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Tres de cada cuatro hoteles de Playa de Palma están abiertos esta Semana Santa con una ocupación del 80%

Los empresarios turísticos constatan que "la desestacionalización del destino" es ya un hecho

Los restauradores lamentan por contra una "cierta bajada" en la clientela de bares y restaurantes

Playa de Palma, zonas turísticas maduras
Imagen de archivo de Playa de Palma.
Indalecio Ribelles
  • Indalecio Ribelles
  • Redactor de OKBaleares, información local de Palma, social y política. Antes, redactor en EL MUNDO/ Baleares durante 20 años.

Tres de cada cuatro hoteles de Playa de Palma están abiertos esta Semana Santa con una ocupación del 80%, lo que ejemplifica el alargamiento de la temporada en Baleares y la respuesta a la altura de los empresarios turísticos. El incremento de las aperturas de la planta hotelera en la mayor zona vacacional de las Islas (34.000 plazas y más de un centenar de hoteles) es un hecho y ha pasado del 61% en 2025 al 77% en 2026 en estas mismas fechas.

El presidente de la Asociación de Hoteleros de Playa de Palma (AHPP), Pedro Marín, ha afirmado que se ha conseguido «una desestacionalización del destino», puesto que en febrero ya había abierto cerca de la mitad de la planta abierta de la zona, con ocupaciones que rondaban el 76%.

Asimismo, las previsiones para los meses de verano son «muy buenas», pese a que ha reconocido que las reservas después de la pandemia se hacen a última hora, por lo que esperan llegar al 85 o 90% de la ocupación.

En la misma rueda de prensa ha estado presente el presidente de CAEB Restauración, Juan Miguel Ferrer, quien ha reconocido una «cierta bajada» de los clientes en los bares y restaurantes.

Esto lo ha justificado en el incremento de los otros productos que implican la organización de un viaje, ya que ha alegado que la gente antes destinaba entre un 40 o 50% de su presupuesto al paquete turístico, que abarcaba la estancia turística y los billetes de avión, pero ahora habría pasado a representar el 70%.

Ferrer ha comentado que esto hace que al turista después le quede un porcentaje menor para dedicarlo a la restauración y el comercio, lo que ha advertido que supone un «toque de atención» para el sector. «Pese a tener altas ocupaciones, la restauración no ha conseguido ni los tickets medios, ni la afluencia de hace tres años».

No obstante, Ferrer ha resaltado que la premisa en el sector es apostar por la «contención de precios» para ser «atractivos» y, por tanto, ha alegado que estas subidas de los costes las asumirán «las cuentas de resultados».

Consecuencias de la guerra

En cuanto a si el estallido de la guerra en Irán podría suponer un aumento del número de turistas que visiten la isla, ha relatado que hace 20 o 30 años, cuando había atentados en otras zonas turísticas, los turoperadores desviaban la demanda a otras zonas.

El representante de la patronal de la restauración ha indicado que, actualmente, el efecto que producen estos eventos es que la gente con intención de viajar tienda al ahorro, y lo ha asemejado a la situación provocada por la guerra de Ucrania, cuando ha comentado que se creó «escepticismo».

Por parte de los hoteleros, Marín ha apuntado que la «incertidumbre» que tienen se debe al encarecimiento que pueda haber en el combustible que se usa en el transporte aéreo y marítimo.

Aun así, ha indicado que en un primer análisis global que han hecho «no les ha afectado» en cuanto a las reservas con «números parecidos» a otros años.

En la zona, el turismo mayoritario es alemán y, aunque el país está en recesión desde hace tres años, ha defendido que los viajes están «consolidados».

Al mismo tiempo, ha argumentado que cuando hay una guerra, los alemanes se decantan por hacer turismo de interior o van a los países cercanos como Países Bajos, Luxemburgo o al mar del Norte.

Preguntado por cuánto pueden mantener los precios si se alarga el conflicto, Ferrer ha comentado que «habrá que ver cuánto puede aguantar la inflación».

Uno de los problemas que enfrentan sería la subida del precio del gas para las cocinas, algo sobre lo que ha puesto el acento en el ataque de Irán a la refinería de gas de Ras Laffan en Catar, que ha pronosticado que afectará al abastecimiento «en los próximos tres años».

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