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Un investigador riojano afirma que los acolchados orgánicos incrementan la biodiversidad y frenan la degradación de los viñedos

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La salud del suelo es uno de los grandes retos de la viticultura actual, especialmente en zonas como La Rioja, donde el cambio climático y el uso intensivo de la tierra han ido reduciendo poco a poco la vida microbiana bajo las cepas. En este contexto, ganó peso una práctica que hasta hace poco se consideraba secundaria: el uso de acolchados orgánicos en el viñedo.

Durante cinco años, un equipo de investigación del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino ha seguido de cerca qué ocurre bajo tierra cuando se sustituyen el herbicida o el laboreo convencional por estos acolchados. Los resultados, recogidos en una tesis doctoral, aportan ahora datos concretos sobre cómo afecta este cambio a la biodiversidad del suelo y a su degradación.

Así son los colchados orgánicos: la alternativa que aumenta la biodiversidad y frena la degradación del viñedo

El flamante investigador responsable de este hallazgo es David Labarga Varona, del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV), centro mixto de la Universidad de La Rioja y el CSIC.

Su tesis doctoral, dirigida por la científica del CSIC Alicia Pou Mir y calificada con un sobresaliente cum laude con mención internacional, analiza cómo distintas prácticas agrícolas modifican la vida microbiana del suelo vitícola.

Según recoge la Universidad de La Rioja en su sitio web, la investigación se centró en tres tipos de acolchados orgánicos (paja, restos de poda de la propia vid y sustrato postcultivo de champiñón), comparados frente a las estrategias convencionales de herbicida y laboreo entre las cepas.

David Labarga posa con el volumen de su tesis en un laboratorio del ICVV en La Grajera. Foto: Universidad de La Rioja.

El estudio, desarrollado entre 2022 y 2024 en dos viñedos comerciales de Logroño y Aldeanueva de Ebro, analizó 246 muestras de suelo, rizosfera y mosto mediante técnicas de secuenciación genética de nueva generación.

Para resumirlo, Labarga lo explica con la siguiente conclusión principal de su trabajo: «La principal ventaja de su uso es la mejora integral del ecosistema al incrementar la biodiversidad del suelo y mitigar su degradación».

Los acolchados orgánicos tardan tres años en mostrar sus efectos

Uno de los datos más llamativos del estudio es que los cambios en la diversidad microbiana no aparecen de inmediato. Según los muestreos anuales, las diferencias significativas empiezan a notarse a partir del tercer año de aplicar el acolchado, lo que confirma que sus beneficios son acumulativos y no se pueden valorar con pruebas de corto plazo.

A su vez, el comportamiento tampoco fue idéntico en todos los casos: los hongos resultaron más sensibles que las bacterias a los cambios de manejo, y el material más eficaz varió según la localización.

En el viñedo de Logroño, los restos de poda fueron los que más impulsaron la diversidad fúngica; en Aldeanueva de Ebro, en cambio, fue la paja la que marcó la diferencia. La conclusión práctica es que no existe una fórmula fija, sino que el acolchado debe adaptarse a las condiciones concretas de cada suelo.

¿Qué es lo que gana el viñedo con más biodiversidad en el suelo?

La microbiota del suelo no es un detalle menor para la vid. Bacterias y hongos actúan como una auténtica piedra angular del cultivo. Estos regulan la nutrición de la planta, la protegen frente a enfermedades y condicionan incluso la calidad del mosto que después se convierte en vino.

Entre tanto, el estudio de Labarga detectó varios efectos concretos de los acolchados orgánicos sobre este equilibrio:

Así, estos hallazgos ofrecen, según el propio equipo investigador, una hoja de ruta para diseñar sistemas vitícolas más resilientes frente al cambio climático y menos dependientes de los productos químicos convencionales.

La investigación, financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Gobierno de La Rioja y fondos FEDER, se suma a un momento en el que buena parte del sector vitivinícola busca reducir el uso de herbicidas, tanto por normativa como por presión de los propios consumidores.

Dicho todo esto, contar con datos concretos sobre qué materiales funcionan y en qué plazos, en lugar de recomendaciones genéricas, es justamente lo que reclamaban muchos viticultores antes de dar el salto.

Otra investigación del ICVV confirma el potencial de los acolchados orgánicos

Y ojo aquí, porque el interés por los acolchados orgánicos no se limita a esta tesis. Otro trabajo reciente del mismo instituto, firmado por Andreu Mairata Pons, analizó durante cuatro años cómo estos materiales (sobre todo la paja y el compost) mejoran la disponibilidad de agua y nutrientes en el suelo, además de actuar como barrera física frente a las malas hierbas.

Esa segunda tesis concluye que los acolchados orgánicos favorecen el desarrollo fisiológico de la vid, aumentando su crecimiento y su rendimiento sin comprometer la calidad de la uva ni del vino.

Podemos apreciar entonces que entre ambos trabajos queda un mensaje compartido para el sector: la elección del acolchado no es indiferente y conviene analizar cada suelo antes de decidir si conviene más la paja, los restos de poda o el sustrato de champiñón.

Así, entre las filas de cepas cubiertas de paja o restos de poda, el suelo de La Rioja parece haber encontrado, después de todo, una manera de defenderse por sí mismo del paso del tiempo.