Trump no lo tiene fácil tras lo de Mineápolis
La muerte a manos de la policía de un manifestante en Mineápolis coloca a Trump en una posición imposible ante las legislativas de noviembre. Con el presunto golpe frustrado en China contra Xi Jinping, el inminente ataque norteamericano contra Irán y el recrudecimiento de la guerra en Ucrania, es arriesgado determinar cuál es el desarrollo más crucial de nuestros días. Pero, si tengo que apostar, diría que nuestro futuro en Europa se está jugando particularmente en las calles de Mineápolis.
Allí se recrudecen los enfrentamientos de los manifestantes, abiertamente apoyados por las autoridades locales (municipales y del estado), contra los agentes federales del ICE (policía de inmigración), empeñados en una campaña de deportación de ilegales. En los disturbios, los agentes del ICE han acabado ya con la vida de tres manifestantes, siendo la última la de un enfermero desarmado, Alex Preti.
Gobierno y medios demócratas, derecha e izquierda, se están tirando los trastos a la cabeza como pocas veces antes para defender la actuación policial o para describirla como un caso de matonismo al amparo de la ley, una prueba tangible de que Estados Unidos se está convirtiendo en un régimen fascista.
¿En qué sentido lo que suceda allí tiene una influencia directa sobre nuestro futuro en Europa? En esta campaña de detención y deportación de ilegales, no solo se juega Trump su supervivencia política: todo el movimiento MAGA está en riesgo. E incluso la posibilidad política misma de aplicar deportaciones masivas para cualquier país de nuestro entorno.
No entro en el caso concreto de Preti, ni voy a dirimir si estamos ante un evidente abuso policial o en presencia de una actuación legítima o, al menos, comprensible con un resultado fatal. Lo que parece obvio es que si la izquierda norteamericana plantea la situación como una guerra, como una insurrección, y está decidida a poner toda la carne en el asador, incidentes como la violenta muerte del activista Preti están garantizados.
Ahora, en noviembre hay elecciones legislativas de medio mandato, y Trump no lo tiene fácil en absoluto. Si pierde las cámaras, los próximos años veremos una sucesión incesante de procesos de impeachment que paralizarán el gobierno de Trump, en el mejor de los casos, y prepararán el camino una victoria demócrata en las presidenciales. Y de ahí no se vuelve: difícilmente habrá otro candidato republicano que se atreva a proponer nuevas deportaciones, y los demócratas se asegurarán de que la composición demográfica del país se altere de forma irreversible.
Trump y su jefa del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, insisten en que el agente actuó de forma apropiada. Es más que cuestionable, pero, ¿qué pueden hacer? Castigar al agente perpetrador envalentonaría a los insurrectos y desmoralizaría a todos los miembros del ICE, lanzando el mensaje de que es posible impedir en la calle la aplicación de una decisión federal que responde a la principal promesa electoral del presidente. Sería como si Trump reconociese su error, con lo que se desplomaría totalmente su plataforma y, con ella, el apoyo popular.
Pero si sigue adelante se repetirán los incidentes mortales, es casi inevitable, salvo que los amotinados entiendan a las claras que han perdido la batalla, y eso exige una contundencia policial que queda francamente mal en TikTok. Cara, yo gano; cruz, tu pierdes.
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