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Emoción en la arqueología española: un yacimiento en Huelva resuelve el misterio de las estelas funerarias de la Edad de Hierro aparecidas por todo el sureste ibérico

Un hallazgo arqueológico en Huelva ha permitido arrojar luz sobre el significado de las estelas funerarias de la Edad del Hierro, unas piezas decoradas cuya función llevaba décadas generando debate entre los investigadores.

El estudio de Las Capellanías, en Cañaveral de León, ha aportado nuevas pruebas sobre el papel de estas piezas durante la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. La investigación, publicada en la revista Antiquity por un equipo internacional liderado por la Universidad de Sevilla, analiza las estelas, las tumbas y los objetos recuperados en este enclave.

Los secretos detrás de las estelas de Huelva

Las excavaciones realizadas en Las Capellanías han permitido relacionar directamente tres estelas decoradas con estructuras funerarias. Dos son del tipo conocido como «guerrero» y otra pertenece al grupo de las llamadas estelas «diademadas».

El descubrimiento resulta especialmente relevante porque las tres aparecieron asociadas a enterramientos y, al mismo tiempo, al trazado de un antiguo camino. La estela número 1 estaba bajo la vía, la número 2 se encontraba en su borde y la número 3 apareció a unos seis metros al sur.

La investigación apunta así a una función más amplia de estas piedras. No solo podían señalar un enterramiento concreto, sino que también servían como referencias visibles dentro del paisaje y junto a rutas utilizadas por las comunidades de la época.

El yacimiento fue localizado después de que una estela apareciera casualmente junto a una carretera en 2018. Las prospecciones y excavaciones desarrolladas entre 2019 y 2023 permitieron identificar 18 estructuras funerarias, ocho de ellas excavadas completamente.

Un espacio funerario utilizado durante siglos

Las Capellanías conserva evidencias de uso funerario durante un periodo muy prolongado. Las estructuras más antiguas corresponden a cistas, tumbas rectangulares excavadas en la roca y revestidas con losas de pizarra, características del Bronce Antiguo y Medio.

Dos de ellas formaban parte de un túmulo circular de 5,82 metros de diámetro. Una apareció vacía, mientras que la otra conservaba restos cremados de un adulto, dos recipientes cerámicos y una fíbula de bronce de doble resorte.

Durante la Edad del Hierro se construyeron otros enterramientos, algunos cubiertos por grandes acumulaciones de piedras. En una de las estructuras, los investigadores encontraron un cairn de unos 609 kilogramos compuesto por cuarzo blanco, ofita verde y pizarra.

Las dataciones sitúan buena parte de esta actividad posterior entre aproximadamente el 800 y el 550 a.C., con un momento de especial intensidad alrededor del 620 a.C. El lugar fue, por tanto, reutilizado generaciones después de sus primeros enterramientos.

Objetos que revelan contactos con otras regiones

Los materiales recuperados también ayudan a reconstruir las conexiones de estas comunidades. En las tumbas aparecieron recipientes realizados a mano junto a otros fabricados a torno, además de fíbulas, objetos de bronce, cuentas de vidrio, un pendiente de plata y un cuchillo de hierro.

Especialmente significativo es el hallazgo de una urna de tipo La Cruz del Negro, relacionada con las cerámicas introducidas o imitadas a partir de la llegada de influencias fenicias. También aparecieron recipientes de tipo Chardón, habituales en contextos del Bronce Final y la Primera Edad del Hierro del suroeste peninsular.

Los restos humanos corresponden a un mínimo de 14 individuos, todos incinerados. Los análisis indican además que algunas personas pudieron tener una dieta que incluía pescado marino, pese a que el yacimiento se encontraba a más de 100 kilómetros de la costa.