Sostenibilidad

Bombazo en la industria del reciclaje: Bélgica transforma residuos plásticos en vinagre usando la luz del Sol

Residuos plásticos
Experimentación con plásticos. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La problemática de los residuos plásticos no deja de crecer en Europa y en el resto del mundo. Desde mediados del siglo XX, la producción de este material se ha multiplicado y su durabilidad, que en su día supuso una ventaja industrial, hoy representa un desafío ambiental de gran escala. Y es que muchos de estos compuestos tardan entre 250 y 500 años en degradarse.

Ante esta realidad, la comunidad científica busca fórmulas que permitan gestionar los residuos plásticos sin recurrir a procesos contaminantes o de alto consumo energético. Frente a este marco, apareció una investigación que propone aprovechar la luz solar para transformar desechos plásticos en nada más y nada menos que vinagre.

Transformar los residuos plásticos en vinagre, la propuesta belga de reciclaje

El avance ha sido desarrollado por investigadores de la Universidad de Waterloo y el estudio fue publicado en la revista Advanced Energy Materials. El equipo plantea un sistema capaz de convertir plásticos desechados en ácido acético, componente principal del vinagre, utilizando energía solar y un catalizador específico.

La propuesta parte de un diagnóstico claro: la mayoría de los residuos de plásticos acaban en vertederos o son incinerados. La quema libera dióxido de carbono y otros gases, mientras que el reciclaje convencional suele degradar la calidad del material, limitando su reutilización futura.

Frente a estos métodos, el nuevo sistema funciona a temperatura y presión ambiente, sin necesidad de grandes infraestructuras ni condiciones extremas.

El objetivo es ofrecer una vía más sencilla y menos intensiva en recursos para dar salida a plásticos de uso común.

Inspiración natural: ¿De dónde viene esta idea para descomponer plásticos?

El proceso se basa en un diseño inspirado en mecanismos presentes en ciertos hongos, capaces de degradar materiales resistentes como la madera mediante enzimas especializadas. A partir de esta idea, los investigadores desarrollaron un sistema de fotocatálisis en cascada.

En términos prácticos, esto significa que una reacción química activa la siguiente. Primero, el plástico se fragmenta en moléculas más pequeñas. Después, esas moléculas se transforman en ácido acético dentro del mismo entorno de reacción.

El elemento clave del sistema es un material denominado Fe@C3N4 SAC. Se trata de átomos individuales de hierro distribuidos sobre una superficie de nitruro de carbono. Estos átomos actúan como puntos activos que facilitan las reacciones químicas.

Aunque el hierro representa apenas un 0,5 % del peso del catalizador, su papel resulta determinante para mantener la eficiencia del proceso.

¿Cómo es posible que la luz solar actue sobre los residuos de plásticos?

Cuando la luz solar incide sobre el catalizador, se activa el peróxido de hidrógeno añadido al sistema. Este paso genera radicales hidroxilo, compuestos altamente reactivos que atacan las cadenas largas del plástico y las rompen en fragmentos más simples.

Durante esa descomposición, el plástico pasa por una fase intermedia en la que se convierte en dióxido de carbono. A continuación, el mismo catalizador transforma ese dióxido de carbono en ácido acético. Todo ocurre en un único sistema y bajo condiciones normales.

El propio equipo investigador explicó el alcance del método. «Este sistema permite utilizar energía solar abundante para descomponer la contaminación plástica sin añadir dióxido de carbono extra a la atmósfera», señaló Dr. Yimin Wu, uno de los co-autores del estudio.

En tanto, las pruebas demostraron que el proceso funciona con distintos tipos de plásticos habituales: PET (empleado en botellas), PE y PP (frecuentes en envases) y PVC (utilizado en tuberías y materiales de construcción). En el caso del PVC, la eficiencia fue especialmente elevada, posiblemente por la liberación de compuestos que aceleran la ruptura de las cadenas plásticas.

¿Cuál es la viabilidad de este hallazgo para la industria y cómo pretenden mezclar los distintos plásticos?

Uno de los principales retos en la gestión de residuos de plásticos es que, en la práctica, suelen encontrarse mezclados. Y claro, separarlos implica costes adicionales y procesos que son bastante complejos. En este sentido, el sistema fue probado con combinaciones de PET, PE y PP, manteniendo una producción estable de ácido acético.

Los investigadores también observaron que la estructura química influye en el rendimiento. El polietileno (PE), con cadenas más simples, generó mayores cantidades de ácido acético que el PET, cuya estructura incluye anillos más difíciles de descomponer.

Otro aspecto relevante es la estabilidad del catalizador. Tras varios ciclos de uso, los átomos de hierro permanecieron distribuidos de forma homogénea, sin pérdidas significativas de material. Este punto resulta clave si se plantea una aplicación a mayor escala.

Para aumentar la eficiencia, el equipo envolvió el reactor con papel de aluminio, logrando reflejar la luz hacia el interior y multiplicar la producción en determinados ensayos. Además, el sistema fue probado bajo luz solar real, funcionando incluso con intensidades inferiores al máximo teórico.

En el plano económico, el principal coste actual está asociado al peróxido de hidrógeno. Sin embargo, los autores apuntan a que en el futuro podría producirse mediante electricidad renovable, lo que reduciría gastos y reforzaría la sostenibilidad del proceso.

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