, pero en los últimos años la comunidad científica ha empezado a observar una serie de cambios que desafían la lógica. El aumento del nivel mar y de la temperatura del agua, así como la alteración de las corrientes, han generado un clima de preocupación. En el centro de esta preocupación se encuentra la corriente de Kuroshio, conocida como la «Corriente Negra» del Pacífico.

Es una de las arterias oceánicas más importantes del mundo, la cual transporta aguas cálidas y regula el clima regional de Japón y del noreste del océano Pacífico. Sin embargo, los patrones tradicionales de Kuroshio han comenzado desplazarse hacia el norte, desafiando cualquier expectiva.  «Fue tan impactante que ni siquiera sé si «sorprendido» es la palabra correcta», confiesa Shusaku Sugimoto, profesor asociado de la Universidad de Tohoku en Sendai, en declaraciones a CNN. Sugimoto lideró un estudio sobre el comportamiento de la corriente y la temperatura del agua frente a la costa japonesa.

Preocupación por lo que está ocurriendo en el océano

El extremo norte de Kuroshio se ha desplazado hasta 480 kilómetros hacia latitudes más cercanas al polo y, frente a la región de Sanriku, la temperatura del agua ha aumentado hasta seis grados. Lo que más inquieta a los científicos es que esta temperatura tan alta se mantuvo durante casi dos años. «No hay precedentes de un calentamiento tan intenso y sostenido en esta zona», subraya Sugimoto.

La Agencia Meteorológica de Japón ha confirmado que estos cambios contribuyeron a las temperaturas récord registradas en el norte del país durante el verano de 2023. Además, las temperaturas anormalmente altas de Kuroshio se han relacionado con episodios de lluvias torrenciales, como las que afectaron a Chiba, cerca de Tokio, en septiembre del mismo año.

Japón, un país históricamente vinculado al consumo de pescado y mariscos, observa cómo especies que antes abundaban comienzan a desplazarse hacia aguas más frías o más profundas, mientras que otras, menos comunes, empiezan a aparecer en los caladeros tradicionales.  «Antes sabíamos dónde encontrar nuestros peces y en qué época. Ahora tenemos que recorrer kilómetros de más y muchas veces regresamos con redes vacías o con especies que nunca antes habíamos visto aquí», cuenta un pescador de la prefectura de Iwate.

Más allá del factor económico, el aumento de la temperatura del agua altera los ciclos reproductivos de los peces, modifica la disponibilidad de alimento y rompe el equilibrio ecológico. Según alertan los científicos, esto podría tener consecuencias impredecibles y duraderas, incluyendo la posible desaparición de especies locales.

El aumento de la temperatura del agua también afecta la producción de uno de los pilares de la gastronomía japonesa: las algas kombu, las cuales se cultivan únicamente en Hokkaido, al norte del país, donde el agua siempre ha sido fría. Sin embargo, en las tres últimas décadas, la cosecha de kombu ha disminuido aproximadamente un 35%, aunque algunos productores han reportado caídas de producción de entre 50 % y 80 % en las algas cultivadas, ya que que las raíces se debilitan cuando el agua está demasiado caliente.

Un ecosistema en transformación

El estudio de Sugimoto y su equipo subraya la dificultad de prever la evolución de este ecosistema. «Estamos entrando en territorio desconocido. La dinámica que considerábamos normal ya no existe», advierte. Y añade: «La situación en Japón nos da una advertencia clara: los océanos son mucho más sensibles de lo que creíamos, y los cambios que percibimos ahora podrían ser solo el inicio de alteraciones más profundas».

La temperatura de la superficie del mar (TSM) es una de las variables climáticas esenciales (VCE) definidas por el Sistema Mundial de Observación del Clima (SMOC) para vigilar y caracterizar el estado del sistema climático mundial.

«La subida del nivel global del mar también se acelera a un ritmo sin precedentes: 31,4 mm por década entre 1999 y 2006, 39,3 mm entre 2007 y 2015, y 40,8 mm entre 2016 y 2024. El aumento acumulado entre 1901 y 2024 es de 228 mm, lo que incrementa el riesgo de inundaciones y erosión en zonas costeras habitadas por unos 200 millones de personas», detalla la Agencia Sinc.

«En cuanto a la pérdida de hielo marino, el Ártico ha registrado cuatro mínimos históricos entre diciembre de 2024 y marzo de 2025. En marzo, la superficie era 1,94 millones de km² inferior a la media invernal a largo plazo, una extensión casi seis veces mayor que Polonia».

Cabe señalar que el calentamiento de los océanos puede afectar a la circulación meridional (MOC) y a los procesos de afloramiento. Asimismo, impide que las capas oceánicas se mezclen y distribuyan los nutrientes y provoca daños al ecosistema.  Por otro lado, las temperaturas más cálidas del océano pueden afectar a la distribución de las precipitaciones y a la intensidad de las lluvias.