PRIMERA LÍNEA

Que hablen los drones

Que hablen los drones

La prensa de papel y digital que se edita en Mallorca ha sido unánime a la hora de señalar que las cargas policiales eclipsaron el pacifismo –es mío el subrayado– de la manifestación turismofóbica del domingo 26 en Palma. Es cierto, asimismo, que cada medio ha cargado los titulares en función de su política editorial, resultando especialmente tendencioso el aparecido en el DM: La Policía Nacional convierte en violenta una protesta pacífica en contra de la saturación turística en Mallorca. Es más, el redactor elegía dar apoyo a su titular con este sumario: «Los cuerpos policiales reventaron una manifestación que, hasta su intervención, fue demasiado tranquila para los intereses del Govern». Parecía salido de un digital antisistema.

Ese plumilla iba adornando el texto con delicias tendenciosas en una línea favorable a los convocantes: «Las autoridades suspiraban por desacreditar la manifestación con un final violento. Sin embargo, los manifestantes capearon los deseos del Govern y pecaron en exceso de pacifismo durante la marcha». A ver, chavalín. ¿Qué significa pecar en exceso de pacifismo? Y otra cosa, chavalín. El Govern no controla a la Policía Nacional, sino la Delegación del Gobierno, que depende directamente del «puto amo».

UH en cambio, elegía un titular neutral e informativo: Cargas policiales y varios heridos tras la manifestación contra la saturación turística. Y en el cuerpo de texto, haciéndose eco del grito ¡Fuera las Fuerzas de Ocupación!, que es una consigna netamente separatista y, por lo tanto, próxima a Més.

OKBALEARES fue más preciso a la hora de titular su crónica: La violencia se apodera de las calles de Palma y la Policía Nacional se ve obligada a cargar contra manifestantes violentos, y recogiendo asimismo consignas en su cuerpo de texto. Como ésta: ¡Fuego al turismo! Muy ejemplar.

Parece ser que el origen de las protestas fue que la Policía Nacional negaba la entrada al recinto de Ses Voltes, donde iba a leerse el manifiesto bajo el lema Mallorca al límite, ya utilizado por el GOB en el año 2000. Resulta al menos llamativo que estas manifestaciones se vengan produciendo desde el año 2024, ya vigente el Govern del PP, mientras en los años anteriores, con el Pacte de Progrés, la paz social era la norma.

Menuda paz social, sabiendo que entre 2015 y 2023 el Pacte de Progrés se dedicó a crear 86.500 plazas, entre sector hotelero y alquiler vacacional. En cambio, con el Govern del PP, hasta finales del año 2025 solamente se han creado 1.244 plazas, que no son netas, sino de la bolsa temporal, aprobada por el Pacte. Esto huele, demasiado, a manipulación ideológica: 86.500 plazas creadas por Armengol, y silencio absoluto; ahora, barullo a lo grande por las 1.244 correspondientes al Govern del PP. Es algo intolerable.

Volviendo a la Policía Nacional y su negativa a dejar entrar en el recinto de Ses Voltes, conviene sacar la calculadora. Tomando ese cálculo a la baja de 25.000 manifestantes, y teniendo en cuenta que la capacidad de Ses Voltes está limitada a 500 personas por razones de seguridad, entonces, ¿qué debía hacer la Policía Nacional, en esta ocasión apoyada por la Policía Local, que es la competente en aforos? La conclusión a la que llego es que el error de cálculo lo cometieron los organizadores y la Policía se limitó a garantizar la seguridad de quienes ya se encontraban en el recinto. ¿Por qué no leer el manifiesto directamente en el Parc de la Mar, cuya capacidad demostrada es de cerca de 30.000 personas y, además, reunidas de forma segura?

También haría bien la Delegación del Gobierno en dejar hablar a los drones utilizados por la Policía Nacional durante la manifestación del domingo 26. Sus imágenes, precisas, pueden servir para aclarar muchas de las cosas que se han dicho a propósito de los desórdenes públicos en el Parc de la Mar. 

Por último, un detalle relevante. El PSIB-PSOE decidió tirar la piedra (dar apoyo entusiasta a la manifestación) y esconder la mano (no acudir) porque sabía que parte de la culpa por la masificación es de los socialistas. Todo el asunto del alquiler turístico viene del boom en los años 60. Será el PP, en el año 2012, el primero en ponerle coto con la Ley de Turismo. Solo después, cuando el Pacte presidido por Francesc Antich ya había gobernado en dos legislaturas, el 2017, con Armengol en el Govern, llegará el decreto para el control de techo de plazas por islas, y de ahí salen las 86.500 plazas netas creadas por el Pacte, y las 1.244 que el PP saca de la bolsa temporal, y que previamente había aprobado el Pacte.

La masificación no debería servir de enfrentamiento político, sino verla como un asunto de Estado que reclama el diálogo de las diferentes fuerzas políticas. Pero ahí está el Muro.

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