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Es el postre español más típico en otoño pero casi nadie se atreve a hacerlos en casa: la mejor receta de huesos de santo para principiantes

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Pocas recetas están tan ligadas a una fecha como los dulces de Todos los Santos. Sí, claro, los buñuelos de viento y los panellets tienen sus defensores, pero la receta de huesos de santo sigue siendo la que más respeto impone en las cocinas domésticas, por su mezcla de almíbar, mazapán y crema, y por la fama de que hace falta mucha práctica para que salgan bien.

Pues vale, esa fama es, en buena parte, exagerada. Con ingredientes que se encuentran en cualquier supermercado, un poco de paciencia y algunos trucos básicos, es posible conseguir un resultado muy parecido al de las pastelerías. La clave está en organizar bien el trabajo y respetar los tiempos de reposo, que es donde suelen fallar quienes lo intentan por primera vez.

La receta de huesos de santo más sencilla para principiantes

La versión más asequible para empezar es la tradicional de mazapán relleno de dulce de yema, cubierta con un glaseado de azúcar. No necesita horno ni utensilios especiales: basta con un cazo, un cuenco, unas varillas, un rodillo y una manga pastelera. El tiempo de trabajo ronda una hora y veinte minutos, a lo que hay que sumar entre dos y tres horas de secado.

Y para simplificar todavía más, existe un atajo: comprar el mazapán ya hecho y dedicar el esfuerzo solo al relleno y al montaje.

Si se opta por la receta completa de los huesos de santo, estos son los ingredientes necesarios:

Paso a paso: cómo hacer huesos de santo en casa

A ponerse el delantal y preparar la zona de trabajo. Para que el resultado sea perfecto, hemos dividido la elaboración en cuatro partes fundamentales:

1. El mazapán

El primer paso es preparar la masa que formará el tubo exterior. Debe quedar compacta, algo pegajosa al principio y elástica después de amasarla. Así se hace:

2. Los canutillos

Con los rectángulos listos, toca darles la forma de hueso. El truco está en usar un objeto cilíndrico como molde:

3. El dulce de yema

Mientras se secan los canutillos, se prepara el relleno. Es la parte más delicada, porque las yemas no deben cuajarse:

4. Relleno y glaseado

Solo queda montar los huesos de santo y darles el acabado brillante que los caracteriza:

Trucos para que los huesos de santo salgan bien a la primera

El error más habitual está en el mazapán. Debe quedar liso y doblarse sin agrietarse: si se reseca, basta con añadir unas gotas de almíbar o de agua templada; si se pega a las manos, conviene trabajarlo con un poco más de azúcar glas.

También influye la almendra, que debe estar molida muy fina, y la humedad del ambiente, que cambia la textura de la masa de un día para otro.

Y en el relleno, la norma es sencilla: el baño maría nunca debe llegar a hervir, porque las yemas se cuajan y la crema se corta. Está lista cuando cubre la cuchara sin gotear.

Una vez terminados, los huesos de santo se conservan hasta cinco días en un recipiente hermético, en un lugar fresco y seco. La nevera, en cambio, les quita textura.

Ya con la técnica dominada, el relleno admite muchas variantes. Además del clásico de yema, las pastelerías ofrecen huesos de santo de chocolate, de praliné, de crema de turrón, de mermelada o de cabello de ángel. Una opción fácil para principiantes es rellenarlos con crema de cacao, que no necesita cocción.

Curiosidad: ¿De dónde vienen los huesos de santo?

Su nombre procede de su forma, que recuerda a un hueso largo, como la tibia, con el relleno a modo de médula. El origen exacto no está claro: unos lo sitúan en Madrid, desde donde la costumbre se habría extendido al resto del país, y otros en Valencia.

En cualquier caso, se trata de una receta de raíz muy antigua, posiblemente árabe, como buena parte de los dulces de almendra.

Desde luego, el momento elegido tampoco es casual: la cosecha de almendra suele terminar poco antes del 1 de noviembre (que recordemos, es Día de Todos los Santos), cuando el fruto es más abundante.

Por último, suele citarse que ya en 1611 el cocinero Francisco Martínez Montiño los mencionaba en su Arte de cocina, pastelería, vizcochería y conservería, uno de los grandes recetarios del Siglo de Oro.