Este rincón de Jaén alberga la ciudad Patrimonio de la Humanidad más pequeña de España: enamora por su gastronomía y su historia
Baeza es el municipio más pequeño pero tiene un patrimonio difícil de igualar
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España presume de tener hasta 15 ciudades Patrimonio de la Humanidad, pero no todas se recorren igual. Algunas impresionan por su tamaño tal y como es el caso de Córdoba o Alcalá de Henares, otras por su monumentalidad como Cáceres y Toledo y luego está Baeza, que juega en otra liga ya que lo suyo no es la grandiosidad, sino la capacidad de concentrarlo todo en muy poco espacio.
De hecho, es la más pequeña de todas las ciudades españolas con este reconocimiento de la UNESCO. Y aun así, o precisamente por eso, tiene algo que atrae ya que no hace falta perderse durante horas para entenderla. Basta empezar a caminar para darse cuenta de que aquí cada calle, cada plaza y cada edificio tiene algo que la hace destacar. No es una ciudad que se imponga, sino que se va descubriendo poco a poco, y ese es parte de su encanto.
Este rincón de Jaén alberga la ciudad Patrimonio de la Humanidad más pequeña de España
Aunque hoy se recorre en poco tiempo, Baeza acumula siglos de historia. Antes de ser lo que es ahora, fue ciudad íbera, romana, entonces conocida como Biatia, musulmana bajo el nombre de Bayyasa y, más tarde, un enclave importante tras la conquista cristiana.
Durante un tiempo incluso llegó a tener un papel relevante dentro del Reino de Castilla. Y todo eso, lejos de perderse, ha ido dejando capas que hoy siguen presentes. No siempre de forma evidente, pero sí en los detalles.
El gran momento de la ciudad llegó después de la conquista de Granada. Fue entonces cuando la prosperidad permitió levantar buena parte de los edificios que hoy definen su imagen. El resultado es una ciudad que respira Renacimiento por todas partes, pero sin parecer un decorado.
El centro donde todo ocurre
Hay un punto en Baeza donde todo se concentra. Se trata de la Plaza de Santa María que es, en la práctica, el corazón de la ciudad. Allí se alinean varios de sus edificios más importantes, como la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora que no es sólo un edificio llamativo, sino uno de esos lugares que han ido cambiando con el tiempo. De origen antiguo, transformada después y reconstruida en parte por Andrés de Vandelvira, resume bastante bien lo que ha sido Baeza.
A su lado, la fuente de Santa María rompe un poco la escena con su carácter más simbólico. No está ahí por casualidad sino que representa la llegada del agua a la ciudad en el siglo XVI, un momento clave en su desarrollo. Y alrededor, otros edificios completan el conjunto sin necesidad de destacar por separado, sino que todo parece funcionar como un bloque.
Una concentración de patrimonio difícil de encontrar en otro lado
Uno de los detalles que más sorprenden es la cantidad de patrimonio que se reúne en tan poco espacio. No es habitual encontrar una ciudad donde varios edificios reconocidos estén prácticamente uno al lado del otro. En Baeza ocurre ya que la UNESCO lo declaró como «conjunto monumento renacentista» incluyendo la mencionada catedral, el Palacio de Jabalquinto, la Antigua Universidad, la también mencionada fuente de Santa María, el Ayuntamiento así como las Antiguas Carnicerías y la Casa del Pólpulo.
Y muy cerca de todo ello aparece el antiguo Seminario de San Felipe Neri, hoy vinculado a la Universidad Internacional de Andalucía, que más allá de su arquitectura, tiene un punto distinto ya que allí dio clase Antonio Machado durante su etapa en la ciudad.
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Otros rincones de Baeza que no te puedes perder
Aunque todo parece girar en torno al centro, hay más. Basta alejarse un poco para encontrar otros espacios que completan la imagen. La Plaza del Pópulo que ya mencionamos y donde tenemos la Fuente de los Leones, traída desde la antigua Cástulo y coronada por la figura de Himilce. Es uno de esos elementos que no esperas encontrar y que, sin embargo, encaja perfectamente.
Y alrededor hay edificios con historia, aunque no todos mantienen su función original. Las antiguas Carnicerías, por ejemplo, han pasado por varios usos con el tiempo. Es algo bastante común en ciudades con tanta trayectoria. También quedan restos de su pasado amurallado, como la Puerta de Jaén, que ayudan a entender cómo era la ciudad en otros momentos.
Una pequeña ciudad que también destaca por su gastronomía
No todo es patrimonio. En Baeza también se come bien, con una cocina que gira en torno a lo que ofrece la zona, con el aceite de oliva como base. A partir de ahí, platos sencillos, sin demasiada complicación, pero bien hechos y entre todas las opciones, destaca Restaurante Vandelvira, que cuenta con una estrella Michelin. Su propuesta es diferente, más elaborada, pero sin perder el vínculo con la tradición. Aun así, no hace falta ir a un restaurante de este nivel para disfrutar. En muchos bares se mantiene esa idea de cocina cercana, donde lo importante no es innovar, sino que todo tenga sentido.