Opinión

El 25%-25%-25% que quiere Sánchez

Pedro Sánchez sabe tan bien como usted y yo, querido lector, que más pronto que tarde tendrá que abandonar Moncloa rumbo a la vivienda que le regaló su suegro chuloputas. Que cuando te van ganando por goleada lo lógico es que acabes palmando el partido salvo que compres al árbitro o el rival se vea envuelto en un fratricidio de tres pares de narices. Cuando la derecha suma entre 190 y 200 escaños encuesta tras encuesta lo normal es que los españoles te terminen poniendo de patitas en la calle. Si bien es cierto que, como ha quedado demostrado reiteradamente, conviene no despreciar la capacidad de este Belcebú posmoderno para emular al Ave Fénix y para hacer trampas. A chanchullos no le gana nadie. El voto por correo en las elecciones del 23-J de 2023 constituye uno de los grandes enigmas de nuestra democracia.

El marido de la pentaimputada Begoña Gómez es tan malo y maquiavélico como corrupto y peleón —me niego a emplear esa mierda de término que es «resiliente»—. Fíjense, pues, si es diabólico el sujeto. Cuando cuentas en plantilla con cuatro guionistas de series, cuando te rodeas de los mejores spin doctors de España y cuando tienes al Tezanos de verdad, no al que miente en el CIS, trazando la estrategia electoral, lo normal es que domines la opinión pública. Hitler era un pirado y un lerdo, además de un genocida, pero fichó al mayor genio de la propaganda de todos los tiempos, Joseph Goebbels. Nadie daba un marco por él pero llegó a canciller.

En Moncloa dan todo por perdido: gobiernan con los Presupuestos de 2023 aprobados en 2022, Junts les ha dado la espalda para siempre y están en caída libre en todos los sondeos, Sumar se ha abonado a los 10 escaños, 21 menos que hace dos años y medio, y Podemos ni está ni se le espera por mucho matonismo que exhiban. Conclusión: en unas hipotéticas generales el gatillazo está asegurado porque no llegan a los 176 ni jartos de viagra. Y en términos fácticos, el año ha arrancado con la mayor subida del paro desde ese 2012 en el que vivimos peligrosamente, con una tragedia de Adamuz que es culpa de su chapuza y su negligencia y en términos éticos y penales igual que terminó el anterior, con nuevos episodios de corrupción prácticamente a diario.

Pedro Sánchez ya piensa en las elecciones generales, va a intentar llegar a 2027 como sea aunque un servidor tiene muy claro que será imposible

Por si fuera poco, la jugada de Génova 13, llamando a las urnas en dos autonomías además de las dos que tocan, está representando un apocalipsis para Ferraz. Se la pegaron estrepitosamente en Extremadura, con el peor resultado de todos los tiempos, hoy se repetirá la historia en Aragón, las cosas no irán mejor en Castilla y León y en su antaño feudo andaluz el golpe será histórico con la derecha situándose en los 75-80 escaños, una veintena larga por encima de la mayoría absoluta.

Pedro Sánchez ya piensa en las generales. Va a intentar llegar a 2027 como sea aunque un servidor tiene claro que será imposible, básicamente, porque lo indica la lógica más elemental. Esto es como las carreras de obstáculos: puedes sortear 30, 40, incluso 50, pero no una en la que te pongan 100 ó 200. Al final te acabarás esnafrando contra la valla. O como esos caballos del Grand National que recorren alocados sus 30 gigantescos muretes hasta que dicen basta ya.

Que va a intentar plantarse como presidente en el ecuador de la primavera y el verano de 2027 no lo duden. De momento, ya ha conseguido una de sus dos ambiciones: batir a Zapatero en permanencia en Moncloa. Ahora va a por Felipe González, aunque este último récord se antoja imposible toda vez que el sevillano fue presidente 4.903 días frente a los 2.808 que lleva en el machito nuestro protagonista. El caso es ganar tiempo, que se recupere la demoscopia, y sacar casos de corrupción y de acoso sexual, reales o inventados, del PP y Vox. Lo primero que anhela es empatar el partido ético. Algo física y metafísicamente imposible porque jamás habíamos presenciado tanto trinque en menos tiempo. El sanchismo ha puesto el listón de la mangancia muy alto.

Por eso buscan y rebuscan, en Hacienda, en todo tipo de registros oficiales, dentro y fuera de España, e incluso movilizando a sus infiltrados en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para localizar cualquier resquicio de trinque de sus dos grandes adversarios. No hace falta que les recuerde cómo emplearon al fisco y a la Fiscalía para intentar asesinar civilmente a Ayuso por novio interpuesto. Ahora su obsesión son Feijóo y Abascal, a los que por cierto el dinero les ha importado históricamente un comino. Con ellos van a disfrutar de entre cero y ninguna posibilidades de pillarles en un renuncio.

Jamás habíamos presenciado en los años de democracia tanto trinque en menos tiempo, el sanchismo ha puesto el listón de la mangancia muy alto

Lo acontecido con el alcalde de Móstoles, la segunda ciudad más poblada de la Comunidad de Madrid, es paradigmática prueba de ello. Si no hay casos de acoso sexual, se los inventarán como han hecho con Julio Iglesias y con el pobre Adolfo Suárez que no está vivo para defenderse, y si existen pero son tenues, los forzarán. Que se lo digan o se lo cuenten a Manuel Bautista, primer edil mostoleño, o al secretario general del PP madrileño, Alfonso Serrano. Desconozco dónde terminará esta denuncia pero que tiene más agujeros que un Gruyère no hay duda.

