Naturaleza
Cambio climático

Suena cruel, pero la ciencia lo avala: EE.UU. vertió 60.000 litros de lejía en el mar y 12 meses después logran neutralizar el CO2 del océano

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Verter miles de litros de un producto de limpieza en pleno océano suena, a primera vista, como el tipo de noticia que debería generar alarma, algo que, por ejemplo, sí ocurre con el vertido de líquidos residuales. Sin embargo, este caso concreto es justo lo contrario. Un grupo de científicos estadounidenses lo hizo de forma deliberada, con permiso oficial y con un objetivo muy claro.

Doce meses después, los resultados apuntan a que la idea podría ayudar a combatir uno de los problemas más graves de los océanos actuales. El experimento, que en su momento generó titulares llamativos por el uso de lejía en el mar, se ha convertido ahora en una de las pruebas de campo más comentadas dentro de la investigación sobre el cambio climático.

¿EE. UU. realmente vertió lejía en el mar?

Lo primero que hay que aclarar es que, aunque se ha popularizado la expresión «lejía» y que se haya titulado a este artículo de esa forma, lo que los investigadores del Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) vertieron realmente en el golfo de Maine no fue lejía doméstica, sino hidróxido de sodio, también conocido como sosa cáustica.

Se trata de una sustancia muy alcalina, como la lejía, pero químicamente distinta: no contiene cloro y no se usa para desinfectar, sino para neutralizar la acidez del agua de mar.

El vertido, autorizado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), fue el primero de este tipo permitido en aguas federales del país.

Los científicos liberaron más de 60.000 litros de la solución alcalina durante una dispersión controlada de aproximadamente seis horas en la cuenca de Wilkinson, dentro del golfo de Maine.

Para poder seguir con precisión cómo se movía esa mancha invisible por el agua, añadieron también un colorante fluorescente de color rosa intenso, que permitió rastrear la dispersión de la sustancia en una zona de varios miles de kilómetros cuadrados.

Alcalinización oceánica: la técnica detrás del vertido de esta lejía especial en el mar

El objetivo de fondo tiene un nombre técnico: alcalinización oceánica. La idea consiste en aumentar artificialmente la alcalinidad del agua para que absorba y retenga más dióxido de carbono en una forma química estable.

Cuando el hidróxido de sodio entra en contacto con el CO2 disuelto en el mar, ambos reaccionan y forman iones de bicarbonato, una manera de almacenar el carbono que evita que vuelva a liberarse fácilmente a la atmósfera.

Los resultados un año después del vertido

Doce meses después del vertido, los investigadores confirmaron que la alcalinidad del agua en la zona había aumentado tal y como esperaban, una señal de que el proceso químico funcionó según lo previsto.

Durante el seguimiento, tres embarcaciones y cuatro vehículos submarinos autónomos midieron de forma constante el pH del agua y la concentración de CO2, sin detectar reducciones en el fitoplancton ni en el zooplancton, ni efectos negativos visibles en otros organismos de la cadena alimentaria marina.

Este dato es importante porque una de las principales dudas sobre este tipo de técnicas era precisamente su impacto en los ecosistemas: introducir una sustancia tan alcalina en grandes cantidades podría, en teoría, dañar a especies sensibles como el plancton, la base de toda la cadena trófica del océano.

De momento, los primeros resultados no muestran ese daño, aunque los propios científicos reconocen que aún faltan datos sobre los efectos a largo plazo, el coste económico de aplicar esta técnica a gran escala y la logística necesaria para repetirla en otras zonas del planeta.

¿Cómo es la relación de los océanos y el dióxido de carbono?

Los océanos absorben alrededor de una cuarta parte del CO2 que se emite a la atmósfera, pero ese proceso tiene un precio: acidifica el agua y debilita a organismos como los corales, las ostras o el propio plancton.

Si experimentos como el del golfo de Maine confirman que la alcalinización oceánica es segura y efectiva a mayor escala, podría convertirse en una herramienta más para frenar el avance del cambio climático, aunque por ahora sigue siendo, sobre todo, una prueba de concepto cuidadosamente vigilada.