Francisco de Quevedo, escritor español, sobre la felicidad: «No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar nada más, sino aquel a quien no puede quitar nada»
La reflexión de Quevedo sobre la felicidad y el verdadero valor de una vida tranquila
Adiós a los radiadores blancos en el baño: ahora instalan esta alternativa en los pisos de nueva construcción y todo el mundo dice que quedan mejor
Morgan Freeman transformó su enorme rancho en un refugio ecológico para proteger a las abejas del peligro de extinción
La curiosa expresión que decimos a diario los españoles sin saber que procede de la tauromaquia

Cuando se piensa en la felicidad, muchos suelen situarla siempre en el futuro, ya sea porque se consigue comprar una vivienda, obtener un ascenso o una mejor economía. Sin embargo, cuando alcanzamos alguno de esos objetivos, no siempre desaparecen las preocupaciones. A veces surge otra necesidad, otra comparación o el temor a perder lo ganado. Esa sensación de estar persiguiendo continuamente algo nuevo plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de nuestro bienestar depende realmente de nosotros y cuánto dejamos en manos de circunstancias que no podemos controlar?
Aunque parezca una inquietud contemporánea, los escritores del Siglo de Oro ya reflexionaban sobre las consecuencias de vivir pendientes de la riqueza y el reconocimiento. Francisco de Quevedo, uno de los nombres esenciales de la literatura española, abordó esta cuestión desde su conocimiento de los círculos cortesanos y de las ambiciones que los rodeaban. A él se atribuye de hecho la frase, «No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar nada más, sino aquel a quien no puede quitar nada» según la cual la felicidad sería algo que relacionar a quienes no temen que les quiten nada o sin depender de conseguir cosas.
Francisco de Quevedo: «No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar nada más, sino aquel a quien no puede quitar nada»
Y no es sólo una frase en la que Quevedo habló de este concepto de felicidad. En el soneto A un amigo que retirado de la corte pasó su edad, recogido en El Parnaso español, publicado en 1648, Quevedo describe a un hombre que ha elegido permanecer lejos de las disputas por el poder. Su vivienda es modesta y sus jornadas transcurren en contacto con la naturaleza, sin la obligación de conquistar favores ni asegurar posiciones privilegiadas. El poema comienza llamándolo «dichoso», una elección significativa: su vida apartada no aparece como un fracaso, sino como una situación digna de admiración. La felicidad nace aquí de una libertad que no puede comprarse con títulos ni reconocimientos.
El mensaje se concentra especialmente en un verso: «Ni anhelas premios, ni padeces daños». Quevedo establece así una relación entre perseguir recompensas y exponerse a las decepciones que acompañan a esa búsqueda. Quien necesita una aprobación constante termina dependiendo de personas y decisiones ajenas. Eso no significa que trabajar por nuestras aspiraciones sea perjudicial, sino que convertir el reconocimiento en condición imprescindible para sentirse satisfecho puede transformar cualquier logro en una fuente adicional de inquietud. El poeta contrapone esa dependencia con la serenidad de quien no organiza toda su existencia alrededor de la mirada de los demás.
Por qué tener más cosas no garantiza una vida mejor
La reflexión resulta especialmente llamativa porque Quevedo conoció de cerca la vida política de su tiempo. En la corte del siglo XVII, las oportunidades podían depender de los vínculos con figuras influyentes y desaparecer cuando cambiaban las circunstancias. El poeta utilizó la imagen de un hombre retirado para representar una alternativa a ese ambiente competitivo. Su intención no era presentar la pobreza como una virtud automática ni negar la importancia de contar con recursos, sino cuestionar que la posición social determine por sí sola la calidad de una vida.
Hoy las formas de reconocimiento son distintas, pero la comparación sigue ocupando un lugar importante. Podemos sentir que nuestro trabajo vale menos porque otra persona gana más, o interpretar que una experiencia pierde interés si no despierta admiración en las redes sociales. Incluso después de cumplir una meta largamente deseada, resulta fácil encontrar motivos para considerarla insuficiente. Frente a esa dinámica, el pensamiento que transmite el soneto permite distinguir entre mejorar nuestras condiciones y vivir subordinados a una exigencia interminable de éxito. La diferencia está en disfrutar de lo conseguido sin necesitar una nueva recompensa para concederle valor.
El tiempo y la tranquilidad, dos riquezas que Quevedo también valoraba
Hay otro verso que ayuda a comprender la vida que el escritor elogia: «Hacen tu calendario tus cosechas». Mientras la corte organizaba sus jornadas alrededor de obligaciones, cargos y cambios de influencia, el protagonista seguía el ritmo de las estaciones. La imagen pertenece a la tradición literaria del beatus ille, que ensalza la existencia sencilla frente al ruido de las ambiciones públicas. Quevedo no invita literalmente a abandonar la ciudad y marcharse al campo; utiliza esa contraposición para preguntarse qué ocurre cuando permitimos que nuestras aspiraciones ocupen todo nuestro tiempo.
La misma valoración del retiro aparece en Desde la torre, poema en el que los libros acompañan al escritor en un espacio de lectura y reflexión. Allí, la soledad no equivale necesariamente a tristeza, pues también ofrece la posibilidad de aprender y pensar sin interrupciones. En una época que identifica con frecuencia la ocupación con la importancia personal, detenerse también puede ayudarnos a reconocer qué necesidades son propias y cuáles hemos asumido por comparación. Esa perspectiva completa la enseñanza del soneto: una vida valiosa no necesita exhibirse continuamente para tener sentido. Tener proyectos y buscar estabilidad es compatible con reservar tiempo para los afectos, el descanso y las actividades que disfrutamos. Quizá la verdadera fortuna consista, precisamente, en no poner toda nuestra felicidad sobre aquello que mañana podríamos perder.
Temas:
- Escritores
- Frases
- OKD