UGT: corrupción y felpudo sanchista
No me negará el lector que el reelegido secretario general Pepe Álvarez, el muchachito del fular como principal seña de identidad de lo importante que es, ha tenido mala suerte al coincidir su recoronación entre los suyos con la condena brutal a cinco ex dirigentes de su sindicato en Andalucía nada menos que por facturas falsas, desviación de enormes cantidades de dinero público que tenía que ir a los desempleados para beneficio de la nomenklatura que mandaba en el sindicato socialista en aquella tierra en muchos casos todavía irredenta.
Corrupción lisa, directa y llana. Corrupción pura y dura aún más cuando no tuvieron reparo en apropiarse de un dinero que teóricamente tendría que ir a los que teóricamente defienden, los parados. Y luego se enfadan cuando el pueblo llano les distingue con epítetos como «comegambas», entre otras sonoras descripciones. La sentencia judicial debería ser repartida por Álvarez entre su menguada militancia como aviso de presente y futuro en otros lugares, porque en Madrid, por ejemplo, pasó algo parecido, aunque se tapara mediáticamente a toda velocidad. Cárcel para los dirigentes ugetistas y multa de 50 millones que el sindicato socialista debe revertir al erario público esquilmado. El pueblo llano está convencido de que no devolverán ni un maldito céntimo del dinero robado. Y luego pretenden que se les tome en serio.
De ahí se puede pasar a la inevitable «posición política» actual en una coyuntura muy difícil para millones de españoles y sus familias que luchan por sobrevivir, mientras la dirección ugetista aplaude como felpudo batiente a un Gobierno que te da como una mano cinco euros y con la otra reduce la dávida mediante la exigencia impositiva.
Ya va siendo hora de que los «modernos» (sic) sindicatos españoles imiten a tus homólogos alemanes, por ejemplo. Que se financien por sus propias cuotas (lo mismo para los patronos) y tengan voz libre y no con sordina.
Señor Álvarez, con el respeto que se merece un tipo tan importante, la cosa es clara: quien paga manda. Y lejos de presumir de poder y hacer alardes de trágalas en forma de amenazas, lo mejor para un líder sindical es cumplir antes que pregonar. Ejemplaridad en las vidas personales y profesionales (no se puede dirigir un «sindicato de clase» y pertenecer a consejos de administración de conglomerados multinacionales del kilovatio), sencillez, humildad y cortar de raíz cualquier requiebro de robo.
PD. Saludo la invitación a Feijóo y su aceptación para intervenir en el Congreso de UGT. Pero acto seguido el anfitrión no puede vociferar pidiendo ayuda para apuntalar a Sánchez. ¿Sindicato interclasista o mera correa de transmisión? ¡Un respeto, por favor!
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