Naturaleza
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En 1960 pensaron que era una buena idea plantarlo por toda España para abastecer a la industria papelera: hoy es una especie que preocupa por su impacto sobre el agua

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante décadas, el eucalipto se plantó en diferentes zonas de España para abastecer a la industria papelera. Sin embargo, ha terminado convirtiéndose en una especie exótica con potencial invasor, debido a su facilidad para extenderse y ocupar nuevos espacios. Uno de los problemas que más preocupan a los expertos es la formación de masas vegetales muy densas, capaces de desplazar a las especies autóctonas.

Al alterar la composición de los bosques y de las zonas próximas a los ríos, también modifica el hábitat de numerosos animales, entre ellos insectos y aves, que dependen de unas determinadas condiciones y recursos para sobrevivir. En el caso de las aves, muchas especies insectívoras dependen de estos invertebrados para alimentarse y, especialmente durante la época de reproducción, para alimentar a sus crías.

La expansión de eucaliptos en España

Un amplio estudio internacional publicado recientemente en la revista Nature Plants, liderado por la Universidad China East China Normal University y en el que han participado el CREAF y el Instituto Botánico de Barcelona (IBB), centro mixto del CSIC y el CMCNB, muestra que los bosques se están homogeneizando con especies de crecimiento rápido. En España, los bosques autóctonos se caracterizan por albergar distintas especies de árboles y arbustos, además de insectos, hongos y espacios de nidificación que han evolucionado conjuntamente durante siglos. Las plantaciones de eucaliptos, en cambio, destacan por su carácter de «monocultivo», con menos fuentes de alimento para la fauna silvestre.

«Esta dinámica tiene consecuencias graves, puesto que incrementa el riesgo de incendios forestales, disminuye la biodiversidad y compromete la capacidad de nuestros bosques para almacenar carbono a largo plazo, un factor clave en la lucha contra el cambio climático», destaca Josep Peñuelas, investigador del CSIC en el CREAF y coautor del estudio.

Por otro lado, una investigación realizada por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) concluye que muchas de estas plantaciones pueden funcionar como auténticos «desiertos verdes». Publicado en en la revista Forest Ecology and Management, el estudio analizó 240 áreas situadas en el entorno del Parque Natural Fragas do Eume, en Galicia, uno de los últimos grandes bosques atlánticos conservados de la Península Ibérica.

La principal conclusión del estudio es que, cuanto mayor es la presencia de eucaliptos en una zona, menor la diversidad de aves que viven en ella. Además, las aves insectívoras y aquellas que utilizan cavidades de los árboles para anidar se encuentran entre las más perjudicadas, como el pico picapinos y el carbonero garrapinos. A esto se suma la capacidad del eucalipto para liberar determinadas sustancias al suelo mediante un proceso conocido como alelopatía, que puede dificultar el crecimiento de algunas plantas autóctonas bajo su copa.

Sin embargo, a pesar de las consecuencias, las plantaciones de eucalipto se han expandido por el norte de España desde hace casi un siglo. Actualmente, ocupan alrededor del 30% de la superficie forestal del noroeste peninsular y su extensión se ha multiplicado por 4,6 en los últimos 50 años, llegando incluso a zonas protegidas incluidas en la Red Natura 2000. Los expertos también recuerdan su importante peso económico, especialmente en Galicia, donde el sector forestal y maderero genera alrededor de 2.500 millones de euros al año y proporciona empleo a más de 19.000 personas.

Los investigadores matizan que el objetivo no es eliminar el eucalipto, sino buscar un equilibrio entre su aprovechamiento forestal y la conservación de la biodiversidad. Entre las medidas que plantean se encuentra mantener franjas de vegetación autóctona sin desbrozar dentro de las plantaciones y facilitar la recuperación del sotobosque.

Gestión de los ecosistemas

En el estudio, el equipo ha elaborado diferentes modelos para prever cómo podrían evolucionar las poblaciones de árboles y qué especies tienen más posibilidades de expandirse o desaparecer en distintos escenarios futuros. Las proyecciones apuntan a que las especies de crecimiento rápido podrían ganar todavía más protagonismo durante las próximas décadas.

Ante esta perspectiva, los investigadores plantean la necesidad de controlar la expansión de especies exóticas con potencial invasor y, al mismo tiempo, reforzar la protección de los árboles autóctonos de crecimiento lento y de aquellas especies que se encuentran amenazadas.

Además, los investigadores señalan que la homogeneización de los bosques tendrá un impacto considerable en las regiones tropicales y subtropicales, donde se prevé que aumente el riesgo para determinadas especies que desempeñan un papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas.

«Hablamos de especies altamente únicas, especialmente concentradas en regiones tropicales y subtropicales, donde la biodiversidad es alta y los ecosistemas están estrechamente interconectados. Cuando las especies autóctonas especializadas desaparecen, dejan vacíos en los ecosistemas que las especies invasoras raramente consiguen llenar, incluso si son de crecimiento rápido y de alta dispersión», afirma Jens-Christian Svenning, profesor y director del Centro de Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (ECONOVO) de la Fundación Nacional Danesa de Investigación, en el Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus, y uno de los principales autores del estudio.