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Los zoólogos no pueden disimular su alegría: nace en Bolivia la segunda cría en un año del ave más fuerte del mundo, en alto peligro de extinción

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un segundo pichón de águila arpía ha nacido en Bolivia en menos de un año, un hito que los zoólogos celebran como un logro extraordinario para la conservación del ave rapaz más fuerte del mundo. La especie, recategorizada como «En Peligro» en el Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia 2026, pone un solo huevo cada dos o tres años, lo que convierte a este doble nacimiento en un acontecimiento poco habitual para la ciencia.

El nido de este segundo pichón, bautizado como Ariel, se localizó en una hacienda ganadera y forestal privada de 690 hectáreas en el municipio de Santa Rosa del Sara, en el departamento de Santa Cruz. Ariel se convirtió además en el primer ejemplar de una población silvestre de águila arpía en Bolivia en recibir un anillo científico para su seguimiento.

Cómo es físicamente el águila arpía y por qué es tan poderosa

El águila arpía es un gigante del aire. Las hembras, mucho más grandes que los machos, alcanzan hasta un metro de longitud y una envergadura de dos metros, con un peso de entre 7 y 9 kilos, lo que las convierte en una de las aves más pesadas del planeta.

Su cabeza luce una cresta de plumas que se eriza cuando el ave detecta una amenaza o una presa, y sus alas, cortas y anchas, están adaptadas para maniobrar entre las ramas densas de la selva tropical, a diferencia de las águilas de espacios abiertos.

Su reputación como el depredador alado más poderoso de la Tierra se apoya en tres factores. El primero son sus garras traseras, que miden entre 7 y 10 centímetros, el mismo tamaño que las de un oso pardo y más grandes que las de un tigre de Bengala. El segundo es la presión que ejercen esas garras al cerrarse, más de 420 libras por pulgada cuadrada, una fuerza equivalente a la mandíbula de un Rottweiler y capaz de triturar huesos y perforar órganos vitales de forma instantánea.

El tercer factor es su capacidad de levantamiento. El águila arpía es la única ave capaz de elevar en pleno vuelo presas que igualan o superan su propio peso, gracias a una musculatura pectoral que le permite cazar en el dosel del bosque y cargar monos aulladores, perezosos adultos o coatíes de hasta 6 o 7 kilos sin necesidad de tocar el suelo.

Cuáles son las aves de presa que le siguen en fuerza al águila arpía

Detrás del águila arpía, un grupo reducido de rapaces destaca por su capacidad para someter presas grandes y por la potencia de sus garras. El águila filipina es su principal rival en tamaño, con las patas más gruesas y garras diseñadas para romper el cuello de animales arbóreos; se la conoce como «águila comemonos», aunque también caza lémures voladores y cerdos salvajes jóvenes.

El águila marcial, la más grande y poderosa de África, cae en picado con un impacto devastador gracias a sus largas garras traseras, y caza antílopes jóvenes, babuinos y chacales en la sabana abierta. El águila coronada africana, considerada por muchos científicos la más poderosa del continente en relación con su peso, tiene garras ultra gruesas capaces de aplastar cráneos, y puede derribar presas de hasta 30 kilos, aunque no logra elevarlas y las desmiembra en el suelo.

El águila real, el depredador alfa del hemisferio norte, ejerce una presión de garras cercana a los 400 psi, casi la misma que el águila arpía, y en Asia Central se la entrena tradicionalmente para la caza mayor de zorros y lobos jóvenes.

Cierra la lista el águila de Verreaux, especialista en los terrenos rocosos de África, con patas robustas adaptadas para aferrarse a las rocas mientras sujeta presas que luchan por escapar, principalmente el damán de las rocas.