Son Banya S.A.: el negocio más rentable de Palma no cotiza en bolsa
Hay informes que uno lee y piensa que alguien se ha confundido de Excel. Pero no: un total de 914 coches diarios entrando en Son Banya, el poblado chabolista de Palma que lleva décadas haciendo más caja que El Corte Inglés en rebajas. Y no hablamos de un atasco por curiosidad turística ni de un drive-in de hamburguesas. No, no. Aquí el concepto es otro: el McAuto de la droga, donde los clientes entran, compran y salen en menos de dos minutos. Eficiencia suiza, espíritu balear.
Porque si algo demuestra este informe es que Son Banya no es tanto un problema social como un modelo de negocio. Con 914 coches al día, el poblado mueve más tráfico que algunas carreteras de entrada a Palma un lunes por la mañana. Imaginen el volumen: cada coche entra, compra y se va con una rapidez que haría sonrojar a Amazon Prime. Y todo sin pagar IVA. Eso sí que es economía sumergida y no lo del fontanero que no te hace factura.
Lo mejor del asunto es quiénes van. No son los habituales protagonistas de los clichés de la marginalidad. No. Entre esos 914 vehículos hay de todo: empresarios con chófer, periodistas que luego escribirán sobre «el problema de la droga», empleados con coche de empresa y, por supuesto, los clásicos toxicómanos de toda la vida. Pero lo verdaderamente fascinante es que estos últimos —los adictos visibles— son una minoría. Lo que revela el informe es que la clientela de Son Banya es tan variada como una junta de accionistas: algunos con corbata, otros con monos de trabajo y todos con el mismo objetivo: el «producto local».
Y sí, lo de «local» es literal. Aunque también hay desplazamientos desde fuera de Palma. Porque claro, cuando el servicio es rápido y la calidad está «contrastada», la gente se mueve. En el fondo, si Son Banya no existiera, habría que inventarlo. Pero no porque falte droga, sino porque es un auténtico ecosistema empresarial: inversión cero, beneficios millonarios y sin Hacienda molestando. Si cotizara en bolsa, temblaría el parquet.
Y mientras tanto, los clanes de allí viven su propio sueño americano. Con luces de neón, fachadas que parecen una mezcla entre Las Vegas y un episodio de Narcos, y celebraciones de Halloween o Navidad que ya las quisiera Cortylandia. Todo eso, por supuesto, con luz y agua pagadas por el contribuyente, ese ser ingenuo que se levanta temprano para trabajar y financiar el alumbrado público de quienes ganan millones en efectivo.
Así que no, el problema no es Son Banya. El problema son los más de 914 coches diarios que acuden religiosamente a mantener el negocio. El problema es una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado, mientras convierte un poblado marginal en un centro logístico de sustancias más eficiente que Amazon. Porque en el fondo, todos sabemos que el verdadero motor económico de Palma no son los turistas ni los cruceros: es el McAuto de la droga. Solo que aquí, el menú del día no lleva patatas… pero deja propina.
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