Cómo una enfermedad renal puede aumentar el riesgo de infarto
Las enfermedades renales pueden llevar asociados numerosos problemas de salud como colesterol, presión arterial alta, anemia, problemas de huesos y problemas cardíacos y de circulación. Concretamente hoy hablamos de la relación entre el mal funcionamiento de los riñones y el riesgo cardiovascular, así como del envejecimiento metabólico del cuerpo.
De hecho, la mayoría de las personas con insuficiencia renal acaban desarrollando una enfermedad cardíaca, en parte por el esfuerzo extra que hace el propio corazón para paliar el resto de los problemas de salud asociados a lo primero. Este esfuerzo extra hace proclive al paciente con una enfermedad renal a sufrir un ataque cardíaco, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular o incluso muerte prematura.
La relación entre la salud renal y la cardiovascular
Existen tres enfermedades consideradas como las principales responsables del daño cardiovascular: la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia y diabetes. Tres enfermedades a las que hay que sumar además agravantes como el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad. Sin embargo, y según explica el Dr. Francisco Amaral-Neiva, especialista del servicio de Nefrología del Hospital Quirónsalud Córdoba y jefe de este mismo servicio en el Hospital Quirónsalud Málaga, hay otro elemento relacionado con las patologías cardiovasculares, poco conocido y no por ello menos importante: la salud renal.
«La función renal de una persona, puede ser un marcador de riesgo cardiovascular adicional, así como la excreción urinaria de albúmina» (la cantidad de proteínas que se pierden a través de la orina) y que «constituye un indicador tanto de enfermedad renal como cardiovascular», asegura el especialista, recordando además la importancia de «vigilar la salud renal y seguir un control estricto de la presión arterial, sobre todo en los pacientes ya diagnosticados de hipertensión», los cuales, incide, aunque estén cumpliendo con las recomendaciones médicas habituales (realizar ejercicio físico, reducir la ingesta de alcohol y café, abandonar el hábito tabáquico, o tener una dieta baja en sal), «también deben tener un seguimiento por parte del nefrólogo para tener controlado el riesgo cardiovascular global».
Cuidar de los riñones
La función principal de los riñones es filtrar la sangre. Eliminan los desechos y el exceso de agua, que nuestro cuerpo expulsa en forma de orina, y ayudan también a mantener el equilibrio de sustancias químicas como el sodio, el potasio, o el calcio en el cuerpo. Además, recuerda el Dr. Amaral-Neiva, «son los principales encargados del control y la regulación de la presión arterial por lo que es necesario hacer un seguimiento y valorar que funcionan correctamente».
Dentro de las potenciales causas de la hipertensión arterial existe un componente vascular que condiciona el flujo de sangre que llega a los riñones. Esto puede alterar los mecanismos de regulación de presión arterial, por lo que «es importantísimo diagnosticar la causa de dicha enfermedad y mejorarla, o estabilizarla, controlando estrictamente los factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes y la hipercolesterolemia».
Tratamientos personalizados
El departamento de Nefrología valora siempre cada caso de manera individualizada. En los pacientes con probabilidad de enfermedad cardiovascular, explica el Dr. Amaral-Neiva, «se lleva a cabo un estudio integral del estado renal de los pacientes con diabetes, hipertensión o colesterol elevado, a los que se controla especialmente para descartar que se produzca daño real».
Una buena salud renal, incide, “permitirá retrasar el deterioro que se puede llegar a producir en el paciente a raíz de un mal control de los propios factores de riesgo, del efecto de la edad y el envejecimiento”.
En el caso de los pacientes que hayan sufrido un cáncer, accidente, trombosis o cualquier otro motivo que haya producido que las personas cuenten con un solo riñón, o se sospeche que uno de los dos riñones no funciona adecuadamente; es aconsejable también que tengan un seguimiento activo por parte de un nefrólogo para mantener su salud renal.
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