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Suena raro, pero la ciencia lo avala por completo: descubren que las conchas de ostras y mejillones también pueden atrapar tierras raras

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Cuando se habla de la transición hacia energías verdes, las tierras raras son uno de los recursos que más se necesitan y que más contaminación generan durante su extracción, un problema que hasta ahora parecía no tener una solución sencilla.

De esta manera, lo que se ha descubierto es un método inesperado que podría cambiar la forma en la que se limpia el agua contaminada por la industria tecnológica y es que las conchas de ostras y mejillones también pueden atrapar tierras raras.

Un descubrimiento que transforma un residuo en solución ecológica

Un estudio científico de 2026 liderado por el Trinity College Dublin reveló que las conchas de ostras, mejillones y berberechos pueden capturar y extraer elementos de tierras raras (REE) presentes en aguas contaminadas. Este descubrimiento transforma un residuo biológico masivo en una herramienta ecológica clave para mitigar la contaminación industrial derivada de la transición hacia energías verdes.

El proceso mediante el cual las conchas de ostras y mejillones atrapan las tierras raras se basa en la química de fluidos y la cristalización, un fenómeno conocido como reemplazo mineral de interfaz de solución de disolución.

Todo comienza con la disolución del carbonato de calcio, las conchas están hechas principalmente de este mineral, generalmente en forma de aragonito o calcita, y cuando se introducen previamente trituradas en un agua contaminada con tierras raras, empieza a disolverse lentamente en el líquido.

A continuación se produce un intercambio químico inmediato, ya que a medida que el calcio se libera, los iones de las tierras raras (como el lantano, el neodimio o el disprosio) reaccionan instantáneamente con el carbonato que ha quedado libre.

Por último llega la cristalización, que forma un nuevo mineral llamado kozoita, un carbonato de tierras raras hidratado. La concha funciona como una «plantilla», y el nuevo mineral crece ocupando el espacio exacto que dejó el carbonato de calcio al disolverse, de modo que el metal contaminante queda atrapado dentro de la estructura de la concha, permitiendo retirar el agua ya limpia.

La clave del éxito de la ostra está en su porosidad, sus conchas tienen una estructura interna llena de capas separadas y canales microscópicos que permiten que el agua penetre profundamente de forma continua. Los mejillones, en cambio, tienen una estructura tan compacta que el nuevo mineral se forma solo en la superficie exterior, creando una «costra» que bloquea el paso del agua hacia el interior.

Cuál es la diferencia de eficiencia entre las conchas

La investigación, publicada en la revista científica Science of the Total Environment, determinó que no todos los bivalvos funcionan con la misma eficacia debido a sus microestructuras internas. Las ostras logran la máxima eficiencia: 1 gramo de concha llega a capturar hasta 1,5 gramos de tierras raras, sustituyendo casi todo el material original.

Los mejillones y berberechos, en cambio, tienen una eficiencia limitada, ya que la capa exterior se vuelve impermeable de inmediato, dejando intacta más de la mitad de la concha original.

Qué tipo de tierras raras se pueden capturar

El estudio del Trinity College Dublin se enfocó específicamente en la extracción de tres de los elementos más valiosos y críticos para la tecnología actual: el lantano, el neodimio y el disprosio. El neodimio es el componente principal de los imanes permanentes más potentes del mundo, indispensables en los motores de los coches eléctricos y los aerogeneradores eólicos.

El disprosio se añade a esos imanes para que no pierdan su magnetismo a altas temperaturas, y el lantano se utiliza mucho en lentes de cámaras de alta precisión, catalizadores de petróleo y baterías de vehículos híbridos.

Estos tres metales son los que más se filtran y contaminan el agua residual durante los procesos de minería y refinamiento tecnológico. Al demostrar que las conchas de ostra atrapan eficientemente tanto tierras raras ligeras como pesadas, los científicos comprobaron que este método biológico sirve para limpiar casi todo el espectro de estos componentes.

Cómo piensan recuperar esos metales de las conchas para reutilizarlos

Una vez que las conchas de ostra han absorbido las tierras raras del agua y las han convertido en cristales sólidos de kozoita, el metal queda concentrado en una fase sólida, y la estrategia de los científicos para recuperarlo se divide en tres etapas.

La primera es la extracción química, las conchas cargadas de metal se tratan con soluciones ácidas suaves para disolver la kozoita de forma controlada, liberando las tierras raras puras en un volumen de líquido muy pequeño y concentrado.

La segunda es la separación selectiva por cristalización escalonada: como los distintos elementos se incorporan a la concha a diferentes velocidades y temperaturas, alterando esas condiciones de forma controlada se puede lograr que unos metales cristalicen antes que otros, permitiendo obtener cargamentos limpios de cada metal por separado.

La tercera es la reintroducción directa en la cadena de suministro, ya que una vez separados en forma de óxidos de alta pureza, los metales quedan listos para fabricar nuevos imanes, baterías y componentes electrónicos.

En la minería tradicional, hay que remover y triturar toneladas de roca con ácidos agresivos para extraer solo unos pocos gramos de tierras raras. Con el método de las conchas, el material de partida es un desecho masivo de la industria pesquera que normalmente termina en vertederos, lo que convierte este proceso en un modelo perfecto de economía circular, se limpia el agua contaminada, se recicla un residuo biológico y se recuperan materiales críticos para la tecnología verde sin necesidad de abrir nuevas minas.