Baleares

Un policía fuera de servicio acaba condenado tras una brutal agresión a un conductor delante de su casa en Mallorca

La víctima sufrió una luxación abierta de codo, heridas en distintas zonas de la articulación y una fractura ósea

Escándalo Mallorca agresión
Julio Bastida

Lo que comenzó como una simple avería en una carretera secundaria de Mallorca terminó convertido en un episodio propio de una película de excesos, violencia y abuso de autoridad. Una sentencia judicial firme ha destapado ahora una escena tan surrealista como preocupante: un policía fuera de servicio persiguió a un conductor hasta la puerta de su vivienda y acabó lanzándolo violentamente al suelo, provocándole graves lesiones que tardaron casi medio año en curar.

La resolución judicial, ya firme, describe un episodio que ha generado indignación entre quienes han tenido acceso al caso. Todo ocurrió al caer la tarde de un día de mayo de 2024. La víctima había sufrido el pinchazo de una rueda mientras circulaba cerca de un cementerio de una localidad mallorquina. Tras intentar arreglar el neumático sin éxito y viendo imposible continuar en condiciones normales, decidió avanzar lentamente hasta su domicilio. Fue entonces cuando comenzó una escena digna de una persecución de carretera.

Según recoge la sentencia, el otro implicado —un agente de paisano y fuera de servicio— empezó a exigir al conductor que detuviera la marcha. Sin embargo, no consta acreditado que se identificara como policía. El conductor continuó hasta su casa, probablemente pensando que estaba siendo increpado por otro conductor alterado. Pero aquello no terminó ahí.

Lejos de dejar pasar el incidente, el agente de la Policía Nacional decidió seguir al vehículo hasta el domicilio particular del conductor. Una vez allí, tras una discusión entre ambos, llegó el momento más grave del episodio. Según considera probado la Justicia, el agente realizó una maniobra de control sobre la víctima y la lanzó al suelo con la intención de causarle un daño físico. Las consecuencias fueron demoledoras.

La víctima sufrió una luxación abierta de codo, heridas en distintas zonas de la articulación y una fractura ósea. El parte médico resulta estremecedor: tratamientos médicos posteriores, cirugía, rehabilitación y un total de 173 días de recuperación. Más de cuatro meses incapacitado parcialmente tras una escena que comenzó por un simple neumático pinchado. La sentencia también recoge que el perjudicado arrastra secuelas permanentes, entre ellas limitaciones de movilidad y daños estéticos leves.

Y pese a la gravedad de las lesiones, el desenlace judicial ha causado sorpresa. El condenado reconoció los hechos durante el juicio y aceptó la pena pactada con Fiscalía y acusación particular. Finalmente, la condena quedó reducida a seis meses de multa con cuota diaria de cinco euros, aplicándose además la atenuante de reparación del daño al haber indemnizado previamente a la víctima.

La decisión judicial es firme y no admite recurso. El caso ha reabierto el debate sobre las actuaciones de agentes fuera de servicio y sobre el uso de la fuerza en situaciones que podrían haberse resuelto sin violencia. Especialmente llamativo resulta el hecho de que la sentencia subraye expresamente que no quedó acreditado que el agente se identificara como policía durante el incidente.

Fuentes jurídicas consultadas consideran que el reconocimiento de los hechos y la indemnización previa fueron claves para evitar una condena mucho más dura. Aun así, el relato contenido en la resolución deja una imagen demoledora: una persecución improvisada, una discusión a las puertas de una vivienda y un conductor gravemente lesionado tras acabar en el suelo.

En el entorno judicial existe además cierta sorpresa por la escasa repercusión pública que había tenido hasta ahora este procedimiento. No se trata de una simple pelea de tráfico ni de un intercambio de insultos entre conductores nerviosos. La propia sentencia considera probado que existió intención de menoscabar la integridad física de la víctima. El episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando quien debería garantizar la seguridad pierde completamente el control?

Mientras tanto, el caso ya forma parte de los archivos judiciales de Mallorca como uno de esos sucesos que mezclan tensión, violencia y polémica institucional. Un incidente aparentemente menor que terminó con cirugía, secuelas físicas y una condena penal firme. Y todo por una rueda pinchada.

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