Esto es lo que dice la ciencia sobre echar sal al agua para que hierva más rápido
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Echar sal al agua antes de hervirla es una costumbre muy extendida, especialmente al preparar platos de pasta. Muchos creen que este gesto ayuda a que el agua hierva más rápido, pero ¿qué dice la ciencia al respecto?
Los expertos ofrecen una explicación clara: añadir sal al agua altera sus propiedades físicas, aunque no de la manera que comúnmente se cree. Lejos de acelerar el punto de ebullición, en realidad la sal lo eleva ligeramente, haciendo que el agua hierva a una temperatura algo más alta. Este detalle puede influir en la cocción, especialmente si buscamos mayor precisión al cocinar.
Así, más allá del hábito, entender este proceso puede ayudarnos a mejorar nuestras recetas. Incorporar sal al agua, además de aportar sabor, puede convertirse en un recurso útil en la cocina diaria, sobre todo cuando buscamos resultados más cuidados.
Echar sal al agua para que hierva
Hay algo que hacemos de forma sistemática y que quizás puede ayudarnos a conseguir que determinadas cocciones acaben llegando mucho más rápidamente. Sin duda alguna, tenemos que empezar a tener en consideración lo que nos está esperando en unos días en los que cocinar puede ser un pequeño placer.
Conseguiremos darle a nuestro cuerpo ese alimento cocinado que quizás puede prepararse con más velocidad. Es cuestión de ponerse manos a la obra con una serie de ingredientes que pueden acabar siendo esenciales en todos los sentidos. La comida requiere tiempo y esfuerzo.
Lo que más necesitamos es apostar claramente por una serie de elementos que pueden ser los que marcarán un antes y un después. Un cambio que puede llegar con algunos detalles que hasta la fecha no esperaríamos y que pueden acabar siendo esenciales.
Sin duda alguna, es motivo de empezar a usar un truco tan especial como hervir el agua, añadiendo un poco de sal, algo que quizás hasta la fecha no hubiéremos tenido en consideración. Un giro radical que puede acabar siendo el que nos acompañará en estas jornadas.
La ciencia da una valiosa explicación sobre echar sal al agua
El tiempo es el bien más valioso que tenemos y gracias a un truco tan antiguo como el descubrimiento del fuego, parece que lo ganamos a la hora de preparar una comida en menos minutos. La sal con el agua caliente puede acabar siendo lo que nos acompañe en estos días que tenemos por delante.
Los expertos de Thermtest nos dicen que: «Un mito es una superstición o creencia comúnmente practicada que a menudo se considera poco científica o incorrecta. Los mitos han influido en la sociedad durante siglos y pueden tratar sobre cualquier temática, desde asustar a las personas cuando tienen hipo hasta beber whisky y té de limón para curar un resfriado. Estos hechos basados en supersticiones han tenido una gran influencia en las tradiciones familiares e incluso en la sociedad, ya que continúan transmitiéndose de generación en generación. Uno de los mitos más comunes que se ha convertido en una rutina diaria para muchas personas es agregar una pizca de sal al agua de una olla para que hierva más rápido. Esta sencilla técnica se ha convertido en una práctica común tanto para los chefs profesionales como para los cocineros caseros».
Siguiendo con la misma explicación: «Agregar sal al agua tiene dos efectos: aumenta el punto de ebullición y disminuye la capacidad calorífica específica. La capacidad calorífica específica se refiere a la cantidad de calor que se requiere para aumentar la temperatura de una sustancia en un grado Celsius. El punto de ebullición de un líquido es la temperatura a la que la sustancia comienza a cambiar de estado líquido a gaseoso. La capacidad calorífica del agua salada es sustancialmente menor que la del agua dulce. Esto significa que el agua salada no es tan resistente a los cambios de temperatura como el agua dulce, por lo que se requiere menos calor para aumentar la temperatura del agua salada. Esta propiedad térmica podría funcionar a favor del chef y disminuir la cantidad de tiempo requerido para que el agua comience a hervir. Sin embargo, el punto de ebullición del agua salada es más alto que el del agua dulce, 102 °C en comparación con 100 °C. Estas dos propiedades entran en conflicto y se contraponen a menos que la concentración de sal sea lo suficientemente alta como para contrarrestar el punto de ebullición más alto del agua salada».
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