Opinión
AZUL Y ROSA | MI SEMANA EN OKDIARIO

Del zafiro de Sofía a las joyas de Zapatero

  • Jaime Peñafiel
  • Periodista político y del corazón. Experto en noticias sobre la aristocracia y la familia real. Ex redactor jefe de la revista ¡Hola! y fundador del diario El Independendiente y La Revista. Escribo sobre la Casa Real.

Las famosas joyas vinculadas al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero han salido a la luz pública el pasado martes, día 19 de mayo, cuando agentes de la UDEF las hallaron en el interior de una caja fuerte durante el registro de su despacho profesional de la madrileña calle de Ferraz. La policía localizó 103 piezas de lujo (relojes, brazaletes, pendientes y collares espectaculares de brillantes, rubíes y… zafiros, que serán los que nos ocupen esta semana). El entorno de Zapatero reconoció que se trataba de «herencias familiares» de su esposa Sonsoles Espinosa, de su madre, así como de regalos de viajes y de monarquías árabes. El motivo de que se encontraran en el despacho del presidente se debía a que en su casa no disponían de un lugar seguro.

La historia del zafiro de doña Sofía

Con tal motivo voy a recordar aquí y ahora la historia del zafiro que don Juan Carlos regaló a su esposa doña Sofía y que ella me contó el 22 de noviembre de 1987, en el transcurso de una recepción en los jardines de la embajada de España en Bangkok con motivo de la visita oficial a Tailandia, durante su viaje de luna de miel hacía 25 años, y que ya he contado en alguna ocasión, pero que creo hoy es obligado traer a colación a propósito del tema de las joyas de Sonsoles, la esposa de Zapatero.

«Lo descubrí en una joyería de la capital tailandesa durante un paseo turístico. Como se trata de mi piedra preferida, la quise comprar. Pero el precio no entraba en mis posibilidades económicas. Tanto mi marido como yo nos quedamos muy tristes», me reconocería doña Sofía.

«Cinco años más tarde, exactamente en 1967, volvimos a Bangkok. Y aunque a usted le sorprenda, yo no había olvidado el zafiro. Por ello y durante una salida a solas de compras, acudí a la joyería y, ¿cuál no sería mi sorpresa?, cuando el joyero me informó que no hacía mucho tiempo que lo había vendido. Yo, que pretendía comprarlo, para lo que llevaba en el bolso mis ahorros… Aquella tarde continuamos viaje a Bombay y, durante la cena en el hotel, mi marido sacó del bolsillo un pequeño estuche que me entregó. Al abrirlo, por poco me desmayo. Porque allí vi, emocionada hasta las lágrimas, el zafiro con el que yo había estado soñando a lo largo de cinco años». ¡Cómo la amaba entonces!

¿Qué había sucedido?, se preguntará el lector. «Simple y sencillamente, que don Juan Carlos, que tampoco lo había olvidado, aprovechó mi salida, sola, de compras en Bangkok, para hacer lo mismo dirigiéndose a la joyería, aunque sin muchas esperanzas de encontrar el zafiro, y cuál fue su sorpresa al ver que seguía allí después de… ¡Cinco años! Y lo compró con todos sus ahorros. Fue uno de esos detalles que no se olvidan jamás. En aquel momento, lo de menos para mí era la joya, aunque su valor es considerable. Lo importante es que después de cinco años él no lo había olvidado…».

Recuerdo que después de oír esta emocionante y elocuente historia de amor, me pregunté, pensando en la situación de aquel matrimonio real que sobrevivió a infidelidades múltiples y a engaños: ¿cuándo se rompió la magia?, ¿en qué momento se convirtieron en una pareja que vivía bajo una aparente normalidad? ¿En qué momento Sofía decidió cerrar los ojos y tirar para adelante arrastrando su desamor? De cualquier forma, todo ello resulta tan lejano. Desde su «forzosa abdicación», no han vuelto a vivir juntos. Tú a Zarzuela y yo a Abu Dabi. Y hasta creo que no se han vuelto a dirigir la palabra. Totalmente razonable.

