Trastorno de la excitación sexual: qué es y cuáles son los síntomas para identificarlo
Casi el 40% de las mujeres reportan bajo deseo sexual y en hombres la incidencia oscila entre el 1% y el 20%
«El deseo sexual puede apagarse… pero también puede renacer cuando se abordan sus causas desde la comprensión, la ciencia y el amor. La sexualidad humana no se reduce a una función biológica: es una expresión compleja de conexión, tiempo y cuidado», asevera el Dr. François Peinado, urólogo y andrólogo, especialista en salud sexual masculina y cirugía de pene, quien recuerda que el tratamiento de estos trastornos requiere una visión integral donde la ciencia y la empatía trabajan juntas.
A su entender, el deseo, como cualquier otro aspecto de la salud, puede cuidarse, tratarse y reconstruirse. Pero lo más importante, sostiene el Dr. François Peinado, es analizar las causas médicas, hormonales y emocionales para ofrecer un tratamiento personalizado y basado en evidencia científica.
«Uno de los errores más frecuentes es interpretar la pérdida del deseo como una falta de afecto o atracción. En realidad, el trastorno del interés o la excitación sexual tiene múltiples causas: desequilibrios hormonales (andrógenos, estrógenos, prolactina); factores psicológicos, como ansiedad, depresión o baja autoestima; conflictos de pareja y comunicación deficiente; efectos secundarios de fármacos, anticonceptivos o antidepresivos; estrés laboral, insomnio o agotamiento emocional» relata el experto.
Falta persistente de deseo
El Dr. Peinado cita un reciente artículo de la Sexual Medicine Society of North America (SMSNA) que ha puesto sobre la mesa el trastorno del interés o de la excitación sexual (TIA). «Es un tema que afecta a millones de parejas y que sigue siendo un tabú. Esta alteración se manifiesta como una falta persistente de deseo y excitación sexual, acompañada de frustración o angustia que impacta profundamente en la vida de pareja”, afirma el urólogo, experto en cirugía de pene y salud del varón y jefe de Servicio de Urología y Andrología.
Según los datos más recientes, casi el 40% de las mujeres reportan bajo deseo sexual, y un tercio de ellas sufre consecuencias emocionales derivadas de ello. En hombres, la incidencia oscila entre el 1% y el 20%, dependiendo de la edad, aunque su impacto relacional y psicológico es igualmente significativo.
«Detrás de estos porcentajes hay parejas reales: vínculos que se enfrían, malentendidos, silencios y emociones no expresadas. Un punto clave que destaca la SMSNA es la importancia de la receptividad emocional. Cuando la persona afectada siente comprensión, escucha y empatía por parte de su pareja, la satisfacción sexual tiende a mejorar significativamente. La comunicación abierta y la empatía son mucho más eficaces que la presión o el reproche», recalca.
Hombres: ¿poco deseo o disfunción eréctil?
En los hombres, el bajo deseo sexual puede confundirse o coexistir con la disfunción eréctil (DE). «Muchos varones acuden a la consulta convencidos de que su problema es físico, cuando en realidad hay un componente psicológico o relacional de fondo. La ansiedad de desempeño, el miedo al fracaso o la tensión emocional con la pareja pueden reducir el deseo y dificultar la erección», explica el especialista.
Y añade: «Esta situación, a su vez, retroalimenta el círculo del problema: la inseguridad genera evitación, menos contacto íntimo y mayor distancia afectiva. Por eso, el tratamiento debe abordar la salud sexual como fenómeno de pareja, no solo individual. Cuando el hombre comprende que su erección no depende únicamente de ‘su potencia’, sino también del clima emocional y la conexión con su pareja, la relación cambia».
¿Cómo reconstruir la intimidad y recuperar el deseo?
«El deseo sexual no se recupera forzando encuentros ni imponiendo frecuencia», recomienda el Dr. Peinado, quien resume que se construye bajo estas premisas:
1. Cultivando la intimidad emocional:
2. Redescubriendo el contacto físico sin presión.
3. Recuperando la complicidad cotidiana.
4. Practicando la comunicación sincera.
5. Dedicando tiempo a gestos afectivos fuera del ámbito sexual.
«Los profesionales de la salud sexual insistimos en que la sexualidad no se mide por cantidad, sino por calidad y conexión. En muchos casos, la terapia sexual o de pareja, el apoyo psicológico y, cuando es necesario, el tratamiento hormonal o farmacológico pueden ser herramientas eficaces para restablecer el equilibrio y el bienestar sexual», concluye François Peinado Ibarra.
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