Hace más de 2.000 años el campo magnético de la Tierra se hundió, ahora el asa de una ánfora de vino acaba de revelar la verdad
Un estudio arqueomagnético realizado con ánforas halladas en Jerusalén revela que el campo magnético terrestre perdió más del 30 % de su intensidad en apenas medio siglo
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Un simple asa de una antigua ánfora de vino ha permitido a los científicos reconstruir uno de los episodios más sorprendentes de la historia de la Tierra. Un equipo internacional de investigadores ha descubierto que, hace más de 2.200 años, el campo magnético terrestre sufrió un debilitamiento mucho más rápido e intenso de lo que indicaban los modelos científicos. La clave no estaba en un instrumento astronómico ni en un fósil excepcional, sino en unas ánforas fabricadas en la isla griega de Rodas que, gracias a sus inscripciones, han proporcionado una datación de una precisión sin precedentes.
Un registro oculto en la cerámica
El hallazgo se basa en el análisis de 24 piezas cerámicas recuperadas en varios yacimientos de Jerusalén, entre ellos la Ciudad de David, el Barrio Judío y el aparcamiento Givati. Los investigadores estudiaron 17 asas de ánforas procedentes de Rodas y siete vasijas locales mediante técnicas de arqueomagnetismo, una disciplina que permite reconstruir el estado del campo magnético terrestre a partir de materiales cocidos.
Cuando la arcilla se cuece a altas temperaturas, los minerales ricos en hierro que contiene quedan orientados según la dirección e intensidad del campo magnético existente en ese momento. Esa firma magnética permanece inalterable durante siglos, convirtiendo cada pieza en un auténtico archivo geológico del pasado. Gracias a ello, los científicos pudieron medir con gran exactitud cómo evolucionó el magnetismo terrestre durante el período helenístico.
Un hundimiento inesperado
Los resultados muestran que entre los años 206 y 156-155 a.C. la intensidad del campo magnético disminuyó más de un 30 %, un descenso mucho más brusco de lo que preveían los modelos geofísicos actuales. Este descubrimiento ayudará a comprender mejor el funcionamiento del núcleo externo de la Tierra, donde se genera el campo magnético que protege al planeta de las partículas cargadas procedentes del Sol y de la radiación cósmica.
El estudio también demuestra que las variaciones del campo magnético pueden producirse de forma mucho más rápida de lo que se pensaba, una información de gran valor para los especialistas que investigan la evolución geológica del planeta.