España al revés
Qué fácil le habría sido a Lewis Carrol escribir las historias de Alicia un siglo después y en España. Esto sí que es el mundo al revés, y no el de los naipes, el gato y la oruga de Alicia.
En nuestra España al revés, primero se compran los trenes y luego se miden los túneles, son las futbolistas seleccionadas las que opinan sobre la seleccionadora, se protege a las mujeres liberando a sus agresores, los niños no son de los padres y ya no hay parados, sino fijos discontinuos. Pero eso sólo era el principio.
Ahora, también los jueces son fachas con toga, se pacta con los verdugos en vez de con las víctimas y Otegi es un hombre de paz. En nuestra España al revés son los delincuentes los que persiguen a los policías, los golpistas espiados los que cesan a la agente que les espía, se acercan etarras mientras alejan guardias civiles, multamos por dejar el perro atado mientras indultamos a sediciosos y malversadores. Al chantaje le llamamos diálogo y al apaciguamiento y a la sumisión, paz y convivencia.
En nuestra España al revés no es el juez el que juzga, sino el político; y a mercadear con la Justicia se le llama desjudicializar. El ofendido pide perdón al ofensor que, por siete votos, se gana la absolución. Y esto ya no es corrupción ni traición, sino generosidad y reencuentro. Se es leal con los desleales y desleal con los leales.
Y así, en nuestra España al revés, bajo un cuadro con la gesta de un delito, los republicanos, golpistas y malversadores deciden el futuro del Reino, su democracia y sus finanzas. Sólo hace falta una falsa bandera -la del progresismo- y un enemigo instigado -la derecha- para que quien puede impedirlo cambie de opinión, acepte lo que era inaceptable y aplauda en pie lo que diga el patrón.
Así, en esta España al revés no hay principios ni criterios, sino intereses y prejuicios. Lo que ayer era negro, hoy es blanco; y lo que era ilegal, ahora ya es constitucional. Y para que así siga siéndolo y mantener a España del revés, llenamos las instituciones que debieran ser independientes de serviles contorsionistas. Es más demócrata mentir o traicionar para mantener el poder, que aceptar la alternancia o pedir una nueva votación. El fin justifica los medios y todo vale por el poder. Es la España al revés.
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