Opinión

El Rey señala la Constitución como eje de la XV Legislatura

Fue, sin lugar a dudas, la palabra más nombrada por el Rey en la solemne apertura de la decimoquinta Legislatura de las Cortes españolas, lo que no es de extrañar puesto que precisamente el cumplimiento de la Constitución es, en estos momentos, el asunto que enfrenta a los dos bloques en los que está dividida la Cámara legislativa. Lo que más separa a los diputados de la izquierda parlamentaria y a los que constituyen el ala conservadora es que los acuerdos pactados entre el Partido Socialista Obrero Español y Junts per Catalunya, que han facilitado la formación del nuevo Gobierno, no están contenidos en el texto constitucional.

Ese fue el motivo por el que el Jefe del Estado centró su intervención en poner en valor la vigencia absoluta de la Constitución como norma suprema de convivencia entre los ciudadanos españoles. Felipe VI lo hizo sin necesidad de descalificar el contenido de esos pactos que tanta polémica han suscitado ni nombrar a los responsables de haber suscrito esos documentos acordados con los que es difícil estar de acuerdo. El camino, posiblemente el más acertado, elegido por el monarca fue ir subrayando los aciertos de la Carta Magna y las ventajas de cumplir con sus artículos para conseguir «una España sólida y unida, sin divisiones ni enfrentamientos». A la hora de señalar la solemnidad del acto de apertura de una nueva legislatura, don Felipe subrayó su sentido constitucional al ser expresión del vínculo de la Corona con las Cortes Generales, ya que éstas representan al pueblo español, mientras que para la Corona simbolizan la unidad de España y su permanencia.

También la reciente jura de la Constitución por la princesa de Asturias como heredera de la Corona fue puesta por su padre como ejemplo de la voluntad de servicio a los españoles de doña Leonor, además de ser una expresión de continuidad de ella, en su desempeño como sucesora de su padre, y parte de la monarquía parlamentaria. Para el Jefe del Estado, la princesa hizo público en ese acto su adhesión a los valores y principios constitucionales, lo que significó para la ciudadanía la certeza de estabilidad en el leal desempeño de las funciones de la Jefatura del Estado.

La palabra Constitución fue la más pronunciada por el Rey Felipe en unos tiempos tan confusos en los que es posible encontrarse con fuerzas políticas que no son conscientes de los riesgos que se corren al ceder terreno si se aceptan determinados cambios y, por otro lado, ver cómo otros grupos exigen al Rey que intervenga para parar ese proyecto sin tener en cuenta que eso no lo permite la Carta Magna. De ahí que el monarca optara, como ha hecho siempre hasta ahora, en proclamar las bondades de la Constitución, a la que ensalzó como «el alma de nuestra democracia que nos dejaron los españoles hace 45 años». Y recordó que nuestra obligación es «honrar ese legado de grandeza, responsabilidad y sentido de la historia».