David Cebollada: cinco Mundiales, una sola obsesión llamada España
David Cebollada, presidente de Marea Roja, afronta su quinto Mundial siguiendo a España
Una historia de pasión, sacrificio, amistad y recuerdo para Manolo el del Bombo
Un Mundial para ricos
Hay personas que siguen a la selección española. Y luego está David Cebollada. El presidente de Marea Roja se prepara para vivir este verano su quinto Mundial consecutivo. Cinco citas mundialistas recorriendo miles de kilómetros, cruzando océanos, acumulando anécdotas y gastando vacaciones, tiempo y dinero por una pasión que no entiende de lógica. Porque hay cosas que no se explican. Simplemente se sienten.
«Va a ser mi quinto Mundial íntegro», cuenta con orgullo. Y recalca lo de íntegro. Porque no habla de viajar unos días para ver un partido y regresar a casa. Habla de vivir un Mundial entero, desde el primer día hasta el último. De hacerlo formando parte de una familia que se ha convertido en referencia para los aficionados de la selección española.
Todo comenzó en Sudáfrica 2010. España acababa de conquistar la Eurocopa y David tomó una decisión que cambiaría su vida. «Me dije que me tenía que marchar. El que quisiera venir que viniera». Compró un billete de avión y se presentó en Sudáfrica prácticamente a la aventura, sin entradas y sin demasiadas certezas. Regresó un mes después habiendo visto a España conquistar su primera estrella.
Ahora la historia vuelve a repetirse. Estados Unidos, México y Canadá serán el escenario de un nuevo sueño. David ya tiene su viaje preparado, los hoteles reservados y hasta el vuelo de regreso comprado para el 20 de julio. Porque en su cabeza sólo existe una posibilidad. «Lo vamos a ganar. Tengo todo el convencimiento», afirma.
Marea Roja, una familia repartida por el mundo
Hablar de David es hablar de Marea Roja. Lo que comenzó siendo un pequeño grupo de aficionados se ha convertido en una auténtica familia repartida por toda España e incluso fuera de nuestras fronteras. «Marea Roja fue una siembra de 40 o 50 personas. Ahora estamos en torno a las mil», explica.
La organización es casi militar. Grupos de WhatsApp, desplazamientos coordinados, comidas antes de los partidos y miles de kilómetros acumulados siguiendo a España. Todo ello de forma altruista. «Los organizadores no cobramos absolutamente nada», recuerda.
Su objetivo es sencillo: que cada vez haya más españoles en las gradas acompañando a la selección. Porque si hay algo que le duele es comprobar cómo otras aficiones consiguen movilizar más aficionados que España.
El primer Mundial sin Manolo
Pero este Mundial será diferente. Será el primero sin Manolo el del Bombo. La emoción aparece inmediatamente en su voz cuando habla de quien fue mucho más que un animador. Fue un amigo. «Era una persona muy grande», dice antes de detenerse unos segundos.
David compartió con él infinidad de viajes, partidos y vivencias. También tuvo el honor de despedirle. «Tuve el honor de tocar el último bombo en su entierro y decir unas palabras», recuerda emocionado.
Desde que falleció, Marea Roja despliega una pancarta en cada partido para mantener vivo su recuerdo. Y en Estados Unidos volverá a hacerlo. «Yo sé que va a estar ahí, a nuestro lado. No físicamente, pero nos va a acompañar».
Una pasión que no entiende de razones
Hay quien llama loco a David por gastarse miles de euros para seguir a España por todo el mundo. Él sonríe cuando escucha esa palabra. «Sólo quien comparte mi pasión comprende mi locura».
Para él, la vida consiste precisamente en eso. En perseguir aquello que te hace feliz. «Si yo estoy loco por hacer esto, bendita locura», asegura. Porque para David el fútbol no son únicamente noventa minutos. Es amistad, es aventura, es sentimiento y es memoria. Es el gol de Iniesta en Johannesburgo. Es la Eurocopa. Es cada kilómetro recorrido detrás de una bandera.
España por encima de todo
Y si hay algo que resume a David Cebollada es su forma de entender España. «Cuando canto ‘yo soy español’ es porque estoy muy satisfecho y muy contento de haber nacido en este maravilloso país». No habla de política. Habla de sentimiento. De pertenencia. De orgullo.
Por eso viajará una vez más miles de kilómetros para estar junto a la Selección. Por eso volverá a dejarse la voz en las gradas. Y por eso seguirá creyendo hasta el final. Porque mientras haya una camiseta roja sobre el césped, David Cebollada estará allí. Como ha estado siempre. Y como estará este verano en Estados Unidos persiguiendo, una vez más, el sueño de una segunda estrella.
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