Los biólogos, en shock: los humanos compartimos algo insólito con aves y reptiles desde hace 300 millones de años
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La investigación sobre el sueño acaba de dar un giro inesperado. Un descubrimiento demuestra que cuando los humanos entramos en las fases más profundas del descanso, nuestro organismo activa un patrón biológico que no es exclusivo de nuestra especie ni de los mamíferos.
Ese mismo mecanismo está presente en aves y reptiles y tiene un origen evolutivo que se remonta a hace unos 300 millones de años.
Un ritmo del sueño compartido por humanos, aves y reptiles desde hace 300 millones de años
El estudio, publicado en la revista Nature Neuroscience, identifica la existencia de un ritmo ultralento y global que aparece durante el sueño profundo. Este patrón se ha observado tanto en humanos como en varias especies de reptiles, entre ellas gecos y dragones barbudos, y en aves como el periquito.
Lo relevante no es solo su presencia, sino su similitud entre especies con cerebros muy distintos. Según los autores, encabezados por el neurobiólogo Paul-Antoine Libourel, esta coincidencia indica que el mecanismo ya existía en los primeros amniotas del periodo Carbonífero.
Desde entonces, se habría conservado como una pieza central de la arquitectura del sueño, atravesando extinciones masivas y grandes transformaciones evolutivas.
El estudio del CNRS que revela el origen evolutivo del sueño profundo
Para demostrar que este ritmo no era una coincidencia, el equipo del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) diseñó un protocolo experimental especialmente amplio. No se limitaron a registrar la actividad eléctrica del cerebro, sino que analizaron de forma simultánea numerosas variables fisiológicas.
Entre ellas se incluyeron la respiración, el ritmo cardiaco, la actividad muscular y los movimientos oculares. Además, utilizaron imágenes funcionales por ultrasonidos, una técnica avanzada que permite observar cómo varía el flujo sanguíneo en el cerebro durante el sueño.
El análisis conjunto de estos datos mostró que todas estas funciones se sincronizan siguiendo un pulso lento y regular, lo que apunta a un control centralizado y muy antiguo del estado de reposo.
Para qué sirve este ritmo ancestral del sueño en el cerebro humano
En los seres humanos y otros mamíferos, este ritmo ultralento se asocia a procesos clave de mantenimiento neuronal. Entre ellos destacan la consolidación de la memoria y la eliminación de residuos metabólicos mediante el sistema glinfático, un mecanismo fundamental para preservar la salud neuronal.
En el caso de reptiles y aves, cuya organización cerebral es diferente, los investigadores consideran que la función principal podría ser otra.
La hipótesis más sólida es que este patrón permite reducir el consumo energético al mínimo mientras se mantiene una coordinación básica de las funciones vitales, lo que incrementa las probabilidades de supervivencia durante el descanso.
Éste es la posible diferencia evolutiva del sueño entre animales y humanos
El trabajo también arroja luz sobre uno de los debates clásicos de la biología del sueño: la existencia del sueño REM en reptiles. Tras analizar de forma detallada los marcadores musculares y oculares, los científicos no encontraron evidencias claras de una fase comparable al sueño paradójico humano.
Este resultado sugiere que, aunque el sueño profundo y su ritmo ultralento son un rasgo compartido y extremadamente antiguo, la capacidad de soñar como lo hacemos los humanos podría ser una innovación evolutiva posterior.
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