Investigación
EXCLUSIVA

De «la azotaría hasta que sangrase» a teledirigir a Irene Montero: todos los chats de Podemos que publicó OKDIARIO

El origen de todo: los chats de Podemos que OKDIARIO publicó en julio de 2016 y que desataron el escándalo

Los chats de Iglesias: del «azotaría a Mariló Montero hasta que sangrase» a «soy un macho alfa”

Para entender por qué el entorno de Pablo Iglesias habría podido manipular las pruebas y dirigirlas estratégicamente hacia Inda, es necesario remontarse al origen de la crisis. El 22 de julio de 2016, OKDIARIO publicó en exclusiva un chat interno de los dirigentes de Podemos que provocó un auténtico terremoto político. En esas conversaciones de Telegram, Pablo Iglesias dejaba al descubierto el reverso de su feminismo militante: «La azotaría hasta que sangrase», escribía sobre la periodista y presentadora de televisión Mariló Montero.

En el mismo intercambio de mensajes, Iglesias se sinceraba con Juan Carlos Monedero en términos que difícilmente podían haber resultado más dañinos para su imagen pública: «No me gustan los niños, ni la familia, ni pasear por el parque, ni vestir bien, ni que me paren las viejas ni que franquistas asquerosos me digan ole tus cojones. Y con la política de mayorías me pasa lo mismo que con el sexo de mayorías… No me la pone dura (…) Soy un marxista algo perverso convertido en un psicópata». Toda una declaración de principios del candidato de Podemos a la Presidencia del Gobierno.

Los chats de Podemos que OKDIARIO publicó en julio de 2016 y que desataron el escándalo.

La primicia de OKDIARIO tuvo consecuencias inmediatas. Mariló Montero denunció las palabras de Iglesias ante el Instituto de la Mujer, que calificó de «totalmente inadmisible por sexista y porque incita a la violencia» la expresión utilizada por el líder de Podemos. El escándalo fue de tal magnitud que la dirección del partido necesitaba, con urgencia, una explicación que desviara la atención. Y la encontró en la teoría de la conspiración: alguien les había robado el móvil a Dina Bousselham, había accedido a esos mensajes y los había filtrado a este periódico como parte de una operación de las cloacas del Estado.

El propio Pablo Iglesias se vio obligado, finalmente, a disculparse: «Siento mucha vergüenza de haber hecho en un mensaje de Telegram privado una broma machista imperdonable», declaró, «ahí lo que uno puede hacer es pedir disculpas y decir: lo siento mucho y esto lo hice mal». Como el Rey Juan Carlos tras la cacería de Botsuana.

El «macho alfa» de Podemos

Los chats internos publicados por OKDIARIO muestran un retrato de Pablo Iglesias muy distinto al que ofrece ante las cámaras: un personaje bastante vanidoso y egocéntrico, que se define públicamente como «feminista» y en la intimidad como el «macho alfa» del partido.

Lo hizo cuando su asistente en el Parlamento europeo, Dina Bousselham, se quejó de que un miembro de la delegación de Podemos en Bruselas la estaba acosando “visualmente” y con constantes mensajes. “Le voy a romper la boca”, fue la respuesta de Pablo Iglesias en el chat de Telegram, “vais a ver lo que es un macho alfa cuando acosan a alguien de su grupo”.

Pablo Iglesias posando como un boxeador, junto a los mensajes que escribió en Telegram.

«Esta basura está hecha para hacer daño»

Los mensajes sobre Mariló Montero no fueron los únicos que este periódico sacó a la luz. Las exclusivas de OKDIARIO sobre los chats internos de Podemos conformaron un retrato coral del funcionamiento real de un partido que se presentaba ante la opinión pública como la encarnación de la nueva política.
En uno de esos intercambios, Iglesias se mostraba fuera de sí ante la publicación de una información que revelaba su intención de colocar a su entonces novia, Tania Sánchez, como candidata a la Comunidad de Madrid, y a su amigo Juan Carlos Monedero como candidato a la Alcaldía de la capital.

«Esta basura está hecha para hacer daño», escribía el líder de Podemos, que veía cómo el neotismo afectivo le pasaba factura: «El nombre manchado es el mío: Pablo presenta a su colega y a su novia…» Cuando Monedero propuso desactivar la noticia con un «tuit irónico», Iglesias le cortó en seco: «Si vas a hacer lo que te salga de los huevos no pidas permiso. Yo creo que es un error».

En otro de los chats, Iglesias revelaba con quién se identificaba en el olimpo de la política internacional: con Jimmy Carter, uno de los presidentes más mediocres de la historia de Estados Unidos. El secretario general de Podemos publicó en el grupo la página de un libro de historia en la que se describía al mandatario como alguien que prometió a sus votantes «un gobierno tan bueno, honesto, decente, veraz, correcto, competente, idealista y compasivo, y tan lleno de amor como el propio pueblo americano». Iglesias aspiraba, según dejó escrito, a ser recordado como el «Jimmy Carter español».

“Manda cojones que me llamen el Chávez español… cuando soy el Carter español”.

El líder de Podemos se sintió identificado con esta concatenación de adjetivos virtuosos. “Manda cojones que me llamen el Chávez español… cuando soy el Carter español”, comentó con sorna en el grupor de Telegram. La mujer de Pablo Echenique, Maríale Nelo Bazán, también estaba presente en el chat interno de Podemos. En una conversación registrada en 2014, lanzó varias propuestas para promocionar la labor de los cinco eurodiputados del partido.

“Yo tengo pendiente otro viaje que estamos gestionando”, terció en el chat la eurodiputada Tania González. “Quizá lo Podemos mover desde Bruselas (BRU) y así potenciarlo”, comentó al respecto la mujer de Echenique, para añadir a continuación: “Ah, yo puedo pedir pasta a Venezuela que tiene mucha”.

Pero quizás el chat más revelador sobre el modo en que Iglesias gestionaba el partido y las personas de su entorno fue aquel en el que se le veía teledirigiendo a Irene Montero en tiempo real mientras esta era entrevistada en La Sexta Noche.

A través del chat, el secretario general le iba dando instrucciones al minuto: «No entres al cuerpo a cuerpo. Llevas las intervenciones bien. Cada vez que intervengas metes gol. Zas zas zas… Sonríe. Le ha cambiado la cara. Calma ahora. Primera perfecta y un hostión. Sonríe y espera. Estoy gozando…» Nadie podía imaginar entonces que la dirigente a la que Iglesias manejaba como una marioneta se convertiría dos años después en su pareja y, con el tiempo, en la líder consorte de Podemos.