Lo que no funciona
De tres elementos que algún sujeto medianamente civilizado dispone —móvil, tablet y ordenador—, ninguno de ellos es capaz de lograr una cita en IB-Salut. En primer lugar, la web citaprevia, que antes servía cuando menos para lograr concertar alguna cita, ha sido redirigida a una nueva, llamada Espaisalut, y a partir de ahí, se avecina ya el desastre.
Para empezar, si se pasa de una web a otra, deberían haber conservado los datos ya registrados en la primera, pero no, y es que a la hora de introducirlos de nuevo resulta imposible hacerlo, eso para empezar. Por tanto, acceder es imposible. Pero hay un dato todavía más chungo: al registrar la fecha de nacimiento, un paciente, supongamos que en la setentena, debe retroceder a mano setenta años hasta poder llegar al día señalado.
¿Cómo se queda el ciudadano a la vista de que una de las webs más necesarias, básica para concertar una cita médica, no funciona? Lo que sucede es una auténtica vergüenza. Tanto de quienes encargaron esta maravillosa web como de quienes la han llevado a cabo. El IB-Salut no puede permitirse un fallo de este calibre. Involucra a todo un gobierno, sin paliativos.
PALMA 30. A las entradas de esta ciudad –autopista frente al Palacio de Congresos, carretera de Sóller, etc.— hay un cartel que luce así: Palma 30. A partir de ahí comienza el desastre organizativo, o sea, dicho a la pata llana, el desmierde. Es evidente que la pretensión de Palma 30 resulta imposible, ya que supondría desplazarse por la ciudad a paso de tortuga, pero es que entre Palma 30 y las distintas velocidades que, con señalizaciones que así lo imponen, media un abismo y convierte la ciudad en un auténtico caos circulatorio donde nadie sabe ya a qué velocidad se debe o se puede circular.
Algunos ejemplos: de Palma 30, frente a la Catedral, la velocidad ha sido limitada a 50, pero es que más adelante, en avenida Argentina, la velocidad pasa a 40 sin solución de continuidad. Igual que el Paseo Mallorca, por ejemplo, o Jaime III. Y así nos encontramos en cada vía de la ciudad una velocidad distinta que va de un máximo de 50 a los 40. Total, que en Palma o no se sabe a qué velocidad circular o bien la mayoría infringe estas normas que, es evidente, inducen a confusión.
Y de entre todas las vías hay una que se lleva el premio: las Avenidas. En este circuito que separa el casco antiguo de Palma –donde antes hubo las murallas que rodeaban la ciudad– se puede circular a la velocidad que a uno le venga en gana, de los 30 si hay atascos a superar los 50 o más sin que exista ninguna limitación cuando, en pura lógica, la velocidad máxima de este circuito, aunque sin señalización, debería estar limitada a 40.
El concejal de circulación del Ayuntamiento de Palma hasta la fecha se ha llamado a andana, pero no puede tener abandonada la vía más importante de esta ciudad donde, sin embargo, se circula sin ningún tipo de control. Y si así no fuere, ahí está el alcalde, que se supone tiene algo más de acumen que el concejal en cuestión. Pero el desmierde circulatorio de Palma tiene que acabarse. Una ciudad así resulta imposible de controlar y el tráfico, por lo que supone, merece la mayor atención.