Los retos económicos de España (II)
Seguimos con nuestro repaso por los retos económicos de España de cara a 2018. Por el frente del gasto, destaca la contención de los intereses inherentes a la deuda pública gracias a la política monetaria del Banco Central Europeo y a su programa de compra de deuda —al respecto destaquemos que durante los días problemáticos de la zozobra catalana el BCE aceleró en la compra de deuda pública española—. Asimismo, el gasto público se ha templado como consecuencia del descenso del paro disminuyendo consiguientemente las prestaciones por desempleo y subsidios correspondientes… A mayor abundamiento, la recaudación impositiva se ha visto favorecida por ese agobiante, e improcedente, acoso fiscal con el que Hacienda presiona a nuestras pequeñas y medianas empresas y profesionales; no, claro está, a las grandes.
No sé si las mentes pensantes del partido político que gobierna en España harán una lectura objetiva sobre las causas sociológicas de su debacle electoral en las pasadas elecciones autonómicas de Cataluña. Arremeter sin contemplaciones ni escrúpulos contra la «propia clientela», gracias a la cual ese partido ha sumado votos para gobernar, es ganarse la animadversión de quien le ha sido fiel y confiaba en que cuidaría del tejido empresarial y profesional, tal cual en las campañas electorales preconizaban para luego, a la hora de la verdad, traicionar a su electorado natural. Cuando el hoy partido gobernante deje de serlo, interróguense sus líderes acerca del porqué de su caída en votos: ellos mismos han embestido mezquinamente en contra de nuestras modestas, pequeñas y medianas empresas, de nuestros profesionales, castigando a su clientela habitual y menoscabando a la clase media.
¿Por qué se ha frenado el empuje de la inversión en 2017? Sencillamente porque el impacto del incremento de los pagos a cuenta del Impuesto sobre Sociedades y la subida de las cotizaciones sociales, amén de la imparable cascada de tributación autonómica —sobre todo en Cataluña— ha comportado una destacada erosión en las disponibilidades monetarias de nuestro empresariado. ¿Por qué no se han creado más puestos de trabajo en 2017? Al margen de que la creación de empleo vaya perdiendo fuelle tras esos años posteriores a los de la recesión, porque, al exigir mayores desembolsos tributarios y sociales a las empresas pequeñas y medianas, éstas no han dispuesto de la capacidad de liquidez suficiente para cubrir aumentos de los costes de personal que en muchos casos se contemplaban.
Todo ello llevaría a que España, si las cosas han seguido el mismo rumbo durante el último trimestre de 2017, acabe el pasado año con un déficit público del 3,1% que implica el dudoso honor de ser el país de la Unión Europea que cosecha, porcentualmente sobre su PIB, el mayor descuadre en sus cuentas públicas. Como consuelo sirva decir qué en 2018, por fin, el déficit público podría contraerse a menos del 3% sobre el PIB proporcionándonos automáticamente el salvoconducto para salir de las medidas correctoras ínsitas en el Protocolo de Déficit Excesivo, pasando pues de la unidad de cuidados intensivos en la que hemos permanecido varios años a planta.
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