Sucesos
CASO DE FRANCISCA CADENAS

Ángel Moya desvela las trampas de la UCO a los asesinos de Francisca Cadenas: les enviaron anónimos y forraron su calle con su foto

Los guardias les pusieron nerviosos para que hablaran mientras grababan sus conversaciones

Los investigadores dejaban fotos de la víctima en los parabrisas de los coches de los sospechosos del crimen de Francisca Cadenas

Los presuntos asesinos de Francisca Cadenas perdieron la guerra psicológica con la UCO de la Guardia Civil. Tras poner micrófonos ocultos en la vivienda de los sospechosos en Hornachos (Badajoz), los investigadores se dedicaron a tenderles trampas para ponerles nerviosos y que hablaran entre ellos para grabarles sus conversaciones.

Primero se lo pusieron a Julián, el principal señalado por el crimen desde hace nueve años. La Guardia Civil monitorizaba sus conversaciones desde hace más de un año, en 2025. A continuación le tocó el turno a Manuel, el hermano mayor, en el verano del mismo año.

Tras instalar los micrófonos y confirmar que los hermanos evitaban hablar sobre Francisca Cadenas, la Guardia Civil les declaró la guerra psicológica total.

Les declararon la guerra psicológica

Los investigadores comenzaron por enviar anónimos a los presuntos asesinos para desestabilizarles y sembrar el miedo y la desconfianza entre ellos. Una estrategia que ya le ha funcionado a la UCO en otras ocasiones.

Lo siguiente fue empapelar con fotos de la víctima el barrio y la calle donde vivían los sospechosos, a sólo 30 metros de la casa de Francisca. Los agentes llegaron a dejar carteles de la búsqueda de la mujer desaparecida en los parabrisas de los vehículos de los dos hermanos.

Dejaban fotos de Francisca en sus coches

Los dos hermanos aguantaron pero no mucho. Pronto comenzaron a hablar de aquello que les preocupaba y estaba «en el rincón» del patio de luces, se referían al lugar donde estaban enterrados los restos de la mujer.

A continuación, los guardias dejaron los carteles con la foto de Francisca Cadenas en la puerta de la casa de los sospechosos y estos se descontrolaron por completo. Salían de su vivienda y leían los carteles que decían: «¿Qué esperáis para detenerlos?», la presión se les hizo insoportable después de aguantar nueve años con su víctima enterrada en su propia casa.

Finalmente,  hablaron abiertamente del crimen con una profusión de detalles de tal magnitud y repugnancia que sus conversaciones, grabadas por los guardias civiles, les incriminaron en la desaparición y el asesinato de la víctima.

Reconstrucciones en la puerta de su casa

Ellos mismos se delataron, pero no hablaban claramente de en qué lugar estaban los restos de Francisca Cadenas. En una última batalla psicológica los guardias les montaron una reconstrucción en la puerta de su casa y poco después les llamaron a declarar. No confesaron y la Guardia Civil pidió el registro de la casa.

Ellos callaron hasta el último segundo antes de que los guardias picaran el suelo bajo el que se hallaban los restos de la mujer. Una vez detenidos, Julián confesó parcialmente el crimen sin saber que la Guardia Civil tenía grabados sus comentarios, mucho más verídicos y detallados que la historia que contó ante el juez.

Ahora los dos están en prisión provisional mientras la UCO intenta amarrar las pruebas para implicar al hermano mayor en el crimen, además de los actos para deshacerse del cadáver.