Mascotas
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Los investigadores lanzan un mensaje importante para los padres de adolescentes que tengan perros en casa

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Un trabajo liderado por investigadores japoneses ha analizado cómo la presencia de un perro puede influir en el desarrollo emocional de los adolescentes.

El estudio, publicado en la prestigiosa revista iScience y difundido por la Agencia SINC, estuvo dirigido por Takefumi Kikusui, de la Universidad de Azabu en Japón, y evaluó a 345 jóvenes participantes en su entorno familiar.

Los datos muestran una relación consistente entre convivir con un can y presentar mayores niveles de sociabilidad, además de una capacidad empática más desarrollada. Los adolescentes que crecen con perros tienden a relacionarse mejor con su entorno y a experimentar una menor sensación de aislamiento social.

Aunque los investigadores evitan hablar de causalidad directa, sí señalan que la asociación se mantiene incluso al tener en cuenta otros factores familiares y sociales.

Por qué tener un perro beneficia la salud mental de los adolescentes

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que los efectos positivos se concentran especialmente en torno a los 13 años. Esta etapa coincide con importantes cambios hormonales y cerebrales, y suele ir acompañada de un aumento del estrés, la ansiedad y la percepción de soledad.

Según los datos recogidos por los investigadores, los adolescentes que conviven con perros presentan indicadores más favorables de bienestar psicológico en este periodo crítico.

La interacción diaria con el animal parece actuar como un ‘amortiguador emocional’ que ayuda a afrontar mejor las exigencias sociales y personales propias de la adolescencia temprana.

La relación entre perros, microbiota y el comportamiento social de los adolescentes

La investigación exploró un mecanismo biológico menos evidente: la microbiota. El equipo detectó diferencias en la composición de las bacterias orales entre los adolescentes con perro y aquellos que no convivían con mascotas, lo que supuso la oportunidad a analizar su impacto en el eje intestino-cerebro.

Para comprobar esta hipótesis, los científicos realizaron experimentos con ratones de laboratorio a los que se les transfirió la microbiota de los jóvenes participantes.

Los animales que recibieron microorganismos procedentes de adolescentes con perro mostraron comportamientos más prosociales, como una mayor interacción con otros ratones y conductas de ayuda.

Según explicó Kikusui, estos resultados sugieren que la convivencia con perros puede influir en la biología del comportamiento social.

Convivir con un perro: un factor de protección emocional para los jóvenes

Los autores insisten en que tener un perro no es una solución única ni sustituye a otros elementos clave del bienestar adolescente, como el apoyo familiar, el entorno educativo o las relaciones sociales.

No obstante, sí puede funcionar como un factor de protección adicional que fomenta rutinas, responsabilidad y una mayor sensación de seguridad emocional.

Este vínculo entre humanos y perros, fruto de miles de años de coevolución, seguirá siendo objeto de estudio. El equipo japonés ya plantea ampliar la investigación a otros grupos de edad y a distintas especies animales.

Por ahora, la evidencia científica deja un mensaje claro para las familias: esta mascota puede ser una gran aliada en la salud mental de los adolescentes. Y tú, ¿tienes algún animal de compañía?