Generaciones

La psicología dice que las personas que nacieron entre 1950 y 1970 toleran mejor la espera porque tuvieron que convivir con la incertidumbre

Aquellas personas que nacieron entre 1950 y 1970 crecieron en un escenario cotidiano muy diferente al actual

A diferencia de las generaciones que crecieron rodeadas de conexiones permanentes

Los especialistas consideran que el entorno social y cultural tiene una influencia importante

La psicología dice que las personas que nacieron entre 1950 y 1970 toleran mejor la espera porque tuvieron que convivir con la incertidumbre

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Aquellas personas que nacieron entre 1950 y 1970 crecieron en un escenario cotidiano muy diferente al actual, donde los ritmos de vida eran más pausados y muchas tareas requerían una paciencia que hoy parece menos habitual. Esperar una carta durante días, permanecer en una cola para realizar un trámite o esperar semanas para ver unas fotografías reveladas formaba parte de la rutina. La tecnología todavía no aceleraba las respuestas ni reducía los tiempos de espera. Esas experiencias repetidas construyeron una relación particular con el tiempo y ayudaron a normalizar la idea de que no todo sucedía inmediatamente en la vida diaria y por ello toleran la espera y viven con la incertidumbre.

A diferencia de las generaciones que crecieron rodeadas de conexiones permanentes y respuestas instantáneas, las personas nacidas en esos años aprendieron que numerosos objetivos exigían procesos largos y cierta capacidad para soportar la espera. Los especialistas consideran que el entorno social y cultural tiene una influencia importante en la manera de reaccionar ante distintas situaciones. La Universidad de Harvard ha señalado en investigaciones relacionadas con el desarrollo psicológico que el autocontrol y la gestión emocional evolucionan mediante hábitos repetidos y experiencias mantenidas en el tiempo.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud indica que los factores ambientales y sociales pueden influir de manera significativa en determinadas respuestas emocionales y conductas que acompañan a las personas durante diferentes etapas de la vida. Estas observaciones ayudan a comprender por qué determinadas generaciones desarrollan capacidades distintas frente a experiencias cotidianas como la paciencia, la espera y la manera de gestionar pequeñas frustraciones diarias.

¿Por qué los nacidos entre 1950 y 1970 saben convivir con la incertidumbre?

La espera era una situación completamente integrada en la vida diaria de quienes crecieron durante aquella época. Las gestiones bancarias, los trámites administrativos y la comunicación con familiares o amigos seguían procesos mucho más lentos que los actuales.

Las personas se acostumbraban a convivir con pausas inevitables sin percibirlas como una interrupción extraordinaria. La paciencia, más que una habilidad concreta, terminaba convirtiéndose en una costumbre construida a través de experiencias repetidas.

En muchos hogares también existía una mayor autonomía durante la infancia. Según Psychologies ES, crecer durante los años 60 quería decir vivir en entornos donde las emociones rara vez ocupaban el centro de las conversaciones familiares.

«Resolver problemas cotidianos, afrontar dificultades y superar momentos de aburrimiento se consideraban experiencias normales dentro del proceso de crecimiento», mencionan.

¿Cómo influye la espera y la incertidumbre en las personas de otras generaciones?

Esa repetición constante de situaciones que requerían paciencia pudo generar una percepción distinta del tiempo. Mientras actualmente cualquier retraso puede producir frustración inmediata, muchas personas nacidas en 1960 aprendieron a interpretar la espera como una parte lógica de cualquier proceso cotidiano. Convivir con la incertidumbre no representaba una señal de ineficacia ni una molestia excepcional.

El aprendizaje continuo de pequeñas incomodidades también desempeñó un papel importante.

¿Cómo gestionaba la espera y la incertidumbre la generación de 1960? 

Además, el psicólogo Peter Gray ha señalado en análisis divulgados por Psychologies ES que la reducción progresiva del juego libre puede influir en la manera de afrontar determinadas dificultades emocionales. Muchos niños de los años 60 aprendían a negociar con otros, resolver conflictos y aceptar límites sin una intervención continua de los adultos.

Esa práctica cotidiana reforzaba una sensación de capacidad personal que podía ayudarles a gestionar mejor las frustraciones y a mantener una percepción más estable sobre aquello que podían controlar dentro de sus experiencias habituales.

«Todo ello configuró hábitos silenciosos que, con el paso de los años, terminaron formando respuestas emocionales más serenas ante las demoras cotidianas y actuales», aseguran.

Esta realidad no significa que una generación sea mejor que otra. Los hábitos simplemente evolucionan junto a los cambios tecnológicos y sociales. Sin embargo, quienes nacieron alrededor de 1960 crecieron entrenando diariamente una paciencia que hoy aparece menos presente en numerosos contextos.

Por esa razón, algunas reacciones actuales relacionadas a la hora de convivir con la incertidumbre pueden entenderse como diferencias de contexto y aprendizaje, más que como rasgos personales permanentes entre distintas generaciones contemporáneas y humanas.

Mayor libertad

Aunque los niños de 1960 y 1970 se criaron de otra manera, quizás no todos tuvieron una total libertad ni una crianza como creemos. Actualmente, es verdad que algunos expertos hablan de una sobreprotección parental como que los padres intervienen en los conflictos de los amigos, reescriben en el correo electrónico escolar del niño, se quejan a los profesores cuando su hijo viene enfadado, y esto hace que los niños no puedan autorregular su frustración o problemas.

Una infancia feliz

Ahondando en la infancia feliz que vivimos los que nacimos en los 70, y los que lo hicieron antes o poco después, se especifica que las emociones se transmiten de adultos a niños. Así lo ven desde De Par en Par Psicología, donde se subraya que las emociones se transmiten de adultos a menores como si fueran un reflejo.

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