Armengol, en situación desesperada
El nerviosismo entre el socialismo es evidente. Se acerca el domingo y no les salen las cuentas. Ni siquiera después de haber montado una elefantiásica red de clientelismo a costa del erario público, la mayor con mucha diferencia en la historia de Baleares. Se ven fuera de las instituciones y cunde el desespero. No pasa día sin una nueva promesa electoral. Da igual que sea imposible cumplirlas porque ahora lo único que interesa es la propaganda y ya lo decía Goebbels, el lugarteniente de Hitler: «Una mentira repetida cien veces acaba convirtiéndose en realidad».
Estamos a miércoles. En lo que llevamos de semana el PSIB ha prometido gratuidad en los libros escolares de texto y en los materiales didácticos y una pensión «a lo balear». Eso, viniendo de una Tarjeta Cuidadora de 3.000 euros, una deducción para las hipotecas variables o la consideración de familias numerosas para las parejas con dos hijos, y por supuesto sin hablar de tranvías, viviendas públicas prácticamente a coste cero o una Sanidad sin esperas. Todo vale en el juego de la política. Incluso las mentiras. De aquí al domingo podemos esperar cualquier cosa: desde el anuncio de una renta universal de 5.000 euros para todos los que voten socialismo hasta billetes aéreos gratuitos. Total, las palabras se las lleva el viento. ¿Dónde están las viviendas que prometiste en 2019, Francina? ¿Cuántos años hace que hablas del tranvía? ¿Y el régimen especial para Baleares?
La realidad es que el desespero y la angustia entre el socialismo son palpables en cada uno de sus movimientos. Hoy miércoles Armengol se ha acercado al Mercat de Sineu. Hacía ocho años que no ponía el pie ahí. ¿Por qué ha ido? Porque estuvo Marga Prohens la semana pasada y porque ayer le vio las orejas al lobo al comprobar que más de 600 personas acudían -pagando- a la cena organizada por el PP en Inca, un feudo que el socialismo considera suyo (entre otras cosas por el voto que pretende captar de la emigración).
Se ven perdidos y recurren a lo que sea. Al engaño, a la propaganda y a la mentira. A cualquier herramienta para tratar de conseguir votos, pero tras ocho años es difícil engañar de nuevo a la gente. No Francina. Baleares no quiere delincuencia, okupación, impuestos, atascos, educación convertida en adoctrinamiento, catalán como única lengua permitida, suciedad, emigración ilegal descontrolada, Sanidad en los peores niveles de España o chiringuitos que sangran los impuestos del contribuyente. En definitiva, Baleares ya está harta de socialismo.
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