Almeida o la garantía de que Madrid volverá al siglo XXI
Muchos madrileños comenzarán a conocer a partir de ahora a José Luís Martínez-Almeida, pero todos los que siguen la política española de cerca saben que este abogado del Estado de 44 años es uno de los valores más sólidos del nuevo PP.
Tras la retirada de Esperanza Aguirre ha capitaneado en el ayuntamiento capitalino la siempre ingrata labor de oposición. Comenzar desde unos niveles de conocimiento entre el público general muy bajo no le amilanó para recorrer en su ya mítica motocicleta todas las calles y barrios de Madrid denunciando de forma implacable la deriva populista e ineficaz de Manuela Carmena. Ha trasladado su visión de Madrid a la ciudadanía utilizado las herramientas de su inteligencia innata, su gran laboriosidad, el uso de las redes sociales y su castiza simpatía con toque canalla.
¿Y cual es la visión de Madrid que propone Almeida? Ideológicamente encaja en lo que vendría a ser un patriota y un liberal clásico. En su acción política hace compatible las buenas mañas del político bregado con su cualificado perfil tecnocrático. Convencido de que la capital de España ha de estar a la altura de la gran urbe europea que es, tiene muy claro que ocurrencias y radicalismos no tienen cabida en Madrid. La tolerancia cero con las okupaciones, el fin inmediato de Madrid Central o el apoyo y respeto a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, especialmente a la Policía municipal, son algunas de sus propuestas en las que ha marcado más contraste con respecto a su antecesora en el cargo. Al mismo tiempo también plantea bajadas de impuestos, construcción de vivienda de protección oficial y aumentar la masa forestal del municipio.
Como buen jurista, Almeida tiene una idea clara y práctica del sentido del orden. Sabe que Madrid no es una localidad más, sino el escaparate de España ante el resto del mundo y un ejemplo para el resto de municipios de la nación. Su proyecto consiste, en resumen, en que la metrópoli recupere el impasse de los últimos cuatro años para que vuelva a ser, con mayor fuerza si cabe, locomotora y rompeolas de las Españas. Próxima estación: Operación Chamartín.
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