OkSalud
Psicología

La psicología explica que las parejas que discuten siempre por tonterías no es que sean incompatibles: gestionan sus emociones de manera distinta

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Casi todas las parejas que discuten lo hacen, en algún momento, por motivos que después resultan difíciles de explicar: un tono de voz, una tarea doméstica olvidada, un comentario que se interpretó mal. Vistas desde fuera, estas discusiones parecen desproporcionadas para el asunto que las provoca.

Y durante años, se ha asumido que ese tipo de roces constantes son síntoma de una mala compatibilidad entre ambas personas. Sin embargo, distintos especialistas en terapia de pareja apuntan a una explicación distinta, relacionada con algo mucho más cotidiano: la forma en la que cada persona gestiona lo que siente en el momento del conflicto.

¿Por qué las parejas que discuten por tonterías en realidad están discutiendo por otra cosa?

Cuando una pareja discute de forma reiterada por asuntos pequeños (quién saca la basura, un comentario en la cena, un mensaje que tardó en responderse), rara vez el problema real es ese asunto concreto.

La psicóloga y terapeuta de pareja Montse Cazcarra explicó a un medio local que este tipo de conflictos funcionan como una llamada de atención ante «necesidades no satisfechas, discrepancias o situaciones que deben ser expuestas para, entre las dos partes, alcanzar un consenso».

El problema aparece cuando esa llamada de atención se ignora una y otra vez. Según Cazcarra, si esas necesidades no se atienden, «irán a más y se acumularán en nuestra mochila emocional. Un día, por lo que llamamos una tontería, explotaremos y sacaremos la lista de agravios, empeorando la situación».

Esto explica por qué muchas parejas que discuten por lo mismo durante meses o años no son, necesariamente, incompatibles. Lo que ocurre es que ambas personas llevan tiempo acumulando pequeñas frustraciones que nunca llegaron a ponerse sobre la mesa de forma clara.

La punta del iceberg: lo que esconden las parejas que discuten una y otra vez

La imagen del iceberg resume bien esta idea. La discusión visible (los platos, el mando de la televisión, el retraso de veinte minutos) es solo la parte que sobresale del agua.

Debajo, mucho más grande y mucho menos visible, está lo que realmente duele: sentirse poco valorado, no sentirse escuchado o percibir que el esfuerzo en la relación no es recíproco.

Cazcarra insistió en declaraciones al medio La Vanguardia en que la clave no está en evitar estas discusiones, sino en aprender a identificar qué hay debajo de ellas.

Según explica, es necesario «aprender a identificar nuestras necesidades emocionales y a ver las de nuestra pareja para poder ir un paso más allá, explorar los mundos emocionales de una y otra parte, y poder ofrecernos una relación de esas que son refugio».

Dicho de otro modo, la próxima vez que una discusión por algo pequeño se salga de madre, merece la pena preguntarse qué necesidad concreta no se está cubriendo, en lugar de centrarse solo en quién tiene razón sobre el asunto puntual.

Dos formas distintas de sentir el mismo enfado: ¿Por qué unos explotan y otros se callan?

El psicólogo John Gottman, tras más de 40 años observando a cientos de parejas en su laboratorio, llegó a una conclusión (alojada en el repositorio del instituto que lleva su nombre) que refuerza esta idea.

Y esa idea es que la mayoría de los conflictos de pareja no tienen solución definitiva, porque nacen de diferencias de fondo (de personalidad, de valores o de necesidades) que no van a desaparecer con una conversación.

Lo que sí puede cambiar es la forma de gestionar esas diferencias. Gottman documentó un fenómeno al que llamó inundación emocional: cuando el pulso supera las 100 pulsaciones por minuto durante una discusión, la capacidad de escuchar con empatía y de pensar con claridad se reduce de forma drástica.

A partir de ese punto, unas personas necesitan alzar la voz para sentir que se les escucha, mientras que otras se bloquean y se cierran en banda.

Esa diferencia explica buena parte de las peleas que parecen absurdas desde fuera. No es que una de las dos personas esté equivocada, sino que una se inunda emocionalmente más rápido que la otra, o necesita más tiempo para procesar lo que siente antes de poder hablarlo con calma.

¿Qué es lo que de verdad distingue a una relación fuerte?

Ninguna pareja libre de discusiones existe realmente, y perseguir ese ideal solo genera más frustración. Según el propio Gottman, lo que diferencia a las relaciones que funcionan de las que se deterioran es si ambas personas logran mantener el afecto y el respeto incluso en medio del desacuerdo.

Esto pasa, casi siempre, por aprender a pausar la conversación cuando alguna de las dos partes se siente desbordada, y retomarla más tarde con la cabeza fría.

También por evitar caer en la crítica personal, el desprecio o el silencio como armas arrojadizas, tres de los comportamientos que peor pronóstico tienen para el futuro de una relación.

La próxima vez que una tontería desate una discusión, puede que la pregunta útil no sea quién tiene razón sobre el mando a distancia, sino qué necesidad lleva semanas esperando a ser nombrada en voz alta.