Naturaleza
Botánica

Se confirman los peores rumores para los botánicos: un rarísimo árbol australiano ha perdido el 98% de su población y ya está al borde de la extinción

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Los botánicos llevan tiempo vigilando de cerca a un árbol australiano que crece únicamente en un rincón muy concreto del país, bien, pero bien lejos de cualquier gran ciudad. Se trata de una especie de acacia de flores doradas y hojas finas, casi como hilos, que en el pasado fue mucho más abundante de lo que es hoy.

Ahora, un nuevo estudio genético acaba de poner cifras exactas a ese declive, y las conclusiones han corrido como la pólvora entre la comunidad científica. Lo que durante años fue una sospecha basada en la escasez de avistamientos se ha confirmado ahora con datos extraídos directamente del ADN de las plantas que sobreviven.

El árbol australiano que ha perdido el 98% de su población: así es la spidery wattle

El árbol en cuestión es la spidery wattle (Acacia araneosa en su nombre científico), un pariente cercano de la acacia dorada, el emblema floral de Australia, con la que comparte sus llamativas flores amarillas.

Es, en términos botánicos estrictos, más un arbusto que un árbol, aunque su porte leñoso hace que a menudo se la describa como tal. Solo crece en dos puntos del Arkaroola Wilderness Sanctuary y el Vulkathunha-Gammon Ranges National Park, en el interior de Australia Meridional.

El hallazgo forma parte de un estudio publicado en la revista Ecology and Evolution, firmado por Brittany Hogben, Andrew Lowe, Colette Blyth y James B. Dorey, investigadores de las universidades de Adelaida y Wollongong.

Desde que en 1836 comenzaron los primeros asentamientos ganaderos en la zona, la población de este árbol australiano se ha desplomado en torno a un 98%. A mediados de los años 90 todavía quedaban unas 1.000 plantas en total; hoy los investigadores solo localizan dos poblaciones pequeñas y genéticamente distintas entre sí.

Un declive que empezó hace más de 3.000 años, mucho antes de la colonización

El análisis genético reveló algo que sorprendió incluso a los propios autores del estudio: el declive de este árbol australiano no empezó con la llegada de los colonos europeos, sino mucho antes.

Hace unos 3.300 años, un proceso de aridificación progresiva del clima australiano ya había comenzado a reducir sus poblaciones de forma constante.

Para reconstruir esa historia, los investigadores calcularon el tamaño poblacional efectivo de la especie (una medida genética que estima cuántos individuos han contribuido realmente a la reproducción de generación en generación) y descubrieron que ha caído de unos 49.000 a poco más de 50 en ese periodo.

Es, entonces, una de las caídas más pronunciadas jamás documentadas en una planta australiana.

Sequía, ganado y endogamia: las amenazas que empujan a este árbol australiano al borde de la extinción

El cambio en el clima de la región es una de las principales causas de esta situación. En este sentido, los periodos de sequía se han vuelto más largos e impredecibles, y las plántulas de esta especie son especialmente vulnerables a la falta de agua en sus primeros meses de vida.

A eso se suma la llegada de ganado y animales introducidos (ovejas, cabras y conejos) desde el siglo XIX, que se alimentan de los brotes jóvenes antes de que lleguen a desarrollarse.

El aislamiento de las dos poblaciones supervivientes añade un problema adicional: la pérdida de diversidad genética, que hace a la especie más vulnerable frente a enfermedades y cambios bruscos del entorno.

Los investigadores han comprobado además que esta acacia puede cruzarse en estado silvestre con la silver wattle, una especie emparentada, lo que podría diluir todavía más sus rasgos genéticos únicos si no se controla.

Vallas, semillas y una petición urgente de los científicos

Frente a este panorama, los equipos de conservación ya han instalado vallas de exclusión alrededor de las poblaciones existentes para impedir que el ganado y los herbívoros silvestres sigan devorando las plántulas antes de que crezcan. También se han puesto en marcha plantaciones de restauración con nuevos ejemplares cultivados en vivero.

Como red de seguridad adicional, cerca de 2.000 semillas de esta especie ya se conservan en bancos genéticos de Australia Meridional y del Reino Unido.

Los autores del estudio piden ahora algo muy concreto: que la spidery wattle pase a catalogarse oficialmente como «en peligro crítico» e ingrese en la Lista Roja de la UICN, el único paso que, aseguran, podría garantizarle la financiación necesaria para no desaparecer del todo.