Messi quiere ser Dios: el último reto del discípulo de Maradona ante Inglaterra
Messi vuelve a citarse con la historia en unas semifinales contra Inglaterra, frente a la que Maradona ascendió al Olimpo en el 86
El astro argentino busca citarse con España en la final del próximo 19 de julio
La FIFA coloca en el Inglaterra – Argentina a un árbitro de la MLS con el que Messi siempre ha ganado

Lionel Messi tiene una nueva cita con la historia. Otra más. La enésima. Y, esta vez, es decisiva. En su último Mundial, el rosarino tiene todo en su mano para equipararse o incluso superar a Diego Armando Maradona. La sombra del legendario 10 es muy extensa, sobre todo en un duelo ante Inglaterra, puesto que hace 40 años, en los cuartos de final de México 86, fue cuando ascendió al Olimpo proclamándose Dios del fútbol. Aunque si hay algo que ha demostrado su discípulo es que nada escapa de su alcance. A sus 39 años, no para de romper récords y ahora quiere conducir a su selección a la segunda final consecutiva.
Quizás estas semifinales sean el último escalón que le quede a Messi para poder superar al Diego. Después de alcanzar la gloria hace tres años y medio en Qatar, el delantero tiene a su alcance la segunda final consecutiva. Tras coronarse en Doha y alcanzar ese Mundial que se le resistía, puede ahora conseguir, como poco, meterse en esa final que le pueda dar el segundo consecutivo.
Para acceder a ese encuentro, en el que ya espera España, deberán imponerse a Inglaterra. La rivalidad entre ambas selecciones va más allá de lo deportivo. Mucho más. Hace cuatro décadas, en cuartos de final, se medían en un contexto muy tenso, con la Guerra de las Malvinas de fondo. Maradona imponía su fútbol marcando los dos goles más recordados de la historia de los Mundiales: La mano de Dios y El gol del siglo.
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La tensión, por suerte, se ha rebajado entre ambos equipos, pero no deja de ser un clásico del fútbol mundial, cargado de historia y con la final como premio. Un escenario idóneo para que Leo Messi tome partido y acapare los focos. Esos que no ha dejado a un lado en este Mundial 2026, salvo en los cuartos contra Suiza. En las semifinales, volverá a ser el guía del equipo de Scaloni, que busca un segundo título Mundial consecutivo, algo que no se da desde que en 1962 lo lograse Brasil.
Un Messi incombustible
Leo Messi llega a estas semifinales convertido prácticamente en una divinidad, como lo fue en su momento Maradona. Puso la guinda a su carrera en Qatar, con la consecución del Mundial de 2022, y en este, cuando teóricamente no se esperaba nada de Argentina, ha logrado conducirla a las semifinales. Ahora, Inglaterra separa a la albiceleste de pelear por la cuádruple corona en la gran final de Nueva Jersey.
A sus 39 años, pocos esperaban el rendimiento que está ofreciendo Messi en este Mundial 2026. Desde que comenzó, con un hat-trick ante Argelia, dejó claro que llegaba a Estados Unidos a divertirse e intentar revalidar el título. Los focos no han dejado de alumbrarle y suma un total de ocho goles, marcando en todos los partidos salvo ante Suiza.
Inglaterra encumbró a Maradona
En el estadio Azteca de Ciudad de México, en 1986, el mejor jugador del mundo daba la mejor actuación vista en la historia de los Mundiales. Diego Armando Maradona ofrecía un espectáculo como el que no se ha visto contra Inglaterra en cuartos de final, en un partido que terminaría 2-1 para la albiceleste. De La mano de Dios al Gol del siglo apenas habían transcurrido unos minutos, que servirían para dejar a Argentina a un paso del título, que terminarían levantando en la final contra Alemania.
Ahora, La Pulga busca seguir ampliando sus registros, en unas semifinales que se celebrarán en Atlanta y que definirán cuál es el rival de España en la final. Ver a Argentina ya se ha convertido en ver a este jugador irrepetible. Uno se sienta frente a la televisión a esperar que aparezca, que haga algo. Y lo cierto es que en este Mundial no está defraudando. Picado consigo mismo, el que para muchos es el mejor jugador de la historia de este deporte sigue superándose partido a partido en busca de una gloria que, por si no parece suficiente, es ya infinita.