El otro hito en esta amoral carrera pasa por regularizar a todo quisqui, desde inmigrantes ilegales que lleven en España la friolera de cinco meses hasta los nietos del exilio, más de 2 millones de ciudadanos que obviamente optarán infinitamente más por las izquierdas que por las derechas. Ley en mano los primeros tardarán alrededor de tres años en tener pasaporte y votar. Eso en el mejor de los casos. Otro cantar serán los extranjeros descendientes de republicanos, la mayor parte de los cuales podrá colar la papeleta en la urna el año próximo porque su proceso de nacionalización echó a andar hace muchísimos meses. Claro que Pablo Iglesias dejó caer el sábado pasado a través de su marioneta, Irena Montero, que quieren modificar la ley para que los 800.000 ilegales a los que van a regalar papeles gocen del derecho al sufragio activo en ese 2027 en el que se decidirá si España va camino de una República o permanece como monarquía constitucional. Por minigolpes de Estado que no quede.

Pero el gran objetivo goebbelsiano de estos gánsters de aquí a las elecciones será ese clavo ardiendo que es el miedo a la «extrema derecha» que de mantra táctico ha pasado a convertirse en un auténtico coñazo que resuena en nuestras cerebros cual martillo pilón. Aburre. Lo cual no va a obstar para que continúen con la cantinela como si no hubiera un mañana. Claro que presentar a Abascal, Garriga, Pepa Millán o Buxadé como una suerte de neonazis con la cabeza rapada que van pateando cabezas de negros y moros por la calle ya no cuela. A los hechos me remito: crecen exponencialmente en cada sondeo y en cada cita con las urnas. En Aragón, sin ir más lejos, doblarán. Y respetan la Constitución como el que más. Los españoles que les secundan son gente normal.

A nadie se le escapa que lo que buscan los socialistas es enredar a la derecha en sus propias contradicciones para vencer a medio plazo

Lo más hilarante de todo es que en Moncloa se piensan que el subidón de los verdes tiene sólo unos responsables: ellos. Son tan fatuos que olvidan que el mainstream mundial va por ahí, con Donald Trump de mascarón de proa, que la juventud se ha echado cuasi unánimemente en manos de Vox y que el de Amurrio tiene un indiscutible tirón, porque es carismático y habla clarito. Pero ése va a ser el leit motiv de los socialcomunistas de aquí a 2027 o a cuando toquen las generales. Vamos a acabar hasta el lugar donde el ombligo pierde su casto nombre de escuchar los términos «Vox», «ultraderecha», «extrema derecha» y ese consabido «fascista» que viene que ni pintado pero para definir la conducta del propio Pedro Sánchez.

El verdadero sueño húmedo del marido de la presunta delincuente Begoña Gómez es que la promoción de Vox lo eleve al 25%, que el PP descienda hasta el mismo porcentaje y que ellos se queden en ese 25% o incluso por encima. Que se pueda producir la paradoja de que gane las generales por mor del subidón de los verdes a costa de los de Génova 13. Ese escenario que a día de hoy no deja de ser una paja mental porque Feijóo sigue muy fuerte supondría el orgasmo político para los demócratas de este país toda vez que Sánchez recibiría de su propia medicina, yéndose a la bancada de la oposición tras haber sido el más votado. Quien a hierro mata, a hierro suele morir.

El 25%-25%-25%, o algo parecido, permitiría a Sánchez y sus socios comunistas, etarras, golpistas e independentistas afear la conducta al PP por pactar con esa ultraderecha que sólo existe en su enferma cabeza toda vez que Vox no es más que derecha conservadora. Estoy viendo a Sánchez en año y medio recriminando en la tribuna de oradores al próximo presidente del Gobierno, Alberto Núñez Feijóo, por «aliarse con el fascismo». Tiempo al tiempo. Manda huevos porque este pájaro de cuentas pactó la gobernabilidad de España con los asesinos de 856 españoles, 12 de ellos socialistas, y con quienes perpetraron el 1-O.

La derecha debe sortear las minas que el sanchismo y sus terminales mediáticas a sueldo les van a tender en su camino hasta La Moncloa

Cómo de mal verán las cosas que en la cúpula del PSOE ya debaten el sentido de su voto en la investidura de Alberto Núñez Feijóo. A día de hoy la tesis predominante es ofrecer la abstención para que el presidente popular se vea en la disyuntiva de tener que elegir entre el complejo, aceptando los «síes» del sanchismo por el qué dirán, o la realidad sociológica aliándose con las huestes de Abascal. A nadie se le escapa que lo que buscan los socialistas es enredar a la derecha en sus propias contradicciones, en sus mieditos, para vencer a medio plazo. Y, de paso, tenerlos entretenidos mientras continúan controlando parte de esa tartaza del poder económico que han acumulado estos años tras entrar en varias empresas del Ibex. Y tampoco descarten que el autócrata con ínfulas de tirano convoque un superdomingo coincidiendo con las municipales del 23 de mayo de 2027 jugándose todo a una carta e hipermovilizando a los suyos. Que si sale mal siempre le quedará el recurso de diluir culpas.

La derecha debe sortear las minas que el sanchismo y sus terminales mediáticas a sueldo —el 80% de los medios y el 90% de la clase periodística— les van a tender en el no muy largo pero sí muy sinuoso camino que tiene por delante hasta conquistar Moncloa. Si yo fuera del PP me olvidaría de Vox y si fuera de Vox me olvidaría del PP porque, como subrayé en el X Aniversario de este proyecto de España que es OKDIARIO, ni el enemigo de Feijóo es Abascal ni el de Abascal Feijóo. El enemigo de todos los españoles, de la Constitución, de la democracia, de la libertad, de la separación de poderes, de la legalidad, de la ética y hasta de la estética es Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Que no olviden ni los azules ni los verdes que el otro sueño húmedo del autócrata es dividirlos para acabar venciendo. Y que si la derecha regresa al poder sea una anécdota temporal en la historia.