Naturaleza
Conservación animal

Suena cruel, pero la ciencia lo avala: usan francotiradores y cabras con GPS para salvar a las tortugas Galápagos

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Las tortugas galápagos forman parte del imaginario colectivo ligado a la teoría de la evolución y a la figura de Charles Darwin. Sin embargo, más allá de su valor simbólico, estas especies cumplen un papel clave en el funcionamiento ecológico del archipiélago. A finales del siglo XX, su continuidad comenzó a verse comprometida por una amenaza inesperada.

La expansión descontrolada de mamíferos introducidos obligó a replantear las estrategias clásicas de conservación. En ese contexto surgió un proyecto de restauración ambiental sin precedentes, que combinó tecnología, caza selectiva y un enfoque integral para frenar el deterioro del hábitat de las tortugas. A continuación, cuál fue ese polémico plan y en qué consistió.

El proyecto Isabela, un plan extremo para proteger a las tortugas galápagos

Tras décadas de impacto ambiental acumulado en las Islas Galápagos (Ecuador), las autoridades científicas y de conservación concluyeron que las medidas parciales no eran suficientes. Y es que salvar a las tortugas galápagos exigía actuar contra la causa principal del colapso ecológico. El estudio que analizó estas actuaciones fue publicado en PLOS One.

El problema tenía un origen claro: las cabras introducidas en los siglos XVI y XVII se habían multiplicado sin control. En islas como Isabela, Santiago y Pinta, llegaron a contarse por decenas de miles.

Su forma de alimentarse arrasó bosques, eliminó zonas de sombra y redujo la disponibilidad de agua, factores esenciales para la supervivencia de las tortugas gigantes, especialmente durante la estación seca.

Ante este escenario nació el ‘Proyecto Isabela’, impulsado por la Fundación Charles Darwin y la Dirección del Parque Nacional Galápagos. El objetivo era directo: erradicar cabras, cerdos y burros ferales para permitir la recuperación de los ecosistemas y frenar la desaparición de las tortugas.

Helicópteros y francotiradores, las herramientas del proyecto Isabela

Una de las decisiones más controvertidas fue el uso de caza aérea. Equipos especializados, formados en parte por profesionales de Nueva Zelanda, emplearon helicópteros para localizar y eliminar grandes grupos de cabras en zonas inaccesibles por tierra. Esta técnica permitió reducir en poco tiempo poblaciones que, de otro modo, habrían seguido creciendo.

Durante los primeros meses, la estrategia logró eliminar alrededor del 90% de las cabras en algunas islas. La rapidez fue clave para evitar que los animales se dispersaran y recolonizaran áreas ya limpiadas.

Aunque el método generó debate, los datos mostraron que la degradación del hábitat de las tortugas galápagos se frenó de forma significativa tras las primeras fases del proyecto.

El papel de las cabras ‘Judas’ con GPS

Cuando las poblaciones se redujeron, apareció un nuevo problema: las cabras supervivientes aprendieron a ocultarse y evitar los helicópteros. Para localizarlas se recurrió a una técnica basada en el comportamiento social del propio animal: las cabras ‘Judas’.

Estas hembras eran capturadas, esterilizadas y equipadas con collares GPS. Una vez liberadas, buscaban de forma natural a otros individuos. Los equipos de campo seguían su señal y localizaban los últimos focos de población. El procedimiento se repetía de forma sistemática, dejando siempre con vida a la cabra ‘Judas’ para continuar el rastreo.

En total se utilizaron cientos de estos animales, especialmente en la isla Isabela. Gracias a este método, fue posible eliminar los últimos ejemplares y consolidar la recuperación del entorno de las tortugas, algo que con métodos tradicionales habría resultado inviable.

Resultados ecológicos: ¿Qué ocurrió con las tortugas galápagos tras el proyecto?

Entre 1997 y 2006 se erradicaron más de 150.000 cabras, además de cerdos y burros ferales. Las islas afectadas fueron declaradas libres de grandes mamíferos introducidos y comenzaron a mostrar signos claros de regeneración.

Bosques y matorrales volvieron a crecer, reaparecieron especies vegetales endémicas y se recuperaron zonas clave para la alimentación y reproducción de las tortugas galápagos.

El proyecto se convirtió en un referente internacional de restauración ecológica a gran escala. Al mismo tiempo, abrió un debate de fondo sobre el papel de la intervención humana en la conservación. La supervivencia de las tortugas no dependió de la selección natural, sino de decisiones planificadas, tecnológicas y, en muchos casos, letales para otras especies.

Hoy, el ‘Proyecto Isabela’ se estudia como un modelo replicable en otros entornos insulares, donde las especies invasoras siguen siendo una de las principales amenazas para la biodiversidad.