Opinión

Por un nuevo presupuesto y un nuevo ticket

Desde que la mayoría de investidura (de progreso les gusta presumir) se ha quedado en minoría, la escasa actividad legislativa se ha quedado en inexistente; y se reduce a los bloqueos que la Mesa del Congreso hace de las iniciativas procedentes del Senado. Entre eso y el kilométrico del Falcon, el presidente del Gobierno viene estando en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo unos veinte minutos al mes. Así que este miércoles, después del zapaterazo del martes, se le esperaba con muchas ganas; pero ya se sabe, tardes de expectación, tardes de decepción. No se lo van ustedes a creer, pero, además del bla-bla-bla del respeto a la justicia y a la presunción de inocencia, verbalizó una novedosa advertencia: Núñez Feijóo está incapacitado para recriminar la corrupción del Gobierno porque, por lo visto, hay una foto del año 1995 en la que se le ve navegando junto con el narco Marcial Dorado. Ahora bien, no aclaró si a ese indeseable, Feijóo le hizo ministro y secretario de Organización de su partido.

Es curioso observar cómo, mientras Sánchez ningunea con chulería e ignora las preguntas de otros parlamentarios, a Gabriel Rufián le escucha con atención, le mira con arrobo y le contesta con humildes balbuceos, manteniéndose prácticamente en primer tiempo de saludo. No se sabe si tanta deferencia se debe a que Rufián todavía es el portavoz de ERC en el Congreso o a que en él ya ha identificado al protagonista de su nueva creación.

Bien podría ser por lo primero, ya que esta semana, que han llegado calores de ferragosto, están regando copiosamente el presupuesto de Cataluña con un agua que no le sobra al resto de los españoles. Antes estas cosas las hacían con cierto disimulo, pero ahora los atracos se llevan a cabo a la luz del día, sin caretas y mirando a la cámara con descaro. Salvador Illa se da un ¡xoca-la! con el inhabilitado Oriol Junqueras y te cuentan impúdicamente cómo se van a apropiar y cómo se van a gastar el dinero. Faltó que, como si fuera el ganador de Supervivientes, le entregara un descomunal cheque con el abultadísimo importe; eso sí, extendido en español porque tienen que presentárselo en la calle Alcalá al flamante y mega profesional equipo económico y, no solo figuradamente, cobrarlo en la ventanilla de (Arcadi) España.

Bueno, también tienen que traer otro cheque al Ministerio de Transporte para que desempolve el proyecto de la Línea Orbital, que está guardado desde que Pepiño Blanco era ministro de Fomento en el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Entonces esos ignorantes desavisados (que luego han resultado tan avispados) seguían despilfarrando y negando la crisis; y hoy habrá que preguntar a la versión estadista y tecnócrata del ministro Puente si de verdad cree que ese plan, tan señero para el independentismo como ineficaz e inoperante para los barceloneses, es de verdad la obra más urgente de la red ferroviaria española. O es que ya no importa reconocer, en una versión actual de la revelación del Sagrado Corazón de Jesús al beato Bernardo de Hoyos que lucían las casas del nacionalcatolicismo, un reinaré en Cataluña, y con más veneración que en otras muchas partes.

El otro motivo del arrobamiento presidencial es que Rufián puede ser el elegido para completar el ticket electoral del sanchismo en 2027. La preparación de la oferta ya se la habían encargado a Zapatero, que para eso fue un adalid del multinacionalismo español, pero ahora tiene que encargarse directamente Sánchez, con Iván Redondo en (utilizando su terminología de consultor) el backstage de Moncloa y Rufián en el Front Office.

El Demóstenes de Santa Coloma (como alguien certeramente le ha llamado) actúa ya como un verso libre y está como loco por la letra y por la música. Incluso puede que se esté pasando en la euforia y se note su desesperación por que vaya ‘palante’ este o cualquier otro proyecto. Y es que cualquier cosa por seguir luciendo la chispita choni en los sitios chic de Madrid y no tener que volver a Barcelona a que te hagan de menos todos los pijos clasistas y supremacistas del Upper Diagonal.

Así están todos ellos, como en la divertidísima comedia de Mel Brooks, repartiéndose los papeles de Gene Wilder como loco profesor y de Marty Feldman como el desternillante Igor, y creando al jovencito Frankenstein de la próxima temporada. ¡Ya vamos preparando las palomitas!