Europa al límite: sequías históricas como las del Rin y el Danubio amagan con apagar centrales nucleares
La central húngara de Paks salva su última turbina por un centímetro y medio de caudal y opera a 240 de sus 2.000 megavatios
Bruselas supervisa la crisis mientras Ford y Dacia paran sus fábricas rumanas hasta el 19 de agosto
El Danubio marca en Bratislava el caudal más bajo para un julio desde 1876 y frena el transporte fluvial
El nivel del agua del Danubio es tan bajo que ya se ha descubierto en su fondo un naufragio de la Segunda Guerra Mundial
Europa atraviesa en este inicio de agosto de 2026 una de las crisis hídricas más severas de su historia reciente. La falta continuada de lluvias, el menor deshielo alpino y las olas de calor abrasadoras han reducido a mínimos históricos los caudales de sus principales ríos. Y es precisamente el agua, y ahora su escasez, el canalizador de actividades económicas y el elemento imprescindible de enfriar las centrales nucleares.
El impacto trasciende el desastre medioambiental para convertirse en una encrucijada económica y energética de escala continental. El desplome del Rin y del Danubio mantiene paralizado el transporte comercial y pone contra las cuerdas a instalaciones estratégicas.
Desde las arterias industriales de Alemania hasta la cuenca del mar Negro, las autoridades aplican medidas de contingencia desesperadas. La vulnerabilidad del modelo productivo europeo ha quedado expuesta al descubrirse que no existe una red alternativa eficaz cuando el agua falta.
Milímetros para salvar Paks
En Hungría, la situación alcanzó un dramatismo extremo al bordearse la paralización total de la central nuclear de Paks. La planta, operativa desde 1982 y fuente del 50% de la electricidad nacional, llegó a estar el 3 de agosto a pocos milímetros de su desconexión completa por la falta de refrigeración.
El nivel del Danubio a su paso por Paks se hundió hasta los -133 centímetros, pulverizando la marca histórica de -98 centímetros registrada en 2018. Sólo una ligera subida de un centímetro y medio durante la madrugada del 4 de agosto permitió salvar in extremis el último reactor y suspender el apagón anunciado.
Poco caudal y temperatura del agua
A la escasez de caudal se suma la temperatura del agua. Al acercarse al límite legal de los 30 °C, la normativa exige reducir la producción eléctrica para no devolver el caudal hirviendo al río. Este drástico recorte afecta a una planta que es un pilar absoluto del suministro húngaro.
El primer ministro, Péter Magyar, confirmó que la última turbina, tiene el resto en parada, «sigue operando de manera segura», aunque la planta funciona a un rendimiento residual de apenas 240 megavatios sobre sus 2.000 habituales.
El Gobierno ha pedido un ahorro drástico a ciudadanos y comercios entre las 17.00 y las 22.00 horas y ha restringido el tráfico ferroviario de mercancías. Se espera que el Danubio empiece a crecer el jueves gracias a las lluvias previstas en la vecina Austria, río arriba.
El mismo complejo escenario se reproduce en Francia, donde la compañía estatal EDF ha tenido que frenar la producción en varias de sus plantas. Centrales ubicadas a orillas de los ríos Ródano y Loira operan a medio gas ante la imposibilidad de refrigerar sus turbinas de forma segura y legal por las elevadas temperaturas de las aguas. La red eléctrica europea tiembla por la escasez hídrica que azota a sus ríos.
Detonaciones en Rumanía
Rumanía vive una emergencia parecida en la central atómica de Cernavoda, responsable del 20% del consumo eléctrico del país. Con un reactor ya desconectado desde finales de julio, el Ejército ha tenido que recurrir a detonaciones controladas para intentar desviar el caudal de agua hacia la instalación.
La falta de potencia y las restricciones de agua han forzado a gigantes de la automoción a tomar decisiones drásticas. Ford y Dacia han anunciado un parón de dos semanas, hasta el 19 de agosto, en su producción nacional ante la petición del Gobierno de recortar el consumo industrial.
Mientras los países aplican medidas extremas, la Comisión Europea ha confirmado que «sigue de cerca» esta severa sequía. La portavoz de Clima y Energía, Anna-Kaisa Itkonen, aseguró que, de momento, no hay fallos en el suministro gracias a los intercambios de solidaridad entre los Estados miembros.
Mínimos de julio desde 1876
El desplome del Danubio es generalizado a lo largo de los diez países que atraviesa desde Alemania hasta el mar Negro. En Eslovaquia, la estación de Bratislava ha registrado un caudal de apenas 725 metros cúbicos por segundo, la marca más baja para un mes de julio desde 1876.
En la vecina República Checa, la mitad de las estaciones hidroeléctricas notifican niveles oficiales de sequía crítica, operando entre el 5% y el 60% de su caudal habitual. En Serbia, las dos mayores centrales hidroeléctricas del río han reducido su producción en un 30%.
A este escenario se suma una ola de calor asfixiante, con temperaturas previstas de hasta 42 grados en Austria o Hungría y alerta de un tercer grado en vigor. En territorio austríaco se declaró la alerta roja tras registrarse cerca de 400 fallecimientos vinculados al calor sólo durante el mes de junio.
Parálisis en el Rin
Paralelamente, la principal vía fluvial de Europa occidental, el río Rin, arrastra una parálisis logística crítica. Las mediciones oficiales en Alemania muestran niveles muy bajos en estaciones clave como Colonia, Düsseldorf y, muy especialmente, en el estrecho paso de Kaub.
Con lecturas de apenas 25 centímetros en el medidor de Kaub —que iguala el mínimo histórico de 2018—, la profundidad real del canal central roza escasamente los 1,30 metros. Esta falta de calado impide que las grandes barcazas cisterna naveguen con sus bodegas completas sin riesgo de encallar.
Para evitar el accidente, los buques navegan al 20% de su capacidad, requiriendo hasta cinco barcos para mover la carga de uno solo. Esta reducción ha disparado los costes del flete fluvial de 45 a casi 150 euros por tonelada en pocas semanas.
Impacto en el PIB alemán
El estrangulamiento de las arterias fluviales amenaza con recortar hasta 0,2 puntos porcentuales al PIB alemán. Consorcios como Thyssenkrupp han recortado la producción de acero en Duisburgo, mientras BASF vigila con inquietud sus plantas químicas en Ludwigshafen.
En el sur del continente, el río Po atraviesa un escenario idéntico en Italia, castigando el corazón de su producción agrícola. La pérdida de corriente dulce ha provocado que el agua salada del Adriático avance decenas de kilómetros tierra adentro, arruinando campos de cultivo.
Piedras del hambre
Por otro lado, el lecho seco del río Elba, en el tramo que conecta la República Checa con el puerto de Hamburgo, ha dejado al descubierto las llamadas «piedras del hambre». Se recuerda así los grabados centenarios que advertían a las generaciones pasadas de que la escasez de agua precede siempre a la miseria.
A esta situación se añade que el transporte masivo de mercancías por ferrocarril o carretera resulta inviable a corto plazo para asumir el volumen del tráfico fluvial bloqueado. La red carece de capacidad sobrante y no existen suficientes camiones ni conductores para sustituir el flujo de los grandes cargueros.
Las extremas circunstancias de este verano de 2026 confirman que la sequía prolongada ha dejado de ser una contingencia meteorológica pasajera. Europa se enfrenta al impostergable desafío de rediseñar sus infraestructuras estratégicas para sobrevivir en un continente donde los grandes ríos se secan.
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