Sánchez no cree en nada porque sabe que es gafe
El político romántico olvida el intelecto; el político racionalista, las emociones. Como Sánchez no cree en nada, porque sabe que es gafe, desprecia razones e inventa alegrías. Dos veces anunció que había derrotado a la pandemia, contra la opinión de los expertos, animando a la gente a salir sin mascarilla a la calle, y llegó la 5ª y demoledora ola, con sus variantes macabras. La conservadora Ayuso tiene un sentido mucho más certero de la concreción de la realidad que este enajenado, que farda de héroe del comunismo-socialista, tras haber indultado a unos indecentes delincuentes.
Como Napoleón, Sánchez quiere coronarse Emperador. Tampoco le desagradaría ser una réplica de Tirano Banderas, pues plagia esas salvajadas que cometieron los bolcheviques tropicales, con tal de eternizarse en el poder. Para seguir en Moncloa, mendiga los votos de los partidos que odian a España y, a cambio de obtenerlos, les entrega miles de millones que salen de los fondos autonómicos, porque este Gobierno, sólo paga a traidores. El diletante maniquí, carece de ideología, su único plan es improvisar. Recuerda a ZP, que también fue gafe y dejó a nuestro país temblando. Con Sánchez, se aleja el futuro. Desde que sus negros le sugirieron la terrorífica ley de “Inseguridad” nacional, nadie duda de que hará con el Estado lo que se le antoje.
El hoy Kim Jong-Sánchez tomó buena nota de la sociedad totalitaria con la que soñaba Iglesias y se la apropió. Los constantes caprichos e imposiciones del cacique comunista le agobiaban y, poco a poco, como quien no quiere la cosa, lo fue apartando de todos sus planes. Estaba de la coalición que le aupó al poder hasta las narices. Usar y tirar siempre fue su mejor baza, propia de quien se aprovecha de los demás. Así nació Kim Jong-Sánchez, un bello e inútil maniquí, que resultó ser un cínico dictador.
El Ejecutivo vulnera sistemáticamente la esencia del derecho. Se ríe de jueces y fiscales, ofende al Rey, pasa del Ejército y de la Legión, maltrata a la Policía, a la Guardia Civil, condena a los ciudadanos a impuestos delirantes y a tragarse su muy vomitiva, falsa propaganda. Los españoles vivimos una situación de alarma severa. La masa votó lo que ciertamente no quería y la engañaron ¿Qué tenemos que hacer para echar a esta mala gente? Pues dejar de ser dóciles y exigir que convoquen nuevas elecciones. Cada vez que estos zafios se instalan en el poder, el sistema se arruina.
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