Los regalos a Corinna y a Bárbara Rey

A propósito del regalo de esta joya, no puedo evitar recordar el regalazo económico que le hizo don Juan Carlos, en 2012, a su amante Corinna Larsen, la empresaria alemana, ambiciosa, seductora, fría, elegante e inteligente, a quien regaló unas esmeraldas de 250.000 euros. Si solo fuera eso, estaríamos hablando casi de pocket money, pero tenemos que incluir la famosa e inusitada transferencia de 65 millones de euros que conmocionó a los españoles. La relación sentimental duró ocho años. ¡Buen partido le sacó la tal señora Larsen a sus años de noviazgo! Tampoco podemos olvidar los 3,6 millones de euros a Bárbara Rey (¡otra que tal andaba!) para evitar que se hicieran públicos materiales íntimos sobre su relación, digamos amorosa y secreta, más larga y polémica de su vida y que se mantuvo desde 1977 hasta 1994. Inútil total porque hasta el potito se ha enterado de sus idas y venidas y buen provecho que le ha sacado esta mujer.

¿Y qué decir de Marta Gaya, una mujer elegante, culta, enigmática y reservada, conocida siempre como la dama del rumor y cuya historia comenzó en los años 90, en Palma de Mallorca, ciudad natal de ella? La relación amorosa con don Juan Carlos estuvo siempre marcada por la discreción, una muestra de respeto y lealtad, valores que definieron la relación sentimental con el Borbón. En 2007, el rey le regaló un lujoso apartamento en Cologny, una exclusiva zona de Ginebra.

Antes de finalizar con estos recuerdos, una pregunta obligada: ¿Qué fue de aquel zafiro, motivo de esta columna? «Lo monté este anillo que conservo como la joya más amada por su enorme valor sentimental», me diría doña 
Sofía, al tiempo que me lo mostraba. Ignoro si ese recuerdo es hoy, con todo lo que ha pasado, enemigo de lo que ella ¿aún sigue amando? Sería mala señal que el recuerdo de aquel gozo ya no sea gozo, mientras que el recuerdo del dolor que le pueda producir si sea dolor. No hay que olvidar que cuando el desamor se ha apoderado de la vida de un matrimonio, los recuerdos no sirven para provocar reconciliaciones, sino que son vientos que levantan tempestades en el corazón. Aunque más bien creo que, en estos momentos, hay una gran indiferencia. De cualquier forma, para mí, de aquel romántico viaje a Tailandia sólo queda un amor roto y… ¡el zafiro!

Chssssss…

El compañero Carlos Cué no lleva razón cuando escribe que don Juan Carlos no se fue de España por el 23-F, sino por su fortuna en Suiza. Se fue, querido, porque su hijo y el gobierno le echaron.

Mientras muchas de las figuras de los programas de radio, como Carlos Alsina, se han ido despidiendo, como hizo Iñaki Gabilondo en 2021 y Angels Barceló, Carlos Herrera es de los pocos que aún quedan.

Según Chapu Apaolaza, «las hijas del presidente tienen ese aire de perpetrar un asesinato en masa en un instituto de Florida y un asiento moral desde el que hablan del infinito».

Y según Raúl Conde, las ostras y el champagne, como aparecía degustando públicamente Julio Martínez, «forman parte de la estética que suele adornar a los corruptos».

Malos vientos para la Casa Real de Noruega, que se enfrenta a un periodo marcado por la fragilidad y la preocupación: la princesa heredera Mette-Marit, internada en un hospital de Oslo con grandes posibilidades de necesitar un trasplante de pulmón y acorralada públicamente por su relación con el pedófilo Epstein; la reina Sonia, de 88 años, ingresada de nuevo en un centro médico afectada por una seria lesión cardiaca incurable; el rey Harald, de 89 años, con un cuadro médico delicado, sin olvidar a Marius Borg, hijo mayor de Mette-Marit, de 29 años, que espera la sentencia por cuatro violaciones.

¿A qué famoso de la prensa del corazón llaman con el apelativo de señor Pistacho? ¿Y a quién, Napoleonchu? ¿Y Rigodón?

El famoso futbolista ha demostrado ser un hortera de padre y señor mío, al construirse en Cascais una mansión valorada en 60 millones de euros que llama la atención sobre todo por su grifería de oro de 24 quilates y piscina totalmente de cristal.

El pasado domingo se celebró en plena calle madrileña de Orfila, con motivo del 30 aniversario de la clínica Rementería, creada por el gran oftalmólogo Dr. Laureano Álvarez-Rementería, fallecido en 2016, una popular verbena cuyos beneficios han ido a parar a la Fundación del mismo nombre, que ha asumido la segunda generación, y que sigue realizando viajes a Senegal, a El Salvador y próximamente a México y Venezuela para ayudar a todos aquellos que no tienen accesibilidad a los tratamientos oculares.