El error del verano: bañarse con lentillas supone un gran riesgo de infección ocular grave
Más de 2,7 millones de españoles utilizan lentes de contacto, aunque se estima que la cifra total de usuarios habituales podría situarse entre los 3 y 5 millones
Con la llegada del verano y el aumento de las actividades acuáticas, los especialistas en salud visual recuerdan una recomendación clave que muchos usuarios de lentes de contacto aún desconocen: bañarse con lentillas puede aumentar el riesgo de infecciones oculares graves e incluso comprometer la visión de forma permanente.
En España, millones de personas utilizan lentes de contacto de forma habitual. Sin embargo, una parte importante continúa bañándose en piscinas, playas, lagos, parques acuáticos o incluso duchándose sin retirarlas previamente, una práctica que incrementa significativamente el riesgo de infecciones oculares.
Entre las más preocupantes se encuentra la queratitis por Acanthamoeba, una infección corneal poco frecuente causada por una ameba microscópica presente en diversos entornos acuáticos, como agua dulce, agua salada, jacuzzis e incluso agua corriente. Aunque su incidencia es baja, la mayoría de los casos se concentran en usuarios de lentes de contacto.
«Cada verano vemos pacientes que desconocen que entrar en el agua con lentillas puede convertirse en un problema serio para la salud ocular. Es un hábito más frecuente de lo que pensamos y, sin embargo, completamente evitable», explica la Dra. Paloma Martínez de Carneros, especialista y directora de la Clínica Martínez de Carneros.
La especialista señala que las lentes de contacto pueden actuar como una superficie de adhesión para microorganismos presentes en el agua, facilitando su permanencia en contacto con la córnea y aumentando el riesgo de infección.
«No sólo hablamos de piscinas mal mantenidas. El riesgo puede estar en cualquier entorno acuático: playas, ríos, lagos, spas e incluso en la ducha», añade.
Una infección poco frecuente, pero potencialmente grave
La queratitis por Acanthamoeba es una de las infecciones corneales más complejas de diagnosticar y tratar. Sus síntomas iniciales pueden confundirse con otras patologías oculares, lo que en ocasiones retrasa el diagnóstico.
Los signos de alerta más habituales incluyen:
Dolor ocular intenso
Enrojecimiento persistente
Fotofobia (sensibilidad a la luz)
Visión borrosa
Sensación de cuerpo extraño
Lagrimeo continuo
En los casos más avanzados, la infección puede provocar cicatrices corneales permanentes, pérdida severa de visión e incluso la necesidad de un trasplante de córnea.
«La queratitis por Acanthamoeba es poco frecuente, pero cuando aparece puede tener consecuencias muy graves para la visión. Lo preocupante es que su principal factor de riesgo es un gesto tan cotidiano como bañarse con lentillas», advierte la Dra. Martínez de Carneros.
Una preocupación creciente para los especialistas
Aunque su incidencia global sigue siendo baja, los especialistas han observado un incremento progresivo de casos en los últimos años, asociado al aumento del uso de lentes de contacto y a determinados hábitos de riesgo.
Este interés clínico ha impulsado recientemente avances terapéuticos, incluida la aprobación en Europa del primer tratamiento específicamente desarrollado para la queratitis por Acanthamoeba, considerado un hito en oftalmología.
Según datos de la Clínica Martínez de Carneros, de invierno a verano se multiplica por cuatro el número de pacientes que acuden a consulta con molestias o infecciones oculares asociadas a la exposición al agua.
Cómo proteger los ojos este verano
Desde Clínica Martínez de Carneros recomiendan seguir estas pautas básicas para reducir el riesgo:
• Retirar siempre las lentillas antes de entrar en el agua
• Evitar bañarse con lentes de contacto en piscinas, playas, ríos o spas
• No ducharse con las lentillas puestas en los ojos
• No limpiar ni conservar las lentes con agua, siempre con líquido específico para lentillas
• Mantener una correcta higiene de manos antes de manipularlas
• Sustituir periódicamente los estuches portalentillas
• Utilizar gafas de natación graduadas cuando sea necesario
• Acudir al oftalmólogo ante cualquier molestia ocular tras la exposición al agua
«Nuestro mensaje es muy claro: si vas a entrar en el agua, las lentillas deben quedarse fuera. Es una medida sencilla que puede evitar complicaciones muy graves», concluye la Dra. Paloma Martínez de Carneros.
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