La ciencia española celebra otro éxito en i+D: convierten los residuos de yeso de las obras en un mineral raro que atrapa CO2 y no necesita agua
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Un equipo del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), desarrolló un proceso que convierte los residuos de yeso de las obras de construcción en un mineral raro en la naturaleza, la vaterita. La técnica captura dióxido de carbono (CO2) durante la conversión y no necesita agua adicional.
El hallazgo se publicó en la revista científica Advanced Functional Materials en febrero de 2026, en un trabajo conjunto con el Instituto de Ciencias de la Tierra de la Universidad Grenoble Alpes, vinculado al Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), y la empresa química alemana BASF.
El estudio está firmado por Carlos Pimentel y German Montes-Hernández, de la Universidad Grenoble Alpes y el CNRS; Pablo Almarza-Cifuentes y Alexander Van Driessche, del IACT-CSIC; y Matthias Kellermeier, de BASF.
¿Cómo logra el CSIC convertir los residuos de yeso en un mineral raro que atrapa CO2?
El proceso consiste en disolver polvo de yeso en una solución acuosa rica en carbonatos, a temperatura ambiente y sin aditivos químicos ni horno. De esa reacción resulta la vaterita, un polimorfo del carbonato de calcio poco frecuente en la naturaleza, con una pureza superior al 95 %.
Las partículas obtenidas presentan además una alta superficie específica, de entre 9 y 22 metros cuadrados por gramo, lo que las hace muy reactivas.
«Esto es crucial porque no solo permite capturar y almacenar carbono en el propio material, sino que también contribuye a reducir de forma indirecta las emisiones asociadas a la industria del cemento convencional, la cual es responsable de aproximadamente el 8 % de las emisiones globales de CO2», explica Alexander Van Driessche, investigador del IACT-CSIC.
¿Cómo se transforma la vaterita en aragonito, según el estudio?
Al mezclar la vaterita con agua, sus partículas esféricas se convierten en cristales de aragonito mediante un proceso de disolución y reprecipitación. Esa transformación desarrolla resistencia a la compresión de forma rápida, comparable a la de los cementos convencionales.
En los ensayos con soluciones de cloruro de magnesio y cloruro de estroncio a 80 grados, el material alcanzó hasta 9,4 megapascales de resistencia con una conversión completa a aragonito. El equipo repitió el experimento con yeso sintético y con yeso natural procedente de Champ-sur-Drac (Francia), sin necesidad de ningún tratamiento previo.
¿Qué aplicaciones tiene este mineral raro que atrapa CO2, según los investigadores?
El material resultante tiene aplicaciones en la industria del papel, la farmacéutica, la cosmética y la construcción, donde podría sustituir parcialmente al cemento tradicional.
En la construcción, la vaterita permitiría fabricar un cemento de carbonato de calcio que evita la sinterización del clínker, un proceso intensivo en energía y en emisiones de CO2 propio del cemento Portland tradicional. Las esferas huecas que forma el material, de varios micrómetros, aportan además una porosidad que podría servir para construcción ligera.
«Desde un punto de vista social y ambiental, nos enfrentamos a los grandes retos de reducir el CO2 de la atmósfera y gestionar la acumulación de residuos industriales. Nuestro método no solo ayuda a eliminar residuos contaminantes del entorno, sino que permite obtener un material útil cuya comercialización contribuiría a cubrir los costes, haciendo que el proceso sea económicamente más viable», añade Van Driessche.
¿Por qué España y la Unión Europea necesitan reciclar más residuos de yeso?
Actualmente, solo se recicla en torno al 15 % de los residuos de yeso que se generan en la Unión Europea, según datos del CSIC. El resto termina en vertederos o se incinera, con el consiguiente coste ambiental.
Los autores del estudio señalan que, además del yeso de la construcción, existen otras fuentes de sulfato de calcio, como el fosfoyeso, que podrían sumar hasta 300 millones de toneladas al año en todo el mundo.
La vaterita obtenida en el laboratorio se mantuvo estable durante al menos seis meses de almacenamiento, aunque los autores reconocen que el concepto todavía es preliminar y requiere más investigación sobre su viabilidad económica y su escalado industrial.
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