¡Cuidadín con las prioridades!
En la contienda política nacional ya se ha interiorizado que la sesión de control al Gobierno no es más que una convención formal de la actividad parlamentaria; un debate abierto en el que, aunque está reglado en tiempos, intervinientes y contenidos, no es necesario que los miembros del Gobierno contesten a las preguntas de la oposición. De hecho, el presidente y los ministros ni siquiera tienen que disimular un infructuoso intento de respuesta o hacer el gesto técnico de aparentar una conexión entre el tema de la pregunta y el tema del que quieren hablar. Aunque la verdad es que esta distorsión de los usos parlamentarios es lo de menos cuando ya se ha aceptado que no es necesario que el Gobierno sea capaz de aprobar unos presupuestos durante toda una legislatura o que, incluso, haya perdido la más mínima capacidad de hacer leyes.
Pero esa predisposición a no contestar ya fue en la última sesión un auténtico descaro; no porque otras veces sí lo hagan, sino porque dejaron claro que de lo único que querían hablar era de los acuerdos autonómicos del PP y Vox. Hasta el mismo ministro Cuerpo, que aunque se bautizó como vicepresidente en estas lides con su sorna de hombre tranquilo, tuvo que asumir que era mandatorio hablar de la prioridad nacional que se incluye en esos acuerdos. Será por eso que tiró de generalidades poco solventes para responder a Juan Bravo cuando éste, con cuatro inapelables gráficos sobre el incremento de la presión fiscal y de los índices de pobreza o la disminución de los salarios reales, dejó al cohete económico del Gobierno como el malogrado Challenger de la NASA.
Pero vamos al tema del momento, porque la prioridad nacional es precisamente eso, una prioridad para muchos a los que el tema les tiene locos por la música. Por supuesto a Vox, que se ha trabajado estas negociaciones autonómicas con el objetivo de encontrar siempre puntos de confrontación, que es donde encuentra su modus vivendi. Si este asunto se pacifica, inmediatamente tendrán que buscar o inventar otro, porque Vox no se autorrealiza gobernando, sino proponiendo una alternativa, más aspiracional que real, a la política y a la sociedad.
Por su parte, para el PSOE y el sanchismo esta es una baza de triunfos que le dan la derecha y la ultraderecha para alimentar su única razón de ser y de estar: evitar la llegada de estas al poder. Obviamente jugarán esas cartas sin mirarse a sí mismos y a la larga retahíla de desigualdades y discriminaciones que han auspiciado con el fáctico principio de prioridad para Cataluña con el que han conseguido mantenerse en el poder.
Y por último, y casi de forma unánime, los medios de comunicación están desatados voceando lo que creen que es la incongruencia del PP y su indigna rendición ideológica ante el (para ellos evidente) racismo de Vox. Si es preciso, y para que no se les estropee la entradilla a los Vallés o Alsina de turno, se ignoran los condicionantes de «adecuación a la legalidad» o de «arraigo real, duradero y verificable», que están incluidos en el texto y que desactivan cualquier amenaza de inconstitucionalidad o acusación de xenofobia.
Parece entonces que casi nadie quiere ver que quizá esta vez es el PP quien ha jugado de mano maestra. En primer lugar, han dejado que Vox se ponga una medalla, que es lo que más les gusta, con una disposición que es uno de los desiderátum estrella de su ideario, pero que nace muerta en virtud de las limitaciones legales y prácticas con las que se acompaña. Y, además, mejor ceder en una medida muy mediática pero inane, que tener que conceder alguna otra pieza con mayor impacto efectivo.
Y, por otro lado, puede que los indignaditos de los medios nos estemos cebando otra vez con la habitual torpeza de los populares y no pulsemos correctamente el sentir de los ciudadanos. A ver si con este tema se están pasando los progres en la dosis de superioridad moral y resulta que a los españoles no les suena tan mal esto de tener alguna prioridad en recibir los servicios que pagan. Porque todos saben que no se trata de que se vaya a dejar morir a un emigrante sin papeles en la puerta de un hospital, y, sin embargo, también todos saben de multitud de abusos, de desigualdades y de despilfarros que se generan alrededor de las ayudas y servicios de acogida.
En unas semanas vamos a ver cómo responden los andaluces, y en especial los de las provincias con mayor número de emigrantes, ante el desastroso proceso de regularización masiva; y también si castigan más la prioridad nacional del PP y de Vox o la prioridad de la financiación singular de Cataluña, de las amnistías de los golpistas, de la impunidad de los ERES o de las excarcelaciones de los presos etarras. Cuidado entonces con las prioridades que, como el culo, cada uno tiene el suyo y todos son diferentes.
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