Adiós a los antibióticos en las granjas de gallinas: consiguen hacerlo reciclando los residuos del vino
El estudio, realizado con 126 pollos en Cornell, prueba que el orujo iguala al zinc bacitracina
Con sólo el 0,5% de orujo en el pienso, la ganancia de peso mejora un 79% en aves inflamadas
El orujo de uva, el subproducto que genera la industria del vino tras el prensado, podría convertirse en una alternativa natural a los antibióticos en la cría de pollos de engorde, según un estudio publicado el 7 de mayo en la revista npj Biofilms and Microbiomes por investigadores de la Universidad de Cornell.
El hallazgo llega en un momento en que la resistencia antimicrobiana se ha convertido en una de las grandes amenazas globales para la salud pública, con costes anuales estimados que superan los 3.500 millones de dólares.
La Unión Europea, China y Brasil ya han prohibido por completo el uso de promotores de crecimiento antibióticos en la producción avícola. Estados Unidos, aunque sin veto formal, afronta una presión creciente para reducir el uso de estos compuestos.
Encontrar sustitutos eficaces se ha convertido en una prioridad urgente para las granjas de todo el mundo, donde la retirada de los antibióticos se ha asociado históricamente con aves más enfermas, de crecimiento más lento y costes de pienso más elevados.
El reto del sector
El equipo de investigadores, liderado por Elad Tako, profesor asociado del Departamento de Ciencia Alimentaria del College of Agriculture and Life Sciences de Cornell, comparó el orujo de uva directamente con el zinc bacitracina, uno de los promotores de crecimiento antibióticos más utilizados en la avicultura industrial. La pregunta era directa: ¿puede un residuo agrícola hacer lo que hace un fármaco?
La respuesta, al menos en condiciones de laboratorio, fue afirmativa. El experimento involucró a 126 pollos de engorde de la línea Cornish-Cross, divididos en seis grupos de tratamiento durante 42 días.
Para simular el estrés intestinal habitual en los criaderos comerciales, fruto del hacinamiento y la variabilidad en la calidad del pienso, los investigadores alimentaron a las aves con una dieta que contenía un 30% de salvado de arroz, un ingrediente con alto contenido en fibra que provoca inflamación intestinal crónica de bajo grado.
Un 79% de mejora
Las aves que recibieron únicamente esa dieta vieron reducida su ganancia de peso en más de un 54% y presentaron niveles elevados de dos proteínas marcadoras de inflamación: TNF-α e IL-1β. Cuando se añadió orujo de uva al pienso en una proporción mínima del 0,5%, los resultados fueron llamativos: la ganancia de peso mejoró al menos un 79% respecto a las aves inflamadas sin suplemento, y la conversión alimenticia alcanzó valores comparables a los del grupo tratado con antibióticos.
«Hemos estudiado el orujo del vino como ingrediente funcional tanto para humanos como para animales, y este es un momento decisivo», señaló Tako para explicar cómo se erradican los antibióicos.
«Conseguimos mitigar la inflamación de bajo grado, que es el estado habitual en la industria avícola.» El investigador explicó que estudios anteriores con orujo habían arrojado resultados negativos precisamente por emplear dosis excesivas: la clave del nuevo enfoque fue reducir la cantidad incluida en el pienso hasta encontrar el umbral donde los beneficios superan los posibles efectos adversos.
La fermentación, clave adicional
El equipo también evaluó dos versiones fermentadas del orujo: una procesada con Lactobacillus casei, la bacteria presente en yogures y quesos, y otra con Saccharomyces cerevisiae, la levadura del pan y la cerveza.
Aunque la fermentación redujo ligeramente la concentración total de polifenoles, ambas versiones obtuvieron resultados equivalentes o superiores al orujo sin fermentar en la mayoría de los indicadores de rendimiento productivo.
La versión fermentada con bacterias destacó especialmente en dos aspectos. Por un lado, generó una superficie de vellosidades intestinales notablemente mayor en el intestino delgado de las aves: esas diminutas proyecciones que determinan la eficiencia con la que se absorben los nutrientes.
Por otro lado, fue el único grupo donde se detectaron niveles cuantificables de butirato, un ácido graso de cadena corta que actúa como combustible principal para las células del revestimiento intestinal y regula la inflamación.
Microbioma reequilibrado
En el ciego de las aves, la bolsa intestinal donde reside la mayor parte del microbioma, el orujo de uva y sus versiones fermentadas transformaron la comunidad microbiana de forma favorable. Las poblaciones de Klebsiella y Clostridium, ambas asociadas a enfermedades intestinales, descendieron hasta niveles comparables a los del grupo tratado con antibióticos.
Al mismo tiempo, la presencia del gen de resistencia bcrA fue significativamente más baja en los grupos que recibieron orujo, lo que apunta a que este suplemento no contribuye a generar resistencias antimicrobianas, uno de los principales riesgos del uso de promotores de crecimiento convencionales.
Más allá de los datos biológicos, el estudio destaca una ventaja de naturaleza práctica y medioambiental. El orujo de uva es, por definición, un residuo: la industria vitivinícola global genera millones de toneladas anuales de este subproducto, gran parte de las cuales acaban en vertederos o se compostan a pérdida.
Redirigir aunque sea una pequeña fracción de ese flujo hacia aditivos para piensos avícolas crearía un beneficio de economía circular mientras se aborda uno de los problemas más urgentes de la ganadería moderna.
Del laboratorio a la granja
«Lo que debe ocurrir ahora es demostrar que funciona en condiciones reales con un número mucho mayor de aves», reconoció Tako. Los socios actuales del equipo provienen principalmente del sector vitivinícola y de los productores de orujo, y el siguiente paso es tender puentes hacia la industria avícola para llevar el hallazgo al terreno productivo.
La investigación fue financiada parcialmente por la New York Wine and Grape Foundation y el Cornell Atkinson Center for Sustainability, y los cálculos y las observaciones avalan que la inclusión de orujo de uva al 0,5% en el pienso constituye una alternativa comparable al zinc bacitracina, con la ventaja añadida de no generar residuos de antibióticos ni presionar los mecanismos de resistencia microbiana.
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