Investigación
Los papeles secretos de Amedo (5)

La Ertzaintza espió un ‘piso franco’ de Amedo en Bilbao para contactar con los mercenarios de los GAL

Uno de los documentos que José Amedo portaba en su maletín facilitó a la Ertzaintza la localización de un piso franco que el subcomisario había alquilado en Bilbao con fondos reservados para contactar de manera segura con sus confidentes y mercenarios de los GAL. Durante años la Policía vasca espió la vivienda y pinchó el teléfono de contacto con el sur de Francia, según las confesiones de Amedo a las que ha tenido acceso OKDIARIO.

La vivienda bilbaína, arrendada con una identidad falsa, disponía de un teléfono conectado a un contestador y una grabadora en la que los colaboradores franceses del policía dejaban los mensajes para establecer futuros encuentros, informar de operaciones en curso o alertar de los movimientos de los dirigentes de ETA que estaban sometidos a vigilancia.

Los agentes de la policía autonómica jamás podían imaginarse que, entre los papeles fotocopiados del maletín de Amedo tras el accidente de circulación, un número de teléfono anotado a mano en un folio iba a convertirse en una pieza de gran valía para conocer los movimientos de los GAL.

A partir de ese dato, a los ertzainas del grupo Ekintza (acción) sólo les quedaba rastrear el emplazamiento del piso franco e instalar dispositivos camuflados de grabación. Tras la ejecución de un CIR (Control Integral de Relaciones) -como calificaban los servicios secretos del CESID a ese tipo de operaciones- la policía autónoma tenía acceso a todo lo que entrara o saliera por la línea telefónica de la que Amedo se fiaba plenamente.

En piso ubicado en la calle Doctor Areilza, en una zona céntrica de la ciudad, cuya existencia y ubicación sólo la conocían hasta el accidente José Amedo y su ayudante Michel Domínguez, servía también de lugar de encuentro en casos excepcionales cuando los informadores de red del subcomisario pasaban por Bilbao.

Las memorias de Amedo y el piso franco

En las memorias de José Amedo en poder de OKDIARIO el reclutador de los GAL dedica un apartado al piso franco de Bilbao y al operativo de la Ertzaintza. “Poco antes de que comenzasen las acciones de los GAL contra ETA en el sur de Francia, alquilamos un piso con identidad falsa en el centro de Bilbao, con el único fin de instalar un teléfono con contestador y grabadora para recibir llamadas de todos los contactos que tenía en la zona vascofrancesa y no tener que facilitarles el número de mi despacho en la Jefatura Superior de Policía”.

Amedo reconoce la existencia del piso franco que, en su día, el juez Baltasar Garzón intentó investigar en uno de los sumarios sobre los GAL que instruía en la Audiencia Nacional. Y admite que el número de teléfono lo llevaba anotado en uno de los papeles que guardaba en el maletín durante el accidente de circulación en la autopista de Bilbao a San Sebastián.

“El caso es que la dirección y el número de teléfono de aquella vivienda la llevaba anotada en uno de los documentos que portaba en el maletín cuando nos accidentamos en la autovía y nos asistió la Ertzaintza. Ante la duda de que los agentes vascos hubiesen fotocopiado aquellos papeles, puesto que nunca fue descartada aquella posibilidad y además una de las múltiples veces que acudíamos a comprobar las llamadas, la posición del teléfono nos despertó sospechas ante una posible entrada en la vivienda”.

Los sellos de los GAL elaborados por el CESID

Pero Amedo tampoco descarta en sus confesiones que los agentes del grupo Ekintza, los pata negra de la Ertzaintza, interceptaran la línea telefónica.

“Aunque no había nada comprometido en el contestador, puesto que se borraban los mensajes varias veces en corto espacio de tiempo, también cabía la posibilidad de que pinchasen el teléfono y grabasen los audios, nos cambiamos de piso”.

Ante las dudas de si podían estar sometidos a vigilancia por la Ertzaintza, los policías de Bilbao optaron por cambiar de domicilio. Alquilaron otra vivienda en las mismas condiciones -documentación falsa y pago en metálico con fondo reservados- en la Avenida del Ferrocarril.

José Amedo aumentó sus sospechas sobre los seguimientos de la Ertzaintza cuando se enteró de que su responsable de información, Genaro García de Andoain, lo llamaba con demasiada frecuencia a la Jefatura Superior de Policía mientras él se encontraba fuera de España. Además, tras los primeros atentados de los GAL, el jefe de la Ertzaintza comenzó a hacerle preguntas muy comprometidas.

Genaro García de Andoain, uno de los fundadores de la Ertzaintza.

“Genaro era un hombre, inteligente, meticuloso y muy preparado para su trabajo. Coincidió en varias ocasiones que al llamarme no estaba en mi despacho y le decía a uno de mis subordinados que me había llamado Genaro. Por aquella época, después de comenzar las operaciones de los GAL la mayor parte del tiempo la pasaba en San Sebastián, Irún o la zona vascofrancesa. Cuando regresaba a Bilbao y le devolvía alguna de las llamadas no dejaba de decirme de forma retórica y un tanto sibilina que le daba la impresión de que estaba muy ocupado porque paraba poco por el despacho, y yo le respondía que la información de nivel no se conseguía sentado en una mesa, pero siempre dejaba su coletilla, supongo que a tus subordinados los tendrás bien orientados. Daba la impresión de que siempre quería dejarme un mensaje”, escribe Amedo en sus memorias.