Playas sin turistas, aguas cristalinas y paisajes que quitan el aliento: la región de España que la clase media lleva años eligiendo para veranear
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Cuando llega el verano, una de las cosas que todos buscamos es poder disfrutar de una playa bonita, buen tiempo y, si puede ser, sin demasiada gente. Pero cada vez es más difícil. Entre el calor, los precios y la masificación en muchas zonas de costa, hay quien ha empezado a mirar hacia otro lado. Y ahí es donde aparece una tendencia que lleva años creciendo sin hacer ruido y una región que de hecho, la clase media española lleva años eligiendo para veranear.
Estamos hablando del norte de España, que con sus paisajes verdes, sus playas abiertas al Cantábrico y temperaturas mucho más suaves, se ha convertido en el destino preferido de muchas familias y no es casualidad, ya que ofrece justo lo que otros lugares han ido perdiendo con el paso del tiempo, es decir, espacio, tranquilidad y una sensación de verano más real. No es sólo una percepción sino que un informe reciente de Rastreator basado en más de 2.000 personas en España confirma que la mayoría se quedará en el país este verano y que las regiones del norte están entre las más elegidas. Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco se consolidan así como ese refugio al que cada vez más gente vuelve, aunque no siempre lo diga en voz alta.
La región de España que la clase media lleva años eligiendo para veranear
Mientras otras zonas acumulan turistas todos los veranos, la cornisa cantábrica sigue funcionando de otra manera. Es una franja que va desde Galicia hasta el País Vasco y que tiene algo en común en todos sus tramos: paisaje, clima y forma de vivir el verano. Aquí puedes encontrar prados que llegan hasta el mar, acantilados que cortan la costa y caminos que parecen sacados de otro tiempo. Las temperaturas, además, juegan a favor. En pleno julio o agosto es habitual moverse entre los 20 y los 26 grados, algo que para muchas familias marca la diferencia.
Por otro lado, el agua es fresca incluso en verano, pero precisamente por eso resulta más agradable cuando aprieta el calor. Y las playas mantienen algo que en otros sitios se ha perdido, el espacio. No hay filas interminables de sombrillas ni música constante, sino que hay arena, olas y margen para estar tranquilo.
Cantabria, el ejemplo perfecto de ese verano tranquilo
Dentro de ese mapa del norte, Cantabria es una de las regiones que mejor refleja este tipo de veraneo. No es la más conocida ni la más masificada, y quizá ahí está la clave. En lugares como Prellezo, en Val de San Vicente, todavía se respira esa sensación de calma que cuesta encontrar en otras zonas. Desde aquí se accede a rincones como la playa de Berellín, un espacio rodeado de formaciones rocosas que crean una especie de piscina natural en plena costa cantábrica.
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El entorno, además, permite ir más allá de la playa. Miradores, rutas que conectan con marismas y zonas naturales, o incluso visitas a enclaves como la cueva de Fuente Salín, convierten la zona en algo más que un destino de sol y arena.
Otro punto interesante es Galizano, dentro de la Bahía de Santander. A diferencia de otras playas cercanas más concurridas, aquí el ambiente es más tranquilo. La playa de La Canal, con sus pozas naturales y su paisaje más recogido, es uno de esos lugares donde el tiempo parece ir más despacio. Y si lo que se busca es algo todavía más apartado, Miengo ofrece uno de esos rincones que no aparecen en todos los mapas. La playa de los Caballos, rodeada de acantilados y accesible solo a pie, mantiene ese aire de sitio casi secreto que cada vez cuesta más encontrar.
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Galicia, Asturias y País Vasco distintas formas de entender el norte
Aunque Cantabria destaque, no está sola. Galicia, Asturias y el País Vasco completan esa idea de norte que cada vez atrae a más gente. Galicia destaca por la variedad. Desde playas casi infinitas donde pasear durante kilómetros hasta lugares más conocidos como As Catedrais o las Islas Cíes, donde el control de acceso mantiene el entorno bastante protegido.
Asturias, por su parte, es quizá la opción más salvaje. Muchas de sus playas requieren caminar para llegar, lo que filtra bastante el turismo. Lugares como la playa del Silencio o Torimbia siguen manteniendo ese aire intacto que no se encuentra en cualquier sitio. Y en el País Vasco, el paisaje que encontramos es más urbano en algunas partes , pero lo cierto es que resulta igual de atractivo. San Sebastián es el ejemplo más claro, con La Concha como referencia, mientras que otras playas como la Zurriola o Zarautz ofrecen alternativas más dinámicas, sobre todo para quienes buscan surf y ambiente joven.